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En Quitilipi

Joven trans quiere ser intendenta para mejorar la calidad de vida de quienes viven en los barrios  

Por su experiencia de trabajo en un merendero la impulsa un partido vecinal. Es la segunda persona trans que se postula para conducir un municipio chaqueño. 

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Con 23 años, Nahiara Marlen Gauto quiere ocupar la intendencia de Quitilipi. Aún sin formalizar candidatura en una lista, propone mejorar las condiciones de quienes viven en los barrios.  

Trabaja en un merendero que pertenece a una fundación que conduce una tía.

El espacio es la fundación 10 de Junio "Unidos por la Igualdad", de Liliana Gamarra, y contiene además un comedor que se abrió hace poco. Ambos funcionan en dos barrios de la ciudad.

Hace una semana

"Quiero cambiar Quitilipi, que la gente sepa que es posible", plantea en diálogo con NORTE.

Una semana antes había llegado a Resistencia por la suspensión de pagos de renta mínima en su localidad. El reclamo la incluía junto a otras personas en situación de gran vulnerabilidad económica.   

La propuesta 

Nahir sostiene que es posible gestionar más fuentes de trabajo, que funcionen más áreas de salud, que las condiciones sean otras en los barrios, en las escuelas.

Por ejemplo menciona que hacen falta salitas de salud en los barrios, porque el hospital queda lejos para muchas familias.

La propuesta de postularse provino desde un sector de movilización popular, en Resistencia, como la agrupación Descamisados, de Quintín Gómez.   

Mala experiencia   

Al referirse a su historia, Nahir la resume en una palabra: triste.

"Desde la infancia y hasta los 18 años sufrí una barbaridad. En la calle siempre me decían cosas, me criticaban. Hasta los profesores se me reían en la cara. Fue muy feo", recuerda.

Por todos esos años se sintió agobiada por la discriminación y en el secundario tuvo que abandonar las clases por los malos tratos.  

"Me mantuve en el encierro, no sabía qué hacer. Me pasaban miles de cosas por la cabeza, hasta ganas de matarme, tenía".

Con contención 

Tiempo después agradece estar bien gracias a su mamá Liliana: "Siempre me dio fuerzas para salir adelante, siempre me acompañó y nunca me dejó sola".   

Otro paso contenedor fue asistir a una escuela de gestión social que le abrió las puertas para terminar los estudios.

Hoy, en otra situación dice: "Me lastimaron mucho y de pie puedo enfrentar (la discriminación) para decir basta. Quería demostrar a la sociedad que yo sí puedo seguir adelante".  

A partir de que más personas empezaron a ver su realidad, empezó a recibir un aprecio muy grande en el interior de los movimientos sociales. De esa experiencia es que convoca a otras que puedan necesitar una mano y les dice: "no están solas".    

Somos un partido de las organizaciones sociales que se están formando con los equipos vecinales.

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