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La persistencia de la desigualdad

¿Qué papel cumplen las habilidades, el empleo y la riqueza en el progreso económico y social de las personas que viven en América Latina y el Caribe, la región más desigual del mundo? A este interrogante intenta responder el documento "Desigualdades heredadas" que pertenece a la colección Reporte de Economía y Desarrollo que publica el Banco de Desarrollo de América Latina.

 Según este informe, la falta de movilidad intergeneracional tiene importantes consecuencias no solo sobre los niveles de desigualdad, sino también sobre el crecimiento económico y la estabilidad política e institucional de un país.

Como se sabe, América Latina y el Caribe no es la región más pobre del mundo, sino la más desigual. Y en ese contexto, las recurrentes crisis que sufre nuestro país han hecho que la realidad argentina se asemeje cada vez más a la realidad de la región. El genial humorista gráfico, Roberto Fontanarrosa, escribió alguna vez -apelando a la ironía- que el problema no es el injusto reparto de la riqueza, sino "el generoso reparto de la pobreza". Hace unos años, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) realizó un estudio sobre la movilidad social en distintos países y en el capítulo de esa investigación que analizó la situación en Argentina concluyó que un niño que nace en un hogar vulnerable en nuestro país necesitará al menos seis generaciones para salir de la pobreza. En las naciones nórdicas donde la desigualdad es un problema menor, los tiempos de la movilidad social se reducen:  en Finlandia se necesitan tres generaciones para salir de la pobreza y en Dinamarca dos. Según los datos de la OCDE, en Estados Unidos se necesitan cinco generaciones para salir de la pobreza; en Colombia 11; en Brasil nueve y en Chile seis.

Volviendo al documento "Desigualdades heredadas", mencionado en el comienzo de esta columna, el mismo plantea que la alta desigualdad en América Latina y el Caribe tiene raíces muy profundas, que la han transformado en un fenómeno inercial que se trasmite de generación en generación. "La contracara de este fenómeno, la baja movilidad intergeneracional, no solo se relaciona con la equidad, sino también con otros aspectos centrales del desarrollo económico de la región, como el crecimiento y la estabilidad político-institucional", agrega el informe. Los autores del mismo (los economistas Dolores Mata, Lucila Berniell, Ernesto Schargrodsky, Fernando Álvarez, Adriana Arreaza y Guillermo Alves) ponen la lupa sobre el problema de la persistencia de la desigualdad y lo hacen señalando los principales obstáculos a la movilidad social. Los tres canales centrales en los que operan estas barreras, observan los autores del informe, son la formación del capital humano, el acceso a empleos de calidad y las posibilidades para la acumulación de activos y plantean que para reducir el peso de las desigualdades heredadas se deben impulsar políticas públicas que aseguren el acceso a mejores oportunidades para las nuevas generaciones. Entre esas políticas, sostienen los autores del informe, no deben faltar medidas para nivelar condiciones de partida, especialmente durante las dos primeras décadas de vida, para una mejor y más equitativa formación del capital humano; y mejorar el funcionamiento de los mercados laborales para promover la movilidad ocupacional y de ingresos.

En rigor, el problema de la desigualdad está cada vez más presente en muchos países del mundo. En 2021,  el relator de la ONU sobre la extrema pobreza, Oliver De Schutter, advirtió que la movilidad social en todo el planeta es ahora menor que en 1940. Según el funcionario, la idea que sostiene que la escuela ayuda a equilibrar la balanza está muy lejos de la realidad. El sistema educativo, afirmó De Schutter, es un lugar "donde las jerarquías se reproducen o, en el peor de los casos, se magnifican".

En nuestro país el problema se presenta en un contexto muy particular: en las últimas décadas la sociedad padeció una recesión cada tres años y cada vez que eso ocurrió, millones de argentinos volvieron a caer en la pobreza y la indigencia.

Es necesario que las distintas fuerzas políticas que compiten este año en los comicios comprendan que este es un dato central y que deben centrar sus esfuerzos en propuestas concretas para mejorar la calidad de vida de amplios sectores de la población.

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