La familia: la mejor respuesta a los desafíos en el uso indebido de drogas
Se conmemora cada 26 de junio el Día Internacional de la Lucha Contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas.
Existe una problemática cuyo crecimiento es exponencial y su impacto social hace que sea un asunto impostergable en la agenda pública. Basta con ser un simple observador de los hechos amenazantes de la vida cotidiana para identificar al consumo de sustancias como el común denominador que cual conlleva, entre otras consecuencias, al deterioro del tejido social. Es decir, que no tan solo involucra a la persona en consumo sino también, a su entorno, siendo la familia, el más próximo.

Desde una perspectiva antropológica y socioeducativa, posicionamos a la familia como comunidad primigenia donde la persona forja su personalidad y desarrolla su ser relacional. Aprende a interpretar el mundo exterior desde los valores, normas y creencias recibidas y a buscar su identidad personal y sentido de pertenencia.
La familia es única e irrepetible como lo es la persona y esa impronta se configura conforme a su capital. Cuando hablamos de capital familiar, nos referimos a las interacciones cotidianas que se circundan a las áreas afectiva, vincular y conductual, y hacen a la funcionalidad de su dinámica.
FUNCIONAL Y DISFUNCIONAL
Una familia disfuncional, en su afán de proteger y cuidar, sin saberlo ni desearlo, establece vinculaciones codependientes, sosteniendo la patología al quebrantar la adherencia al tratamiento y al asociarse a la conducta adictiva mediante silencios, justificaciones, ocultamientos y mentiras.
Por el contrario, una familia funcional arbitra sus medios para consolidar el tratamiento, fortalece la alianza terapéutica, genera cambios endógenos y maneja situaciones de crisis evidenciando disponibilidad en el proceso.










