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CARTAS DE LECTORES

Los hijos y el control poblacional

Señor director de NORTE:

Para muchos, los hijos constituyen una carga demasiado grande que perturba las vidas de los padres, lo que conduce a la decisión de no tener hijos. Actitud que se difunde y generaliza, cerrando toda posibilidad de pensar o dialogar acerca del tema.

Para otros, los hijos constituyen un derecho que parte del deseo de tener "el hijo propio", y se justifican prácticas como la fecundación artificial, in vitro o con las técnicas de laboratorio que "fabrican" embriones para implantarlos en vientres, ya sea de la mujer de una pareja o alquilados, lo cual conlleva la selección y eliminación de embriones, así como la crioconservación (congelamiento de embriones).

Más allá de estas prácticas opuestas, los medios asumen que lo nuevo es siempre bueno, porque se utilizan ciertas técnicas que se presentan casi como remedios mágicos a todas las frustraciones y deseos insatisfechos que generan empatía y comprensión. Por una parte, ¿cómo obligar a alguien que no lo desea a tener hijos?, lo que implicaría ir en contra de la libertad de decidir. ¿O cómo negar a alguien que desea tener hijos el poder hacerlo? En general, se apela a un relativismo ético simple: nadie puede afirmar que algo sea correcto o incorrecto, es una cuestión personal, subjetiva, pero la simplificación no anula los conflictos éticos que están presentes, aunque de distinto modo.

A su vez, las políticas de fondo y el mercado que todo lo penetra no interesan, el peso de las ideas repetidas durante décadas gana la batalla. Somos libres, se repite, aunque un análisis psicosocial mostraría que no se es tan libre como se cree, sobre todo cuando para pertenecer a un grupo se adhiere a ideas pensadas por otros, que inciden en la cultura gracias a políticas globales que tienen como objetivo simplemente el control sobre la población, ya sea como control del crecimiento poblacional o como control efectivo sobre las prácticas de los habitantes de países y el mundo. Y en este tema no se pueden dejar de mencionar cuestionables políticas de la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Por otra parte, cualquiera que invite a ver cómo las estadísticas muestran un decrecimiento poblacional, también en países despoblados como el nuestro, y las consecuencias que ha tenido la limitación de nacimientos en países como China, por ejemplo, se lo tacha de conspiracionista y con eso se lo acalla. El desierto demográfico ya empezó, pero a los ricos del mundo la noticia los alegra, ya que habrá más para ellos, mientras los pobres de amor y temerosos de contaminar el planeta o de cargar con la responsabilidad de un hijo repiten que es mejor tener mascotas que hijos. Y que se entienda bien lo que se plantea, porque nadie está obligado a tener hijos, pero en parejas que se aman y planean vivir juntos a largo plazo, la exclusión de los hijos o el reemplazo por mascotas es un dato no menor (sobre todo en sociedades desarrolladas).

¿Alguien cuestiona los gastos que implica el cuidado de una mascota? ¿O los gastos que carga la sociedad con el traslado de algunos animales a "santuarios"? ¿Por qué un lugar que alberga animales es considerado sagrado? Los animales son hoy los nuevos vulnerables a quienes se protege legal y económicamente, mientras los verdaderos vulnerables siguen siendo vulnerados en nombre del cuidado del planeta. Para algunos, con poder para hacerlo, la única forma de ayudar a los pobres es mediante la esterilización y el aborto, que son incluidos en la llamada responsabilidad parental.

Y aquí paso a las cuestiones éticas, que son, por una parte, la eliminación de embriones humanos, negándoles el derecho a la vida; y, por otra, la eliminación de niños por nacer en nombre de la libertad y el deseo, aunque otras veces, de la pobreza y la ignorancia. Mientras las carencias de gran parte de la población conllevan desesperación y angustia, y pueden ser causa de abortos porque no conocen la posibilidad de recibir una ayuda efectiva y concreta, la libertad por sí misma no justifica suprimir la vida humana, sobre todo cuando se dan las condiciones económicas y sociales. Ante la ignorancia, es necesario aportar el conocimiento y el consejo de cómo acceder a la ayuda necesaria, pero ante la libertad individualista que afirma "yo hago lo que quiero", que se niega a pensar y dialogar, nada se puede hacer. La libertad es una capacidad propia y valiosa del ser humano, pero no justifica cualquier acción, sino que es condición de nuestras elecciones, de las cuales somos responsables. 

Cambiar la mirada acerca de los hijos, entender que nada quedará de nosotros sin las generaciones futuras, y también que hijos también son los que se adoptan, no solo los de la misma genética, es parte de esa libertad responsable, que no puede reducirse a negar las posibilidades de vida y futuro a los otros mientras las defiende para sí mismo. Así como, al mismo tiempo, asumir conscientemente colaborar de modo práctico con los que apuestan por la vida.

MARÍA ELENA RADICI

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