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La vida y la muerte de Mate Cosido

David Segundo Peralta, nacido en Monteros, Tucumán, el 3 de marzo de 1897, fue un gaucho transformado en bandido rural y calificado como delincuente, que ingresó al Chaco en 1926 proveniente de Asunción. - Por Roly Pérez Beveraggi 

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Tenía prontuarios policiales en Tucumán, Córdoba y Santiago del Estero entre 1916 y 1924. Se constituyó también en un adalid de amplios sectores marginales de la sociedad chaqueña. Mate Cosido tenía una pequeña cicatriz en la cabeza que le dio su alias.

En el desaparecido edificio de la cárcel de Resistencia, que se erigía en la esquina de Mitre y Alvear, Mate Cosido cumplió una condena de seis años. Había sido apresado en el Paraguay y llegó extraditado al Chaco.

Organizó una banda donde se rendía culto a la autoridad del jefe. Contó con muchos colaboradores, entre ellos Eusebio Zamacola, Antonio Rossi, el Catalán Noy, el chileno Francisco Malatesta, Casimiro Ifrán, Pampita, el Tata Miño, Marcelino Peralta, Cardocito.

Trabajó en una imprenta. Se dice que era bastante culto y planificaba sus golpes al detalle. Se dedicó a robar a firmas como Bunge & Born, Dreyfus y La Forestal, empresas que aportaron grandes sumas de dinero a la Gendarmería para que lo pasaran a mejor vida. Al igual que Los Velásquez, se afirma que robaban a las multinacionales para ayudar a los desposeídos. Nada más alejado de la realidad.

Prueban esta afirmación hechos como el de tener una cuenta en la Caja Nacional de Ahorro y Seguros, donde iban a parar los fondos obtenidos en los robos, o secuestros y propiedades costosas en Córdoba. Todas estaban registradas con nombres falsos, además de comprobarse que utilizando un testaferro invirtió capital para la compra-venta de ganado luego de retirarse de la vida pública, para disfrutar de las pingües ganancias.

Algunos opinan que el comentario referido a su cuenta personal, a sus nombres falsos, a su testaferro y a sus documentos apócrifos es mal intencionado y responde a sectores de ultraderecha, dispuestos a desprestigiar a alguien que se atrevió a luchar contra los poderosos de la época.


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La Policía en ese momento era una "herramienta" de presión mediante la represión y la tortura de los obreros rurales, que trabajaban para estas empresas de origen extranjero.

Mate Cosido, "el bandido de los pobres", como él mismo se titulaba, escribió algunas notas en la revista Ahora, en las que explicaba el motivo de sus robos, diciendo que los verdaderos ladrones eran los que explotaban al trabajador y el suelo argentino. Esto le valió y el reconocimiento de grupos anarquistas. 

Gozó siempre de la simpatía de mucha gente, que hasta deseaba que la visitara. Como se comportaba con humildad y educación, además de pagar generosamente los mínimos servicios recibidos, ganó popularidad y afecto.

Durante su vida delictiva utilizó varios nombres falsos, que se respaldaban en documentos apócrifos, otorgados por funcionarios corruptos. Entre ellos se pueden citar el de Julio del Prado, Manuel Bertolatti, José Amaya, Julio Blanco. 

Fue su característica no utilizar la violencia. Varias veces abortó asaltos para evitar enfrentamientos abiertos con la policía. No por temor, simplemente era su manera de operar.

El bandido pampeano Juan Bautista Bairoletto tuvo un encuentro con él para asaltar una fábrica de tanino, que abortó Peralta por diferencias en los métodos a utilizar. El pampeano realizó igual el asalto, que no dejó ganancias y sí un empleado muerto en el tiroteo.

Sus escondites favoritos fueron la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, y Gancedo, aunque toda la provincia del Chaco fue escenario de sus correrías. La mayoría de las poblaciones importantes fueron testigos de alguna acción de Mate Cosido.


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Iba por los caminos vestido a la usanza de peones rurales, o como viajante de joyería en las ciudades, lo cual no despertaba sospechas. Su fama de ladrón con conciencia iba creciendo en Buenos Aires. Como Bairoletto, sus problemas con la Policía se acentuaron por culpa de una mujer, ya que Mate Cosido tuvo una novia que también coqueteaba con un agente, lo que profundizó la bronca policial.

A mediados de los años ´30 Mate Cosido pasó con sus hombres frente a una chacra. Llevaban muchas horas de jornada y necesitaban comer y encontrarse con unos tragos. El dueño del campo era muy hospitalario y los agasajó. Hizo mesa común con los forasteros sin saber quiénes eran. En medio de la cena contó que al día siguiente llegaría el oficial de Justicia para cumplir con una orden de desalojo: adeudaba $ 3.500 de una hipoteca vencida y para ejecutar. 

Al finalizar la cena, Mate Cosido preguntó al dueño de casa cuánto debían, y este contesto: "Nada señor". Mate Cosido: "Pero esto vale algo…" Y el anfitrión respondió: "Y qué… si mañana me rematan todo". Después de que se retiraron los huéspedes, la patrona encontró bajo uno de los platos cuatro billetes de mil. 

Al día siguiente llegó el Oficial de Justicia dispuesto a intervenir y ejecutar la orden, pero se encontró con la sorpresa de que el perjudicado pagó toda su deuda. El oficial exclamo: "Ustedes los gringos siempre igual, esperan hasta lo último para pagar sus deudas". Extendió un recibo y se marchó. 

De regreso a Sáenz Peña por el camino de tierra, lo interceptaron cuatro bandidos y lo despojaron del dinero, retirándose con una ironía: "Saludos a la Justicia". Eran las huestes de Mate Cosido.

El 22 de diciembre de 1939, Mate Cosido y su banda secuestraron al estanciero Jacinto Berzón, por el que pidieron 50.000 pesos de rescate con instrucciones precisas: el dinero debía ser arrojado el 7 de enero de 1940 desde un tren, antes de que llegara a la estación de Villa Berthet.

Pero un compinche de Mate Cosido lo vendió: del tren arrojaron primero un paquete con diarios cortados, y después una ráfaga de balas. Mate Cosido salió muy herido de la emboscada (en la cadera, según dicen), pero logró escapar y se dejó envolver por el misterio.

Sorpresivamente, en 1939 abandonó la vida pública, perdiéndose todo rastro de su paradero. Solo se conocen especulaciones respecto de su destino. Nunca más se lo volvió a ver y su cadáver no apareció jamás. 

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