Un final de locos
El último capítulo de la campaña que desembocará en el balotaje del próximo domingo no podía estar más a tono con el contexto: lo protagonizan dos candidatos que en condiciones normales no tendrían mayores chances, pero que hoy son finalistas solitarios de la carrera presidencial. Uno basando su discurso en que podríamos estar peor aún que en este presente pauperizado del que es corresponsable, el otro prometiendo un cambio de dimensiones bíblicas sin ninguna experiencia previa de gestión más que la asesoría contable de grupos privados.
Pero, como recuerdan las personas sabias, uno puede hacer cualquier cosa con la realidad menos ignorarla. Para la renovación del poder ya no hay otro estadio que este en el que estamos y en la cancha no hay otros jugadores que los que vemos.

ECUALIZACIONES
Lo que el espectáculo tiene de pobre, también lo tiene de apasionante. Sería hasta divertido si no estuviera en juego una parte inconmensurable pero seguramente importante de nuestro futuro próximo y del más lejano también.
Por el lado de lo atrayente, se destaca la ecualización fina de los discursos y movimientos de los contendientes. Las cartas más nítidas son las de Sergio Massa, en parte por su oficio para sostener una cierta imagen ante el electorado (paradójicamente, a veces tanto oficio que su actuación de la moderación se vuelve sobreactuada) y en parte porque el libreto de su campaña está diseñado con rigor y él le brinda total lealtad.
Massa no se sale una coma de lo que le dice su equipo de asesores, entre lo que se menciona a especialistas brasileños en marketing que contribuyeron al regreso de Lula al poder. Y además, el primer lugar en las generales de octubre (saltando desde el tercero en las primarias de agosto) le agregó un aura ganadora que el candidato supo aprovechar. Aun cuando pareciera que los números no cierran.
Federico Aurelio, de la consultora Aresco, una de las pocas que acertó con los resultados de las PASO y de la primera vuelta general, dijo en algunas entrevistas recientes cosas muy interesantes sobre la marcha hacia el balotaje. Citamos:
-La segunda vuelta muestra un escenario de paridad y tiene el resultado abierto. Hoy por hoy, ninguno de los dos tiene asegurado el triunfo.
-A la elección no la van a definir los votos en blanco (que estima no serán tantos como algunos suponen) ni el nivel de asistencia a las urnas (que cree no variará mucho con respecto al 77% de la primera ronda), sino el destino de los votos que en octubre fueron para Patricia Bullrich (obtuvo el 23,8%).
-Aurelio propone una fórmula simple para saber quién ganará: si en el reparto de los puntos de Bullrich (aquellos que sigan siendo votos positivos el domingo próximo) Milei se quedará con siete puntos más que los desviados hacia Massa, el libertario se quedaría con el triunfo. Si Massa consigue que esa ventaja esté por debajo de tal línea, el que llegará a la Casa Rosada será él.
-Hasta ahora, lo que se mide entre los votantes de Bullrich es un elevado alineamiento detrás de la opción Milei. Si ese casi 24% de votantes que eligió a Bullrich fuera el 19 a las urnas y no votara en blanco, 18% apoyaría a Milei y el 6% a Massa. Es decir, Milei daría vuelta el partido si se diera tal reacomodamiento de esos votos huérfanos. Otro consultor, Federico González, dijo -por separado- haber medido algo similar: que el 70% de quienes votaron a Bullrich hoy piensa votar a Milei.
-Aurelio remarca, sin embargo, que eso para nada le quita incertidumbre al resultado, ya que las dos elecciones nacionales anteriores mostraron cambios importantes en la última semana de campaña. En las PASO de agosto Milei subió cinco puntos en los siete días finales y en octubre Massa ascendió cuatro puntos en las 72 horas previas a los comicios.
-En cualquier balotaje, además, los cambios en el posicionamiento ciudadano valen doble. Al ser solo dos los candidatos, lo que uno pierde lo suma el otro. Por ejemplo, una desventaja de seis puntos se remonta con solo subir tres, porque el segundo subirá eso y el primero descenderá esa misma cantidad.
EL JUEGO
Si los números marcan las líneas de la cancha, las estrategias definen el juego dentro de ese espacio. ¿A qué debería apuntar Massa? A convencer a la mayoría del electorado que se puede estar peor que hoy, y que Milei representa ese riesgo. En eso está, y por eso el abrumador despliegue de la "campaña del miedo" encarada por Unión de la Patria, que no dejó recurso ni tropas sin utilizar: gobernadores, gremialistas, dirigentes sociales, actores, artistas y un larguísimo etcétera que incluye a dirigentes radicales, medios y periodistas que repentinamente ven las cosas muy diferentes a como las veían antes. Como para entender que hay leyes del mercado que rigen sin fronteras partidarias.
Milei, por su parte, vino mostrando un recorrido más confuso y zigzagueante, que combinado con su inestabilidad emocional ayuda bastante a las intenciones de mostrarlo como un líder no apto para un país que tiene sobrepasado su cupo de locos.
¿Qué debilidades les ofrecen el perfil promedio de los electores que pretenden conquistar? En el caso de Massa, su talón de Aquiles es lo que está a la vista de cualquier argentino. El mensaje de "cuidar y no perder lo que hemos conseguido" hace agua cuando uno pretende inventariar eso y se encuentra con que la lista es cortísima, por mucha buena voluntad que se ponga en la mirada. Y, en ese marco, la estrategia de inducir al miedo pierde eficacia. Hace días, un trabajador que la rema día a día en la feria frutihortícola de Resistencia, explicaba así su voto para el domingo: "Voy por el loco, porque puede salir bien o puede salir mal. Con el otro ya sé que sale mal". Es decir, hay una porción de gente para la cual aquello de "más vale malo conocido, que bueno por conocer" no rige, porque lo conocido se volvió demasiado negativo. Es una dificultad concreta de la campaña de Massa.
En cuanto a Milei, la barrera es la percepción, nada antojadiza, de que su política contendrá un fuerte ajuste del gasto público y de la economía en general, de alcances y criterios desconocidos. Aurelio contaba que en los focus groups que se realizan para explorar cualitativamente la evolución del pensamiento de los votantes, algo muy significativo es que los electores independientes se declaran partidarios de un ajuste de shock, y desdeñan la idea de uno gradual. Pero cuando se les pregunta si apoyarían un ajuste que toque sus propios ingresos y niveles de bienestar, revierten su postura. Significa que la idea de un ajuste "necesario" tiene aprobación cuando las personas suponen que recaerá sobre otros, no cuando se los pone frente a la posibilidad de que también penetre en sus bolsillos.
Poner esos fenómenos uno al lado del otro permite ver cuál es la pulseada de fondo. Massa debe lograr que los votantes perciban que con Milei extrañarán lo que tienen hoy, sin pensar demasiado en si eso que deben defender es mucho, poco o una miseria. La misión de Milei es conseguir que la mayoría le dé más importancia a cambiar de ciclo, que a los serios interrogantes que generan sus ideas y su personalidad.
Por esas cosas prodigiosas de la política, que en algunos aspectos suele estar muy asociada a lo teatral, la otra parte de sus campañas es que no se vea lo que hay detrás de los decorados y los vestuarios. Casi siempre, en estas cuestiones vale tanto lo que se muestra como lo que se oculta, y más de una vez la clave de la victoria no está tanto en mostrarse como en saber disimular lo que se es.










