El trabajo como articulador de la sociedad y la economía
La discusión por la reducción de la jornada laboral se presenta como una oportunidad para abordar, con seriedad, una cuestión que trasciende el mundo de las relaciones laborales. En caso de prosperar la iniciativa, los cambios impactarán también en buena parte de lo que rodea a ese gran articulador de la sociedad y de la economía, que es el trabajo.
En rigor, el debate por el tiempo que se debe dedicar a las tareas remuneradas no es una discusión nueva. A comienzos del siglo XIX hubo fuertes reclamos por jornadas extenuantes que ponían en riesgo la salud de los trabajadores. Pero no fue hasta el año 1919, cuando se aprobó el primer convenio de la Organización Internacional de Trabajo para limitar la jornada laboral, que el asunto ingresó, formalmente, en la agenda pública en varios países. En América Latina, los parlamentos de Brasil, México y Uruguay tienen en carpetas varios proyectos, y tal como ocurre en nuestro país, hay propuestas presentadas por distintos bloques políticos en el Congreso nacional. En Colombia, en tanto, se aprobó una ley que establece que, a partir del 15 de julio próximo, la jornada laboral se reducirá a 47 horas semanales, y posteriormente, a partir del 15 de julio de 2024, deberá acotarse a 46 horas cada semana. Y en Chile, el Congreso aprobó una ley que reduce la semana laboral, en forma gradual, de 45 a 40 horas en un plazo de cinco años. Por estas latitudes, a nivel provincial también hay interés por abordar la cuestión en el recinto legislativo, pero habrá que esperar un tiempo más para ver finalmente que pasa con esta iniciativa. Cabe recordar que en nuestro país la ley 11544, establece la jornada laboral legal en 48 horas semanales como máximo. Fue promulgada en 1929 por Hipólito Yrigoyen. La norma establece que la jornada de trabajo no podrá exceder las ocho horas diarias o, como se dijo, las 48 horas semanales. Hay que aclarar en este punto que están exceptuados los trabajadores rurales, empleadas domésticas o familiares del titular de una empresa.
A nivel global, la jornada laboral común es la fijada en ocho horas diarias, cinco días a la semana, es decir, con un total de cuarenta horas semanales. ¿Qué beneficios podría traer una reducción? Quienes defienden la iniciativa entienden que el cambio traerá aparejados beneficios como los que se observaron hace más de un siglo cuando se acordó reducir la semana laboral de catorce horas diarias, siete días a la semana. Desde este punto de vista, hubo mejoras en la calidad de vida de los trabajadores y, al mismo tiempo, aumentó la productividad de las empresas. Además, afirman, incentivará la generación de más puestos de trabajo, ya que la reducción de la jornada laboral permitirá el ingreso de más personas para cubrir puestos en distintas franjas horarias. Sin embargo, quienes son más cautelosos con los cambios propuestos advierten que las fórmulas que funcionaron en otros países no garantizan los mismos resultados en el nuestro, ya que la Argentina presenta particularidades que obligan a ir paso a paso, como por ejemplo el alto grado de informalidad laboral que, según algunas estimaciones, llega al 40 por ciento en todo el territorio nacional. En ese contexto, advierten, habrá que evaluar de qué manera se promueven políticas públicas para mejorar la situación de un amplio sector de la población económicamente activa que no tiene empleo formal y que realiza tareas en condiciones precarias. Por otra parte, están quienes proponen avanzar, pero de manera paulatina, de manera tal que se pueda evaluar y, de ser necesario, corregir lo que no funciona. Un informe realizado por Chequeado. com explica que entre 2015 y 2019, en Islandia se llevó a cabo una prueba piloto con empleados de la administración nacional y del Ayuntamiento de la capital del país, quienes pasaron a trabajar 4 días a la semana, reduciendo la jornada semanal de 40 a 35 horas. En ese caso, a los trabajadores se les pagó lo mismo por trabajar menos horas, y la productividad se mantuvo o mejoró.
El debate por la reducción de la jornada laboral debe tener en cuenta la necesidad de diseñar políticas de largo plazo y lograr acuerdos que permitan concretar reformas estructurales, sin olvidar que el trabajo es un elemento clave para la sociedad y la economía.










