Desinformación en la era digital
En la era de la revolución digital, la proliferación de información falsa en las redes sociales puede generar un clima de inquietud en la ciudadanía. Son cada vez más las organizaciones de la sociedad civil que, en todo el mundo, advierten sobre la creciente amenaza que este fenómeno representa para las democracias y destacan la necesidad de contar con información confiable para contrarrestarlo.
El acceso de gran parte de la población a los servicios que ofrece Internet ha permitido, es cierto, democratizar la información. Pero, al mismo tiempo, el aumento exponencial de usuarios de redes sociales se ha convertido en un campo fértil para quienes crean y difunden en forma masiva y deliberada contenidos falsos que buscan engañar a la opinión pública. Si bien estos intentos de manipulación no son un fenómeno nuevo en la historia de las sociedades, la novedad está dada por el hecho de que en la actualidad el amplio alcance de Internet ha permitido que las mentiras lleguen cada vez más rápido a un número cada vez mayor de personas.
Además, en tiempos difíciles como los actuales la gran mayoría de los ciudadanos no tiene tiempo suficiente para realizar un análisis detenido de lo que lee, escucha o ve por los múltiples canales de información disponibles (Facebook, Twitter – X, Instagram, YouTube, TikTok o WhatsApp). De esa manera, son muy pocos los que se toman el trabajo de verificar la información consultando diversas fuentes que sean confiables, antes de compartirla con otros usuarios. El problema afecta a sociedades de todo el mundo. En Finlandia, por ejemplo, las autoridades educativas comprendieron que para hacer frente a la sobreabundancia de información primero hay que aprender a distinguir lo verdadero de lo falso. Por eso, se fomenta el pensamiento crítico en las escuelas y se enseña a analizar la información en el marco de determinado contexto y a distinguir si una fuente es confiable o dudosa. Fue un paso clave para comenzar a enfrentar los desafíos que presenta la convivencia democrática en un contexto que requiere una ciudadanía más informada y con pensamiento crítico. De lo contrario, las sociedades modernas corren el riesgo de sufrir un debilitamiento de la confianza en los principios democráticos si la ciudadanía no se prepara para detectar manipulaciones que buscan alentar la polarización y la radicalización frente a determinados temas que forman parte del debate público. Cabe recordar que la polarización se basa en la reafirmación de las propias creencias que se da tras participar en un debate acerca de un tema polémico en el que se presentan evidencias e interpretaciones alternativas.
Por otra parte, hoy existen programas de inteligencia artificial con capacidad para generar videos falsos que muestran, por ejemplo, a personalidades diciendo cosas que, en realidad, nunca dijeron. Para colmo, este tipo de engaños provocan por lo general un fuerte impacto en las audiencias. Es que el video puede alcanzar un alto grado de verosimilitud y eso puede llevar a muchas personas a creer firmemente en algo que, en realidad, nunca sucedió. A modo de ejemplo, existen algunos videos de Lionel Messi hablando en inglés o del expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, diciendo cosas que nunca dijo. Los especialistas en la lucha contra la desinformación coinciden en señalar que se requiere la colaboración de empresas tecnológicas, la sociedad civil, académicos y expertos en verificación para contrarrestar las narrativas de desinformación.
El documento titulado "La difusión de datos estadísticos como bien público", publicado por el Centro de Pensamiento Estratégico Internacional, con sede en Colombia, observa que los contextos de polarización que se viven en muchos países de América Latina han hecho de las interpretaciones de los datos "un terreno de pelea política constante y de competencia de narrativas en donde diversos polos ideológicos buscan fortalecer sus posiciones. Desde ese punto de vista, las estadísticas y las cifras públicas se convirtieron en un blanco favorito, bien sea para manipularlas usándolas para afirmar lo diferente o lo contrario, o para atacarlas abiertamente".
Frente al fenómeno de la desinformación es necesario generar conciencia en la ciudadanía sobre lo dañino que puede resultar para la convivencia pacífica la difusión deliberada de información engañosa con el objetivo de influir en el debate público.










