Me lo hubieras dicho
Milei ganó las PASO y el tablero político recibió un sacudón que no estaba ni siquiera en los papeles del hombre más votado del domingo 13. ¿Y ahora?
La obtención de la pole position por parte de Javier Milei para las presidenciales de octubre lo sacudió todo. El propio líder libertario reconoció que no se esperaba el aluvión que lo situó como el precandidato más votado de las PASO del domingo pasado, y a su partido como el más apoyado. Hasta la sumatoria de los dos competidores de Juntos por el Cambio (Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta) fue insuficiente para alcanzar los números del economista. Y más lejos aún quedó Unión por la Patria, con las modestas cosechas de Sergio Massa y Juan Grabois.
Así, lo que más marcó a la noche del 13 de agosto fue la sensación de sorpresa. No lo podían creer los ganadores, no lo podían creer quienes perdieron. Tampoco los encuestadores, una vez más sopapeados por la realidad. ¿Cómo un cambio tan grande en las preferencias del electorado había logrado cruzar el país de extremo a extremo sin ser advertido?
EXTENSA GEOGRAFÍA
Uno de los disparadores del asombro fue la amplísima distribución geográfica del triunfo de Milei. Su boleta fue la más elegida en 16 de las 24 provincias argentinas. Es decir, estuvo lejos de ser un fenómeno concentrado en los principales distritos y nada más. Y se ve nítidamente que la tracción es fuertemente personal: el candidato sacó diez veces o más votos que sus referentes locales en comicios realizados semanas antes en esos mismos distritos.
En el Chaco, por ejemplo, La Libertad Avanza quedó segunda, rozando el 29%, pero en las PASO provinciales de junio había estado por debajo del 3%. Hay casos similares en todas partes. En las primarias de Santa Fe, el precandidato a gobernador que se referenciaba en LLA obtuvo un 3% de los sufragios, mientras que el domingo pasado Milei superó el 35%. En las provinciales de Neuquén, su sector se había plantado en un 8%, y siete días atrás trepó el 39%.
CIUDAD Y CAMPO
Algo que también quedó expuesto es que si bien la mayor tracción de Milei se da en los principales centros urbanos de cada distrito, también suma de manera significativa en ciudades y comunas periféricas o de perfil rural. En el Chaco estuvo arriba del 20% en los dos departamentos más postergados en términos económicos y sociales, el Güemes y el Brown, y también superó esa línea en bastiones peronistas como General San Martín o Villa Angela. En el Gran Resistencia, donde Juntos por el Cambio había hecho una gran diferencia en junio, ahora La Libertad Avanza quedó al frente, relegando al segundo lugar al radicalismo y sus socios y al tercero al PJ y los suyos. Lo mismo sucedió en el departamento Comandante Fernández, cuyo municipio de cabecera es la segunda ciudad más populosa de la provincia, Sáenz Peña.
Parte de lo asombroso de los resultados es que Milei hizo un papel notable aun en territorios en los que -como en el Chaco- prácticamente no cuenta con aparatos partidarios ni recursos logísticos que puedan siquiera compararse con los del justicialismo y los de la UCR. De hecho, los referentes locales de la Libertad Avanza y muchos de sus votantes denunciaron el domingo la desaparición sistemática de boletas del sector en centros de votación de toda la provincia, situación que -en caso de que efectivamente haya ocurrido- se aprovechó principalmente de la escasez de fiscales que padeció la agrupación libertaria.
De nuevo la pregunta: ¿Cómo es que pasó tanto, en tantos lugares diferentes, sin que nadie lo viera venir en su verdadera dimensión?
RECÁLCULOS Y DESAFÍOS
El batacazo dejó recalculando a toda la dirigencia, incluido el propio Milei, que ahora que se ve cerca de la Casa Rosada comenzó a moderar algunas de sus ideas o a volver más neblinosas sus explicaciones y argumentaciones sobre cómo y en qué plazos las instrumentaría. Es probable que él más que nadie sepa que un peligro que lo acecha es la posibilidad de que quienes planean apoyarlo en octubre comiencen a dudar de si en realidad no estarán tratando de quitarse los piojos a martillazos.

Para el peronismo, con un Massa que obtuvo apenas el 21% de los votos (Unión por la Patria llegó a los 27 por los seis puntos que sumó Grabois), está el desafío más grande. Una remontada con sabor a hazaña para al menos meterse en zona de balotaje. Para Juntos, algo parecido más la necesidad de quitarle confiabilidad a Milei para que el voto contra el gobierno cambie de vereda. Lo que tienen en común es que ambos miran al amplio segmento de gente que no acudió a votar. Participó algo menos del 70% del padrón. No asistieron unas diez millones de personas.
LABERINTO PARA DOS
La dificultad para quienes tratan de frenar a Milei es la construcción de sus discursos para la batalla final. De nuevo lo más difícil le toca al kirchnerismo. ¿Cómo puede prometer un puerto de prosperidad quien conduce un barco que se hunde? En el caso de la sociedad entre el Pro y la UCR, ¿cómo recuperar la confianza malversada entre 2015 y 2019? Dos preguntas que en esos espacios tienen sus respuestas heridas por un dato objetivo: los dos lo hicieron pésimo y, para colmo, se niegan sistemáticamente a admitirlo.
La ventaja de Milei, en ese aspecto, es su virginidad de poder. Una de las principales objeciones que podrían hacérsele, su falta de experiencia como cabeza de una gestión pública, acaba siendo una fortaleza. Nunca administró, y por eso mismo nunca fracasó. Sus mensajes rabiosos, condenando la ineptitud y venalidad de los gobiernos que hemos tenido, completan una estrategia que demostró funcionar con un elevadísimo rendimiento. Su atipicidad, su mezcla de personaje disruptivo y showman, además, le permitió una entrada potente en el electorado joven. Es lo que más se escucha entre ellos: "Yo no sé nada de política, pero a él lo entiendo". Un mérito de la calidad prestidigitadora de Milei, que muestra una carta por cada dos que esconde.
AVATARES DEL DESAMOR
En las relaciones de pareja, el amor se construye. También el desamor. Empieza con las pequeñas diferencias mal manejadas, con las cosas que deberían discutirse pero pasan de largo. Con los reclamos de una parte que la otra descalifica diciendo que son la queja por la queja misma. Las fisuras que para uno son ruidos de advertencia y para otro interferencias externas que resolverá el tiempo. Las señales de alerta que se ignoran y los planteos de fondo que se gambetean con las viejas excusas.
Hasta que un día hay alguien, con los bolsos en las manos, que avisa que se va. Detalla, antes, todo lo que no funcionaba. El que se queda se encoge de hombros y dice la frase universal: "Me lo hubieras dicho".
Un poco antes de eso, el tiempo de arreglar las cosas ya no existe. No importa lo que uno diga o haga, no hay espacio para salvar lo que alguna vez hubo. ¿El domingo pasado vimos la manifestación de esa instancia o los grandes partidos todavía pueden evitar la ruptura?
En estos últimos días, dirigentes y militantes de las coaliciones principales, pero sobre todo los del oficialismo, se gastaron los dedos índices señalando y culpando a medio mundo por el triunfo "de la derecha": los giles que no tienen conciencia de clase, los medios, el Fondo, los Estados Unidos, los garcas del campo, los que espantaron a las nubes para que haya sequía, la pandemia que solo golpeó a la Argentina, la familia Simpson. Y no, muchachos, a este Frankenstein lo armaron enterito ustedes.
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