Otro ajuste, otro país
Javier Milei cumple hoy una semana en el poder, y pareciera que lleva meses allí. La capacidad de desgaste de la crisis acelera los tiempos y muele la paciencia.
Lo que la sociedad antes esperaba de un gobierno al cabo de cien días, ahora lo demanda en un puñado de jornadas. No es una cuestión de si es justo o de si es lógico, simplemente es así.
Contribuyeron también los anuncios del ministro de Economía, a quien Milei le encomendó la tarea de servirle a la población el primer vaso de hiel. El ajuste aplaudido en la Plaza de Mayo, el día de la asunción, comenzaba a tener rostro y cuerpo. Hasta allí, los votantes del nuevo presidente consideraban que las restricciones iban a ser una cuestión ajena o que, en el peor de los casos, tocarían a todos pero de una manera tolerable.
Ahora, ya se sabe que lo primero fue una ilusión ingenua y que lo segundo está por verse. Lo que falta es el todo. En esta semana vimos poco y nada del plan. Se podría decir que revela cuál será el perfil de la gestión, pero tampoco es así. Milei llegó avisando, en todos los tonos posibles, desde que fue candidato y desde antes, que iba a implementar un ajuste. Hasta allí nada para objetarle.
Pero falta saber cómo será, sobre quiénes exactamente recaerá, con qué proporciones y de qué irá acompañado. Esto último importa tanto o más que el resto. ¿Un ajuste porque sí, para salvar a gente que está salvada hace rato, o un ajuste para algo que nos devuelva la idea de un futuro mejor?

RESISTENCIAS
Hay, en todo este tablero, un asunto crucial, casi físico. Cualquier estructura (si ayuda imaginarla de una manera concreta, visualicen como ejemplo un puente) es tan fuerte como su punto más débil. Cualquier esfuerzo a que la sometamos la hará colapsar cuando la carga sobrepase la capacidad de resistencia de su parte más vulnerable, sin importar cuánto margen de aguante tenga el resto de la obra.
No hace falta decir que si trasladamos ese criterio de análisis a la realidad del país, el área de riesgo es lo social. Hay franjas de la población que desde hace años vienen sintiendo que el agua les llega al cuello. Gracias a las brillantes gestiones que hemos padecido, el líquido ya les roza las narices.
No se les puede pedir ahora que acepten quedar sumergidas y aguanten la respiración durante seis meses o un año, el incomprobable plazo de duración que el gobierno calcula para "lo más duro" del ajuste.
Entre todo lo que falta conocer, lo más urgente es esto: qué auxilios habrá para los que simplemente no puedan. Y tanto como esto, qué pruebas o argumentos puede mostrar la administración Milei, de que el sacrificio colectivo generará un beneficio también general y en cuánto tiempo. Sería, claro, una explicación a pura fe. En estas cosas no hay garantías por escrito. Tampoco pronósticos seguros, ni los optimistas ni los funestos.
FRÁGIL
Lo que está claro es que el contexto es descomunalmente inflamable y frágil. Y que eso no es obstáculo para que oficialismo y oposición jueguen con fuego. Pero ya ni vale la pena hacerse ilusiones. No hubo grandeza en cuarenta años, no la habrá tampoco ahora. Mientras tanto, ¿qué sucede abajo?
La consultora Aresco realizó entre el miércoles y el viernes una encuesta que abarcó a 4000 personas de distintos puntos del país, para explorar cómo ven al gobierno de Milei luego de los anuncios de Caputo. El 61 % dio diferentes grados de respaldo al presidente libertario (sumando imagen positiva y regular positiva), mientras que un 31,5 % se mostró crítico (imagen negativa más regular negativa).
Es decir, JM conserva de su lado el equivalente a todo el segmento que lo votó en el balotaje más un plus que siempre aparece en los primeros días de un nuevo mandatario. Conviene recordarlo: fue después de los anuncios de Caputo, no antes.
Se trata, de todos modos, de un retrato instantáneo. Los números podrían cambiar, entre esas mismas personas, dentro de una semana, cuando tengan nuevas miradas sobre lo que va instrumentando la administración de LLA.
El aval ciudadano podría reducirse, empujado por los efectos del ajuste, o mantenerse y aun ampliarse si la gente percibiera -independientemente de que fuera una percepción errada o certera- que el rumbo oficial es el correcto. Todo como parte de un partido del que recién ha transcurrido un minuto de juego. Eso sí, un partido casi sin margen de error.
POCAS ESPALDAS
Milei tiene en contra su propia misión autoadjudicada: ajustar lo que haga falta. A diferencia de otros aprietes de cinturón de nuestra historia, esta vez lo que no hay es demasiada espalda social para soportarlo.
Los puntos de quiebre anteriores de la economía argentina recayeron sobre sociedades que estaban en mucho mejores condiciones para afrontarlos. Hubo franjas que se empobrecieron, pero con un capital cultural y educativo que les permitió salir adelante cuando las cosas mejoraron. Ahora el empobrecimiento ya está desde el vamos, se lo mida como se lo mida.
En la herencia de basura desparramada por toda Resistencia que dejó Gustavo Martínez antes de dejar la intendencia, fue infinitamente triste ver a personas de todas las edades removiendo los residuos, en busca de algo para vender en las chacaritas, como si se encontraran frente a una inmensa feria de la subsistencia.
El Chaco tiene mucho para sufrir. Es la provincia más pobre de la Argentina, y el Estado es un dios que define la suerte de todos. El nuevo escenario, de reducción fuerte del gasto público, golpeará también en la actividad privada. Ni hablar de la decisión de no emprender nueva obra pública.
Si el problema con ella era la corrupción, la aplicación general de ese criterio dejaría a la Argentina sin ninguna actividad posible. Los ingenieros suelen contar un chiste que se burla de ellos mismos y sus modelos teóricos para abordar cualquier problema. Cuenta uno que en cierta ocasión un empresario ganadero contrató a un ingeniero para mejorar la producción de leche de sus animales. El profesional se reunió con él, y montó una pizarra para explicarle el plan que tenía en mente. Dibujó un círculo y dijo: "Para empezar, imaginemos una vaca totalmente esférica y sin rozamiento con el aire...".
El ajuste no puede prescindir de la realidad, y dentro de ella no puede dejar ni por un momento de lado el factor humano. La que debe llegar a la otra orilla es gente de carne y hueso. Viejos, niños, laburantes. El riesgo, en ese sentido, no es solo que quienes deciden olviden (o ignoren) cuáles son las consecuencias más extremas de lo que deciden.
También lo es que el dolor social no pase de ser materia prima para un peronismo que simula no ser el mismo partido que gobernó esta Argentina, hoy quebrada, durante 28 de los últimos 34 años. Puede ser tentador decir que "esto recién empieza", pero la verdad es que empezó hace muchísimo y que la decisión del pueblo de elegir algo totalmente diferente merece la lealtad de los elegidos y el respeto de los demás. Ni un poquito menos de ambas cosas.










