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DE LAS PRÁCTICAS EN EL BARRIO AL CENARD, EN BUENOS AIRES

Practicó judo como pasatiempo y llegó a entrenar con atletas de la selección

La historia de una mujer con discapacidad visual que vive en Barranqueras y que encontró una motivación más para ampliar su crecimiento personal. 

Barranqueras: conocemos cómo aprenden judo en el Dojo Okasan

La experiencia que comenzó como una actividad física para complementar un plan de cuidados saludables con el tiempo se convirtió en algo mayor.

Alejandra Chávez es la primera chaqueña con discapacidad que logró entrenar con integrantes de la selección argentina de judo.

Durante cinco días Ale se sumó a un proyecto especial que invitó a otros judocas del país a ejercitarse con las exigencias de un atleta de alto rendimiento.

La mujer convive con la ceguera desde los 19 años, hoy con 43 agradece a su docente una oportunidad que espera puedan compartirla más personas.


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El profe Gustavo (centro) y alumnos que participan en instancias competitivas (foto del Instagram @okasan.dojo).

En diálogo con NORTE contó que eligió practicar judo después de la pandemia, para acompañar un necesario descenso de peso. Hace dos años empezó en un espacio o dojo cercano a su casa, en Barranqueras, donde conoció al profesor Gustavo García.

Los entrenamientos se fueron convirtiendo en una rutina inamovible dos veces a la semana para alguien que además trabaja en el Ministerio de Educación.

En octubre de este año y con treinta kilos menos el sensei le transmitió la propuesta de viajar a Buenos Aires para conocer a otros deportistas y al Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard).

Ale aceptó la invitación teniendo muy presente que le esperaba un intenso entrenamiento con jóvenes y adultos de otros puntos del país. "Conocí a gente de Tucumán, Santiago del Estero y Formosa. Mientras acá soy la única con discapacidad, allá éramos todos iguales. Y teníamos que manejarnos solos", resume. "Cuando tuve la idea de hacer algo de actividad física no imaginé que iba a llegar a esto", confesó.


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Las clases se dictan en pasaje Alem 4112 en Barranqueras. Para contactar a la escuela se puede a través de la cuenta en Instagram @okasan.dojo y en Facebook.

La escuela que elige transmitir valores

con una concepción integral y cercana

El docente y fundador de la escuela de judo Okasan valora el desarrollo que se alcanzó a lo largo de 8 años
y destaca que se pueda trabajar de manera inclusiva junto a chicos con discapacidad visual.

"Tenemos una metodología basada en valores como el respeto, la disciplina, perseverancia y tolerancia", asegura Gustavo García.

Desde su perspectiva una mirada integral abarca cuestiones cotidianas como la preocupación por lo ambiental y la necesidad de cuidar el entorno."En el judo tenemos tres pilares: espíritu, técnica y
cuerpo", dice al desarrollar la idea: tener una forma física en el mundo implica también convivir con emociones y tener una conexión espiritual. "En conjunto yen equilibro todo requiere cultivarse a diario".

Así en la escuela Okasan sostiene que se cultiva un tipo de arte de marcial eligiendo la integralidad. "Creemos que cualquier persona que practique técnicas sin esos valores no estará practicando realmente judo", define.


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Imagen tomada durante una de las prácticas diarias. Alejandra (de blanco) busca quitar el dominio de la situación a su oponente (foto gentileza de la familia Chávez).

"El aprendizaje es progresivo y

favorece la independencia personal" 

Durante una transmisión en vivo con NORTE Play mostró una clase con cerca de 60 alumnos de tres grupos los de 4 a 7 años, los de 8 a 12 años y los adolescentes y adultos. Una semana antes habían rendido exámenes y en la última semana del año estaban mostrando sus nuevas habilidades.

Gustavo es tercer dan y proviene de una familia con hermanos cultores de las artes marciales. Como padre
de niños pide a otros papás y mamás de chicos con discapacidad a animarse a darle una oportunidad a actividades recreativas y deportivas como la que él eligió para su vida.

"El judo es una disciplina formidable; el aprendizaje es progresivo, hay nuevas relaciones y más independencia personal", describe. A los chicos les abre las puertas a un nuevo mundo, "no tengan miedo de acercarse", invitó.

Mientras que Alejandra valora los puntos de partida de cada uno: tengo 43 años y en Buenos Aires me encontré entrenando con chicos con ceguera que como mucho tenían 27 años con un nivel de competencia altísimo.

"A todos les digo que se animen; el judo te ofrece una mayor seguridad en el manejo del cuerpo y a perder miedos. Agradezco a mi familia y a mi pareja que me acompañan", finalizó.

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