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La mejor fuente de alimentación

La lactancia materna es muy importante tanto para el bebé como para la madre.

 La leche materna contiene todos los nutrientes que necesita el niño durante los primeros seis meses de vida, incluyendo grasas, carbohidratos, proteínas, vitaminas, minerales y agua, además de otras sustancias que lo protegen contra infecciones y alergias.

Los pequeños que se alimentan del pecho de la madre reducen en forma significativa el riesgo de morir antes del primer año de vida. En ese sentido, se estima que alrededor de un 20 por ciento de las defunciones de menores de un año de edad, podrían evitarse si se empezara a amamantar a todos los recién nacidos durante la primera hora de vida. Además, la lactancia materna ayuda a la madre a disminuir el riesgo de padecer presión arterial alta, diabetes tipo 2, cáncer de ovario y cáncer de mama, entre otras afecciones.

Vale destacar que la semana pasada se llevó a cabo en nuestra provincia una capacitación para la promoción de la lactancia destinada a profesionales de la obstetricia y de enfermería, organizado por el Ministerio de Salud con el apoyo de Unicef Argentina y Fundasamin. Allí se destacó la importancia de conocer cómo impacta la alimentación con leche humana en la tasa de fallecimientos de los recién nacidos de riesgo y de continuar con las acciones para la promoción de la lactancia materna con el fin de brindar una mayor protección a los bebés, especialmente a los prematuros y de bajo peso al nacer.

El inicio temprano de la lactancia y la lactancia exclusiva (se denomina así a la alimentación que consiste en que el bebé solo reciba leche materna y ningún otro alimento sólido o líquido a excepción de soluciones rehidratantes, vitaminas, minerales o medicamentos) durante los primeros seis meses de vida de un bebé previenen la muerte de los recién nacidos y los lactantes gracias a que la leche de la madre contribuye a reducir enormemente el riesgo de que el recién nacido padezca enfermedades infecciosas. Dicho esto, es necesario señalar también que tanto en los espacios de trabajo como en el ámbito familiar se tome conciencia de la importancia de este tema y se acompañe a la madre garantizando un espacio adecuado para la lactancia, que respete el derecho del niño a recibir una nutrición saludable en un marco de afecto. Los empleadores y los departamentos de recursos humanos de las empresas privadas y los organismos públicos también deben colaborar para que esto se cumpla, de manera que las cifras de lactancia materna no desciendan cada año. Vale recordar que en un relevamiento sobre mitos y creencias en la población que la Liga de la Leche Argentina realizó años atrás, reveló que la mitad de los mayores de 16 años que participaron de la encuesta en distintas localidades de nuestro país equiparó la leche materna con las versiones artificiales que están disponibles en las góndolas. ¿Por qué creemos que es una buena idea reemplazar la leche materna, que es el alimento más seguro para los chicos, por otro tipo de productos industrializados que no son tan seguros desde el punto de vista nutricional? Es probable que la falta de espacios tranquilos para que las madres puedan amamantar, las obligaciones que impone a las mamás el regreso al ámbito laboral tras la licencia por maternidad, la falta de información sobre las cualidades de la práctica de amamantar por lo menos hasta que el bebé cumpla los seis meses y, por supuesto, el bombardeo publicitario de las versiones artificiales, contribuyan, de alguna manera, a sostener aquella falsa creencia. Por eso nos sumamos a todos los esfuerzos que se hagan para promover la lactancia, aportando información clara y sencilla tanto a las madres como al entorno familiar, remarcando siempre la importancia de sostener la leche materna como alimento exclusivo de los niños durante los primeros 180 días de vida.

Está comprobado que la mejora del desarrollo infantil y la reducción de los costos sanitarios gracias a la lactancia materna también aportan beneficios económicos para las familias y, por consiguiente, para las comunidades que favorecen ésta saludable práctica. Es que además de aportar los nutrientes necesarios para que el niño esté protegido contra las enfermedades comunes de la infancia, la lactancia aporta beneficios a más largo plazo, como reducir el riesgo de sobrepeso y obesidad en la infancia y la adolescencia.

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