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1 DE JULIO, DIA DEL ARQUITECTO

El arquitecto que quería ser médico y terminó cartonero

Señor director de NORTE:

Estaba por entrar a ejercer "la edad del pavo" con solo 14 años y mi viejo se acerca y me dice: "Mirá, Carlitos, me acabo de jubilar así que vas a tener que elegir, o te cambiás de escuela o empezás a trabajar". Y como de chico yo hice un pacto con Dios (yo no hago macanas y él me ayuda), no solo que no dejé la Escuela Industrial sino que además conseguí trabajo; y de esa manera seguía en pie mi vocación real y soñada que era recibirme, trabajar y costear mi carrera de medicina.

Yo quería ser médico, sanar a la gente y si eran niños mucho mejor, trabajar en el campo, atender a los pobres. Ayudar, siempre ayudar.

Pero Dios tenía otros planes para mí, me llevó por el camino más difícil, lleno de vericuetos pero muy hermoso, el camino de la arquitectura.

Me recibí después de discutir ideas con muchos de los docentes hasta que al fin me recibí y seguí construyendo casas, palacios, ranchos y castillos de manera casi desmesurada por años hasta que el Creador me dijo: "Bien, ya estás listo para ejercer la medicina que tanto querías"; pero no la medicina científica, la que ejercen los médicos en los hospitales, clínicas o sanatorios —esa es muy compleja y requiere muchos estudios— sino la otra parte que es curar y sanar con tus saberes.

Con la idea de cambiar y mejorar el mundo, un día empecé con el Proyecto Ciudad Limpia que pretendía transformar a los habitantes en ciudadanos y mejorar la ciudad de Resistencia desde el vecino. Y fue ahí cuando conocí a un hermoso grupo de Chicos de la Calle con los que aprendí muchas cosas lindas y de las otras. 


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Con ese proyecto llegamos a hacer tantas pero tantas obras de bien que hasta pudimos presentar la propuesta de una Casa Garrahan en el Chaco y después un Centro de Enfermedades Raras y luego una Casa para los Chaqueños en Buenos Aires, desde la participación ciudadana y la "basura" como recurso económico base para costear los ambiciosos proyectos.

Fue así que para procurar y lograr estos sueños tuve que hacer de todo, desde rifas, eventos, vender empanadas y hasta cantonear para no rendirme nunca.

Hoy todo lo logrado se lo debo en gran parte a la decisión de hacer lo que sea para construir los espacios necesarios para sanar y curar a los niños pobres de nuestra provincia. 

Es de alguna manera ser médico sin tener el título para lograr los mismos resultados, unos con la ciencia, el saber y sus capacidades; otros, con trabajo, voluntad y mucho amor. 

Gracias a Dios y a mis estudios de arquitectura puedo sentirme un poco médico, aunque para ello tenga que cantonear por las calles de mi ciudad.

¡Feliz día a todos los arquitectos!


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CARLOS ALABE

RESISTENCIA

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