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Vida y milagros

En la construcción del puente General Belgrano

Esta historia es parte de lo vivido durante ese tiempo por Dionisio Argentino Carrasco. - Por Roly Pérez Beveraggi 

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Monumento a los trabajadores del puente.

Nació en Resistencia el 12 de abril de 1951, de profesión mecánico de autos. Hijo de José Luis Carrasco, exintendente de la ciudad de Resistencia (1965-1966) y Francisca Romero, se casó con Adela Beatriz Zagert, con quien tuvo seis hijos: Hugo Marcelo, Valeria Beatriz, Rodolfo Luis, María de los Ángeles, David Adrián y Nicolás Sebastián. 

Su hobby preferido es la pesca deportiva, es hincha de Chaco For Ever. Lo que nos cuenta es por haber tenido el privilegio de conocer una gran parte del proceso de la construcción del puente y por integrar un gran grupo de operarios más el jefe, quien era uno más trabajando.

Fue una de sus mayores experiencias de vida: "Ser parte de ese grupo que tenía a cargo el montaje y mantenimiento de grúas fue una experiencia de vida inolvidable, puesto que nuestra tarea era de riesgo extremo. Nuestra misión consistía en cuidar y reparar posibles fallas en los sistemas de grúas, cambios de cables, control y ajustes de bulones semanalmente, tarea que debíamos realizar sin cinturón de seguridad, ya que su uso dificultaba el trabajo. Pese al riesgo, dichas grúas se iban alteando de acuerdo a planes establecidos, que debían realizarse en 48 horas/día, o sea cuatro días (turnos de 12 horas por cuestiones de visibilidad)". 


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Puente en construcción y grúas.

Continuaba: "Si ese trabajo se realizaba en menos tiempo, la empresa nos reconocía el esfuerzo (horas extras al 100%). Lo hacíamos en dos días y medio aproximadamente". La parte más riesgosa consistía en subir a la pieza más alta de las grúas, 12 metros más arriba del punto más alto del puente, y lo hacíamos sin ninguna protección. También debíamos caminar por la pluma para poder reemplazar los cables. Realizábamos la tarea cinco operarios: Carlos Acosta, Jorge Martínez, Omar Gonzales Moix, el jefe, un italiano de apellido Luchetti, y yo".

Cabe recordar que ninguno del grupo superaba los veinticuatro años de edad, también era parte del equipo el señor Carlos Roda, excelente soldador y carpintero metálico. En total tenían a cargo cinco grúas Loro Parisini, dos grúas BLH Lima/ PYH/Link Belt. También realizaron el trabajo de instalar sobre pontón la grúa 700-BLH Lima, a mediados del año 1971, 1972 y el año 1973.


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Pluma en el puente.

En su relato nos decía Carrasco: "Ingresé como ayudante mecánico, terminando después como oficial mecánico en la especialidad montaje y mantenimiento de grúas. Todo este período me permitió conocer y tener amistad con muchos operarios, entre otros Víctor Pertile, Avelino Pertile, Francisco Aresti, Fredy Snableger, Cacho Nievas, Don Suárez, los hermanos Sibila, Hugo Azcona, los hermanos Vicedo, los hermanos Bilinsky, José Martínez, Totilo Navarro, Don Rivero y su hijo, Billordo, Julio Vieta, Cacho D´Elia, el Flaco Trinka, los hermanos Petrovelli, José Lockett (actualmente radicado en Margarita Belén, jubilado de Telecom), Miguel Giménez (homenajeado al cumplirse los 50 años del puente), Emilio Castillo, vecino del barrio Independencia, el recientemente fallecido Rubén Pegoraro, y Omar Gonzalez Moix, actualmente viajante de insumos ópticos, compañeros con los que en la actualidad tenemos contacto". 

"Nuestras tareas y desempeño nos hacían uno de los grupos mejor pagos, puesto que cumplíamos jornadas de doce horas diarias. También teníamos premio por productividad y riesgo por altura, nos pagaban horas extras al 50% y al 100%".

Fue un  protagonista directo del que según él fue un milagro: "Realizando trabajos de ajustes de bulones a la altura de la carretera se rompió la herramienta en la que estaba apoyado, haciendo que cayera de cabeza al vacío. Una caída así significaba la muerte segura, pero ahí ocurrió el milagro, aún hoy no sé cómo logré sujetarme, unos ocho metros más abajo, quedando de pie y sujeto a una parte de la grúa sin siquiera un rasguño". 


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Obrero en el puente, a 50 m de altura.

Y el segundo milagro: "Nos tuvo como testigos de la caída al vacío de un señor de apellido Zurlo. Cayó al agua desde unos 25 metros aproximadamente. La situación fue observada por el conductor de una lancha, quien inmediatamente y con absoluta destreza logró rescatarlo del río. Zurlo fue trasladado de urgencia, permaneció internado por un tiempo prolongado debido a la gravedad de semejante caída".

El personal que ocuparon las empresas constructoras fue en su número máximo de 950 trabajadores, el mínimo fueron 80 obreros y 650 el promedio. En técnicos y administrativos, la cantidad máxima fue de 58, la mínima de 22, el promedio 44. Oficialmente se reconocen 13 fallecidos durante la construcción. Sobre las dos cabeceras del puente fueron emplazadas dos esculturas conmemorativas; al pie de la cabecera correntina y acompañado de una importante plazoleta fue emplazado el monumento al General Belgrano y del lado chaqueño una escultura hecha en metal para conmemorar a las personas que trabajaron y dieron su vida en la construcción de un puente de características asombrosas para la época. Fue inaugurado el 10 de mayo de 1973.

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