Los números hablan pero no dicen todo
No es casual que el próximo presidente vaya a ser el ministro de Economía del 138% de inflación interanual y 40% de pobreza -ambos índices con tendencias crecientes- o el economista que propone dolarizar un país sin dólares y aplicar las leyes del mercado hasta para los trasplantes de órganos. Haber llegado a estas opciones habla de cuál ha sido la calidad del derrotero de la democracia argentina, que en diciembre cumplirá cuarenta años de vigencia ininterrumplida. Son los candidatos que tenemos para la sociedad que somos. Tan bueno o tan malo como eso.
Tampoco las alternativas que quedaron en el camino daban para el entusiasmo, y estamos a tres domingos del veredicto final. Como quien compra un vehículo usado, ya vendrá el tiempo -cuando pase el balotaje y el ganador asuma el poder- de ver qué había de cierto y qué de engaño en lo que nos dijo el vendedor.

NÚMEROS Y POLÍTICA
Los resultados de una elección son, posiblemente, los números que más desobedecen a las matemáticas, porque dicen algo pero no dicen todo. Por ejemplo, nadie deja de percibir que el gran ganador del domingo pasado fue Sergio Massa, y hay motivos contundentes para que sea así: fue el más votado, pasó del tercer lugar en las PASO de agosto al primero ahora y logró esa remontada al conseguir 3,2 millones de votos más que en aquellas primarias. Pero, a la vez, fue el peor desempeño de la historia del peronismo en una elección presidencial (hasta entonces el caudal más bajo había sido el de Daniel Scioli en la primera ronda de 2015, con 37,08% de los votos; ahora Massa obtuvo 36,68); aproximadamente 60% votó desaprobando al gobierno (sumando lo obtenido por Javier Milei, Patricia Bullrich y Juan Schiaretti); y con respecto a los comicios de 2019 el oficialismo perdió 2,6 millones de votos (Alberto Fernández había ganado con 48,24%).
Todo eso demuestra que en política las cifras no definen su efecto por sí mismas, sino en función del contexto. Los ánimos de Massa y Milei luego de los comicios lo exponen. El candidato de Unión por la Patria desplazó al libertario como chico de tapa y se mantiene apegado a una estrategia que demostró ser exitosa. Al descomunal reparto de recursos públicos de las últimas semanas (con bonos, exenciones y reintegros impositivos), le sumó un discurso casi apartidario, al que contribuyeron Cristina Kirchner y Alberto Fernández al llavear sus armarios desde el lado de adentro.
Enfrente, Milei fue -y sigue siendo- víctima de un estilo personal que lo volvió llamativo pero también poco confiable, y que no logró hasta aquí salirse del perfil de un influencer para adquirir otro más propio de alguien que se ofrece para gobernar el país. Para colmo, cuando elige la prudencia de reducir su aparición en medios no puede evitar que asomen segundas y terceras líneas que rozan (o se zambullen de cabeza en) lo bizarro.
El desafío de La Libertad Avanza es lograr que quienes votaron por Bullrich soslayen los defectos de su líder; olviden sus ataques sistemáticos a Juntos por el Cambio (con particular dedicación a la UCR), y pongan por delante la idea de sacar al peronismo del poder. Massa viene hablándole al mismo sector desde la noche de la jornada electoral, para captar a quienes podrían llegar a preferir un discurso de centro, aunque provenga del justicialismo, antes que de la derecha extrema que representa LLA. De momento, es el ministro el que mueve mejor las fichas. Milei y JxC ayudan entregando (por torpeza, por evaluaciones erróneas o por arreglos que nunca conoceremos) varias de las suyas.
COMPARACIONES
Los comicios también volvieron a mostrar que las pertenencias partidarias todavía existen pero no definen las batallas. El Chaco es un buen ejemplo. Muchos esperaban que el triunfo de Leandro Zdero en septiembre, sacando a Jorge Capitanich de la Casa de Gobierno a partir de diciembre, iba a generar un efecto arrastre que mejoraría sustancialmente el papel de Juntos en la elección nacional. Para nada fue así. En la provincia, Bullrich creció apenas 2,2% con respecto al caudal obtenido por la coalición en las PASO federales (tomando como referencia la cantidad de votos, no el porcentaje que representaba, ya que en ese aspecto la alianza cayó dos puntos).
En realidad, uno de los datos destacados del escrutinio de siete días atrás es la fuerte disminución de los sufragios para JxC en gran parte de los distritos en comparación con las cosechas de agosto. Bajó 8,4% en la provincia de Buenos Aires; 6,04 en CABA, su bastión; 10,5 en Jujuy, territorio de Gerardo Morales; 2,5 en Mendoza, otro territorio que se suponía favorable; 27,6 en La Rioja; 26,1% menos votos en Tucumán. En total, veinte distritos con saldo negativo sobre 24 (y de nuevo vale la aclaración: comparando cantidades de votos, no porcentuales).
En el caso de Unión por la Patria se dio todo lo contrario, y mostró recuperaciones en todas partes con respecto a dos meses antes. En el Chaco sacó 40,9% más votos que en las PASO. Parece un gran salto, y sin embargo aún así nuestra provincia quedó en el puesto 18 del ranking de aumento de caudal. El podio estuvo ocupado por Salta (84,5% más votos que en agosto), San Luis (75,7) y Córdoba (73,5).
La Libertad Avanza mejoró en 18 jurisdicciones, pero con variaciones más discretas. En el Chaco levantó 8,7%.
También es interesante contrastar los números del domingo pasado con los de septiembre para gobernador. Aquí la candidatura presidencial de Sergio Massa obtuvo más de 25.000 votos por encima de la de Capitanich a la gobernación, y el candidato de UxP logró 43,69% de los votos, contra 41,74 que había alcanzado el gobernador saliente. Zdero, a su vez, consiguió más de 140.000 votos que los que fueron a Bullrich.
PUENTE ESTRECHO
Ahora la carrera no está cerrada. Todo dependerá de los millones de electores que se quedaron huérfanos de candidatos. Nadie duda de que el 2,7% de Myriam Bregman, la candidata de la izquierda, irá entero a Massa o al voto en blanco (más probablemente lo primero que lo segundo), y que el nada desdeñable 6,7% de Schiaretti tiene una base antikirchnerista que puede favorecer a Milei pero también un origen peronista que podría alinear a parte de esta franja con Massa. La porción definitoria, por eso, es el 23,8% que eligió a Bullrich.
El que ya tiene una certeza es Leandro Zdero. Las elecciones determinaron que durante su mandato tendrá en la Casa Rosada a un presidente de signo político diferente al suyo, y es seguro que él también se pregunta cuál de los dos candidatos en carrera es el que le conviene menos. No es un tema menor para un gobernador que deberá atravesar un puente muy estrecho. De un lado estará la necesidad de construir poder propio y consenso ciudadano, frente a un peronismo que nunca digiere la derrota y buscará revancha con todos sus brazos, principalmente el legislativo más el de los gremios del sector público y los movimientos sociales. Del otro, una realidad económica que todos los pronósticos anticipan tanto o más dura que la actual, por lo menos (y con suerte) hasta finales de 2024.
La buena noticia para gobernantes del presente y del futuro próximo es que el éxito no solo es parcialmente independiente de los números, como lo indican los ejemplos mencionados antes, sino también -al menos con mayor flexibilidad que la que uno supone- de si los ingresos familiares ganan poder adquisitivo o lo pierden. Van aparte, incluso, de la ostentación que algunos hombres del poder hacen de una vida de ricos imposible de justificar.
Ganar o perder depende mucho de identificar con precisión las fortalezas y debilidades, y de saber olfatear las sensaciones que predominan abajo en cada momento. A veces es la ilusión, a veces el miedo, a veces la rabia, a veces la aspiración de -simplemente- no estar peor. Massa, de conocidas cualidades para subir al escenario como actor o como mago, entendió con qué cosas contaba (el presupuesto nacional, un peronismo unido por el espanto y una oposición rota) y supo en el primer tiempo de este partido por dónde había que ir. Uno a cero, y reloj corriendo.










