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Rituales democráticos

Los comicios para elegir al próximo presidente de la Nación y a quienes ocuparán los cargos políticos electivos más importantes del país, son uno de los principales rituales de la democracia.

Pero, como también ocurre con otras prácticas establecidas y aceptadas por la mayoría, el ritual de hoy frente a las urnas es una condición necesaria pero no suficiente para la construcción de una sociedad mejor para todos.

En la Argentina se cumplen 40 años de estas prácticas que obligan periódicamente a concurrir a las urnas a una parte de la población en edad para votar. Como en otras tantas oportunidades, anticipar el resultado de las urnas se ha vuelto, por estas horas, una tarea bastante difícil. De hecho, los encuestadores se vieron en la necesidad de ensayar nuevas estrategias para tratar de interpretar el humor social y conocer la intención de voto en las distintas franjas etarias del electorado. Esto no significa que los sondeos hayan perdido valor como herramienta. En todo caso, la dificultad para acertar radicaría en que es cada vez mayor la porción del electorado que se decide a último momento y que se suma a lo que antes se conocía como el segmento de "independientes". Para algunos analistas, cada vez más electores definen sus preferencias casi en el mismo instante de ingresar al cuarto oscuro. Alguien podría calificar de poco racional la conducta de esos electores, pero a favor de quienes optan por decidir su voto en el último minuto podemos decir que las investigaciones realizadas en los últimos años para conocer mejor el comportamiento de los ciudadanos en tiempos de elecciones revelan que cuando el elector ingresa al cuarto oscuro y tiene que elegir una boleta, el factor que prevalece no pertenece al campo de lo racional sino al terreno de las emociones. Dicho de una manera, prácticamente nadie vota con la mente, vota con el corazón.

Dice Jaime Durán Barba: "La democracia surgió en Occidente al mismo tiempo que se desarrollaba el racionalismo. Las ideologías, los libros, la supuesta ‘racionalidad’ estuvieron asociadas con esta nueva forma de organizar el poder. Las pasiones políticas se escondieron en los discursos teóricos. La mayoría de nuestros intelectuales militan radicalmente en alguna fe, pero pretenden que aquello en lo que creen se conforma de verdades científicamente demostradas. Cuando analizan las actitudes de los ciudadanos comunes se proyectan en ellos. Suponen que sus opciones son racionales. Han creado el mito de que los electores votan comparando programas, entendiendo cuál es la opción que más le conviene. Todo eso es falso". La cita corresponde al prólogo escrito por Durán Barba en el libro "La campaña emocional", cuyo autor es el especialista en comunicación política, Guillermo Bertoldi. En esa obra se observa que, en rigor, el cerebro humano no está, ni estuvo nunca, preparado para procesar racionalmente la información y los mensajes políticos. ¿Esto explicaría, acaso, que una porción del electorado se incline por un candidato que plantea propuestas anarco capitalistas con iniciativas insólitas nunca escuchadas en 40 años de democracia y que no tienen antecedentes de haber sido aplicadas en ningún lugar del mundo? Bueno, en rigor, las ideas que impulsan un individualismo a ultranza y la reducción del Estado a su mínima expresión ya fueron ensayadas en Grafton, un pequeño pueblo ubicado en el noreste de EEUU que pertenece al estado de New Hampshire, cerca de la frontera con Canadá. El experimento, que comenzó en 2004, terminó en un rotundo fracaso ya que prácticamente no se cobraban impuestos, entonces no había recursos para hacer frente a un buen servicio de recolección de residuos ni para mantener el alumbrado público. El caso es explicado en el libro "Un libertario se cruza un oso", publicado en 2020 por el periodista estadounidense Matthew Hongoltz-Hetling. Según explica el autor, el título hace referencia a los reiterados ataques que sufrieron los residentes y las propiedades de esta comunidad utópica por parte de osos que, ante tanta basura en las calles y la falta de alumbrado público, encontraron en el pueblo un buen lugar para buscar comida. Y como un animal con hambre no tiene precisamente buenos modales, la ciudad ideal se transformó en poco tiempo en una pequeña selva. Esta noche, cuando se conozcan los resultados de las urnas, sabremos si el camino que seguiremos como sociedad se orienta hacia un individualismo más acentuado o hacia la primacía del bien común.

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