Los riesgos de la automedicación
Algunas enfermedades respiratorias tienden a aumentar durante el otoño y el invierno debido, entre otros factores, a que las personas pasan más tiempo en lugares cerrados o mal ventilados, lo que facilita el contacto estrecho y la transmisión de virus.
Al mismo tiempo, no son pocos los pacientes que ceden ante la tentación de consumir fármacos sin la adecuada supervisión de un profesional de la salud.
Uno de los problemas más serios se genera cuando la automedicación tiene relación con el consumo de antibióticos. En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que el uso indebido e innecesario de antibióticos se ha convertido en un problema para los sistemas de salud pública, ya que esa práctica genera una nueva resistencia a los antibióticos y dificulta el tratamiento de infecciones, prolongando las internaciones hospitalarias, incrementando los costos médicos y aumentando el riesgo de mortalidad. Pero también están los casos de fármacos para tratamientos relacionados con el funcionamiento del sistema nervioso y los destinados a combatir patologías específicas como la hipertensión o el colesterol, entre otros, que forman parte del mal hábito de automedicarse. Es probable que se haya generado, a esta altura, una especie de cultura de la automedicación relacionada con cierta insistencia de avisos y publicidades de medicamentos de venta libre que se puede observar especialmente en horarios centrales de la TV.
La ley nacional 26.567 establece la prohibición de la comercialización de medicamentos de venta libre fuera de las farmacias. Es importante recordarlo. Por su parte, las entidades que representan a profesionales de farmacia explican que, si bien los medicamentos de venta libre no requieren receta médica, por eso mismo es necesaria la consulta con el profesional farmacéutico ya que, contrariamente a lo que muchos creen, los medicamentos de venta libre no son inocuos, sino que, como cualquier otro medicamento, tienen efectos adversos, algunos de gravedad, además de provocar interacción con otros fármacos que la persona pudiera estar tomando.
Como hemos señalado en otras oportunidades, es importante hacer un llamado a la reflexión sobre este problema. De lo que se trata, en definitiva, es de cambiar -entre todos- lo que se podría denominar una cultura de la automedicación que, al parecer, está muy arraigada en nuestra sociedad. Se debe adoptar una conducta más razonable y reemplazarla por un consumo responsable de fármacos, siempre bajo estricta supervisión médica. Hay que tener en claro que no existe el medicamento inocuo. Todos tienen un grado de toxicidad y esto es especialmente sensible cuando la salud de quien los consume se encuentra en una situación de fragilidad. Las personas deben ser conscientes de los riesgos a lo que se exponen cuando persiste en estos malos hábitos, cuyas consecuencias más graves son la farmacodependencia, el enmascaramiento de una enfermedad, las posibles reacciones alérgicas, los daños en los órganos y, en el caso más extremo, la muerte. Se debe recordar, en todo momento, que el medicamento es un producto de riesgo y por esa razón las leyes vigentes establecen que debe ser sometido a una rigurosa vigilancia sanitaria.
Desde la Organización Mundial de la Salud se recuerda, por otra parte, que se pueden generar efectos secundarios por el uso excesivo de algunos medicamentos, principalmente, en el caso de los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos que están relacionados con gastritis y hemorragias digestivas, así como interacciones entre medicamentos, debido a que hay ciertos fármacos cuya composición hace que no deban ser combinados con otros. En otras palabras, la automedicación sin control médico o farmacéutico genera riesgos para la salud. Algunos de esos riesgos pueden ser la presencia de toxicidad (efectos secundarios, reacciones adversas y en algún caso intoxicación), falta de efectividad (en los casos en los que se emplean en cuadros que requieren otro fármaco, como por ejemplo, el consumo de antibióticos para tratar procesos víricos contra los cuales estos medicamentos no son efectivos). Sobre este último caso, es importante agregar que, como ya se dijo, el consumo excesivo de antibióticos puede hacer que los microorganismos desarrollen mecanismos de defensa frente a estos medicamentos, de manera que pierden su eficacia.
Un informe de la Organización Panamericana de la Salud en el que se aborda este tema aconseja promover la educación de la población recordando que para una mayor seguridad, los diferentes tipos de medicamentos siempre deben ser suministrados bajo supervisión médica.










