Educarlos, pero también discipularlos

La Ley 25.864, sancionada en diciembre de 2003, establece que un ciclo lectivo anual debe contar como mínimo con 180 "días efectivos de clase, para los establecimientos educativos de todo el país en los que se imparta Educación Inicial, Educación General Básica y Educación Polimodal, o sus respectivos equivalentes".
Cumplir esta ley significa que los padres o responsables de los niños, deben levantarse muy temprano para prepararlos y llevarlos al colegio; y a pesar del esfuerzo que ello implica, lo hacen.
Dedicación y esfuerzo
De ese esfuerzo en conjunto dependerá el futuro terrenal de los niños. Es un proceso de formación ineludible para llegar a la adultez con ciertas chances de progreso.
En función de esta capacitación el niño podrá obtener luego beneficios que no lo tendrán quienes —por distintos motivos— no fueron a la escuela.
Es una ley que favorece el futuro bienestar terrenal de las personas. Ahora bien, en la vereda de enfrente, un conjunto de medidas gubernamentales, bajo el falso pretexto de proteger las libertades individuales de las personas, ha expulsado a Dios de las escuelas.

Completar la idea
La idea original del cielo es que los padres instruyan espiritualmente al niño en su camino; porque aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Pero es lamentable que, pensando que se comunican con Dios, la mayoría de las personas recita casi de memoria la oración conocida como el padre nuestro, en cuyo contenido se destaca: "Padre, hágase tu voluntad en el cielo, como en la tierra"; sin embargo, dando la espalda a dicho recitado, en la tierra cada uno hace lo que quiere.
Por medio de ideologías pervertidas que contradicen a la ciencia y la biología, el enemigo de Dios ha logrado vulnerar la formación de los niños, porque de ese modo vulnera el presente y futuro de la nación.
Y salvo la intervención inmediata de los padres sobre sus hijos, nada podrá evitar que ese futuro se haga realidad.
La mayoría de las congregaciones cristianas posee un ámbito de educación dominical para los niños; pero, salvo excepciones, los padres, autos titulados como creyentes pero cegados por falta de entendimiento, no se disponen a realizar el esfuerzo de llevarlos a la escuelita dominical; y como los niños no pueden asistir solos, no serán capacitados espiritualmente y caerán, más temprano que tarde, en las garras del enemigo.
Actuar inmediatamente
La experiencia que se recoge por medio de las evidencias del comportamiento de los niños y adolescentes, muestra con claridad que los padres tienen tiempo de educarlos con la doctrina del cristianismo hasta los doce años.
Cumplida esa edad, ingresan a la escuela secundaria, una verdadera sucursal del infierno; donde, si no están discipulados antes, aprenden los vicios de la maldad que inexorablemente condicionaran negativamente su futuro.
Lo notable es que los padres invierten 180 días del año en llevarlos a la escuela secular, pero se niegan a invertir un domingo cada semana para discipularlos en el cristianismo. Es un error garrafal que se transformará en la puerta de entrada para futuros problemas familiares.
El enemigo de Dios está al acecho diariamente para confundir a los padres y a los niños. Ese acecho incluye a Walt Disney, que en los últimos años, desde el punto de vista espiritual, ya ha caído bajo sus garras. La responsabilidad de revertir esta situación corresponde exclusivamente a los padres.










