Por sí o por no, la clave de la informática
Se piensa en la informática como una cosa plagada de números y complejas fórmulas matemáticas. Pero en la práctica, su esencia es tan simple que sorprende: se trata de cosas que pueden estar conectadas o no. - Por Ricardo Ambrosig

Toda la estructura de nuestro mundo digital se basa en esa premisa, "por sí, o por no", encendido o apagado, unos o ceros. Cuesta imaginar que de algo tan simple que solo admita dos respuestas, hayamos evolucionado a tanta complejidad.
La "culpa" de todo esto la tiene un señor llamado George Boole, que se dedicaba a las matemáticas teóricas y nunca imaginó que sus deducciones terminarían comandando el mecanismo de los semáforos o el funcionamiento de complejos sistemas informáticos. Se trata del álgebra de Boole, una herramienta matemática cuya evolución le ha llevado mucho más allá del ámbito específico de la lógica matemática, para el que fue concebido, convirtiéndose en un pilar teórico de nuestra civilización tecnológica.
A mediados del siglo XIX, Boole desarrolló en su libro "An Investigation of the Laws of Thought" (1854), la idea de que las proposiciones lógicas podían ser tratadas mediante herramientas matemáticas. Estas proposiciones podían tomar únicamente dos valores, del tipo Verdadero/Falso o Sí/No. Estos valores bivalentes y opuestos podían ser representados por números binarios de un dígito (más adelante los llamarían bits), por lo cual el álgebra booleana se puede entender como el álgebra del sistema binario.
Sin aplicación práctica
El mismo Boole resumió su trabajo en esta frase: "Las interpretaciones respectivas de los símbolos 0 y 1 en el sistema de lógica son Nada y Universo". Podría interpretarse como que Boole ya tenía idea de la trascendencia de ese enunciado y, sin embargo, contrariamente a lo que se puede pensar, el álgebra de Boole no pareció tener ninguna aplicación práctica en un primer momento y sólo se le encontró un sentido, bastante abstracto, en el campo de la lógica matemática.
Fue setenta años después de su muerte, en 1938, cuando el ingeniero electrónico y matemático estadounidense Claude E. Shannon (1916-2001) encontró en el trabajo de Boole una base para los mecanismos y procesos en el mundo real, demostrando cómo el álgebra booleana podía optimizar el diseño de los sistemas electromecánicos de relés, utilizados por aquel entonces en conmutadores de las primitivas centrales telefónicas.

Las centrales telefónicas
Las centrales telefónicas, aquellas que tenían operadoras manipulando cables y clavijas, fueron el comienzo de la aplicación práctica del álgebra Booleana. En principio, con tres usuarios una central maneja decenas combinaciones de relays abiertos o apagados, es decir es decir, conectados o no.
Pero cuando los usuarios de esas centrales fueron millones a lo largo de todo el país, las combinaciones de "abierto y cerrado" se hicieron casi imposibles de contar, aunque en el fondo mantenían la belleza y la simpleza del "sí" o el "no".

En 1938, el ingeniero electrónico y matemático estadounidense Claude E. Shannon (1916-2001) encontró en el trabajo de Boole una base para los mecanismos y procesos en el mundo real, demostrando cómo el álgebra booleana podía optimizar el diseño de los sistemas electromecánicos de relés, utilizados por aquel entonces en las centrales de teléfono.
Además de Shannon, el ruso Victor Shestakov (1907-1987) propuso una teoría de los interruptores eléctricos basados en la lógica booleana en 1935, aunque menos conocida en un principio: su publicación se hizo años después, en 1941 y en ruso.
De esta manera, el álgebra de Boole se convirtió en el fundamento de los diseños de circuitos digitales y las computadoras, y George Boole (a través de Shannon y Shestakov), el arquitecto que puso los cimientos teóricos para la revolución digital, pasó a la historia.










