María Ressa: "La extrema derecha global está creciendo gracias a las plataformas"
Trabajó durante años con Facebook, pero ya no se fía de las plataformas. Dice que las redes se instrumentalizan para difundir odio, enfrentar a la sociedad y manipular elecciones. Pide estricta regulación para esas empresas. - Por Blas Moreno*

María Ressa (Filipinas, 1963), periodista, fue galardonada con el Nobel de la Paz 2021 por su defensa de la libertad de prensa en su país. Fundadora del medio de comunicación Rappler, fue arrestada en múltiples ocasiones y todavía se enfrenta a varias causas abiertas en Filipinas con las que el gobierno intenta silenciarla.
—El apoyo a la democracia decae en todo el mundo, cada vez es más la gente que dice no le importaría vivir bajo una dictadura. ¿Qué papel juegan las redes sociales en esto, tienen las plataformas tecnológicas alguna responsabilidad?
—Sí, son como un fósforo arrojado sobre un montón de madera seca. Un acelerador. Déjeme que le hable sobre la tormenta perfecta que vive Filipinas. Los últimos gobiernos han apostado por una política económica liberal basada en la idea de que reducir impuestos a la clase alta beneficiaría a toda la sociedad. Pero la riqueza no se ha distribuido. Después de la pandemia los ricos se han hecho más ricos y los pobres, más pobres. Y cuanto más complicadas se vuelven las cosas, más ansias tiene la población para que llegue alguien que solucione sus problemas. (…) Creo que en parte se trata de la naturaleza humana: a medida que crece la complejidad, buscamos simplicidad. (…) Pero volviendo a la pregunta, la tecnología lo cambió todo. Es un acelerador, la chispa hacia el autoritarismo. Porque la manera en la que están diseñadas las plataformas han ayudado a los líderes autoritarios a llegar al poder por el voto. Alimentan el odio, la ira, el miedo, y cuando son elegidos por las urnas, destruyen las instituciones de la democracia. Pasó en Filipinas. Además, estos líderes se alían entre ellos. Hay quien lo llama Autocracy Inc, yo prefiero llamarlo cleptocracia, porque no es más que poder y dinero. (…)
—En su libro afirma que sin tecnología, Ferdinand Marcos Jr., el hijo del dictador, no habría ganado las elecciones en Filipinas en 2022.
—Sin las redes sociales muchas cosas no hubieran pasado, la historia no hubiera cambiado tan rápido. Habría hecho falta mucho más tiempo para blanquear el nombre de Marcos. Ferdinand Jr. lanzó su estrategia con mucha antelación, empezó con sus operaciones de blanqueamiento en redes sociales en 2014. Las redes son rapidísimas, pero la capacidad del ser humano de reconocer tendencias y responder es mucho más lenta, así que los cambios ocurren antes de que seas consciente de ello. Por si fuera poco, hemos visto cómo las redes se usan para ocultar las críticas sobre la erosión de los derechos humanos, la llamada guerra contra las drogas… Quien informara sobre ello en Facebook era silenciado, solo se escuchaban mensajes a favor de la guerra. (…) la sociedad civil es incapaz de responder ante esa combinación de miedo y efecto arrastre. (…)

—¿Diría entonces que la victoria de Marcos fue ilegítima? Al fin y al cabo la gente votó lo que quiso. Lo mismo podríamos decir de la victoria de Trump en 2016 o del referéndum del Brexit. ¿Qué marca la diferencia entre un votante que ejerce su derecho libremente y alguien manipulado?
— (…) La cuestión es por qué seguimos debatiendo sobre el impacto de las operaciones de desinformación, cuando hay tantas pruebas. Ya en 2018 el MIT demostró que las mentiras se difunden seis veces más rápido que la verdad. Es el mundo al revés. En el pasado, si una figura pública mentía y era descubierto, se le pedían responsabilidades. Hoy en día le preguntas a un político autoritario y lo niega todo, se escabulle, porque el ecosistema de la información lo permite. Este sistema recompensa las mentiras. No creo que sea una coincidencia que los políticos autoritarios y los líderes de las plataformas tecnológicas utilicen las mismas tácticas de negación.
—Años antes del asalto al Capitolio, incluso de la llegada al poder de Trump y del Brexit, usted informó a Facebook de estos problemas. No hicieron nada. ¿Podemos confiar en las plataformas?
— (…) la evidencia muestra que la primera motivación de estas empresas es el dinero, cueste lo que cueste, a pesar de todo el daño que puedan hacer a la sociedad, al ecosistema informativo, o a la democracia. Yo no lo entiendo, pero así es. No solo es Facebook. El investigador Jonas Kaiser, de Harvard, por ejemplo, demostró que el algoritmo de YouTube ayudó a traer a Jair Bolsonaro desde los márgenes de la política hasta ganar la presidencia en Brasil, juntando en una base de apoyo a los conspiranoicos y la extrema derecha. Las plataformas han entendido nuestra biología, nuestras emociones, y saben cómo hacer para que no paremos de hacer scroll. Vivimos en la economía de la atención.
—Llegó usted a decir que Mark Zuckerberg es el mayor dictador …
—Sí, lo he dicho, porque él tenía el poder de cambiar las cosas. (…) Pero cuando empezaron a publicarse evidencias de lo que estaba pasando, Facebook solo se rebautizó con el nombre de Meta e hizo retoques mínimos. Más allá de eso, nos ignoraron. En tanto, personas como yo recibíamos ataques en Facebook, cien mensajes por hora. La única explicación que me dio la compañía ante estos ataques es que yo era "una figura pública". Yo no sabía si reírme ante esa arrogancia ignorante. Por eso, en cierto sentido, Zuckerberg es más dictador que cualquier dictador de un país. Tiene acceso al mundo entero: hay 3.000 millones de usuarios en Facebook. Controla nuestras mentes y corazones, ¡es increíble! Y no tiene que rendir cuentas a nadie, tiene impunidad. (…)
—¿Cómo valora la gestión de Elon Musk en Twitter? No solo dirige la compañía personalmente, sino que está incentivando el regreso de cuentas suspendidas por propagar discurso de odio o desinformación…
—Extremadamente peligroso, sobre todo tratándose de Twitter, porque esta red era el mercado global de las ideas, donde los activistas lanzaban sus campañas. Cuando Musk tomó el control, dos campañas por los derechos humanos se vieron interrumpidas: una fue la de las mujeres iraníes en contra del velo. La otra, la de un preso político egipcio en huelga de hambre. (…) Unos pocos hombres ricos controlan grandes áreas de información a nivel global. Es casi como si le dieras al millonario dueño de una empresa farmacéutica permiso para probar drogas entre el público y después, cuando se descubriera que esos medicamentos han matado a un montón de gente, él solo dijera "ay, cuánto lo siento". No debería ser así. (…) ha pasado tanto tiempo, estoy tan sorprendida de que no se haya hecho nada… También podríamos compararlo con el lobby de las tabacaleras o incluso el cambio climático. El problema aquí es que los cambios nos están afectando en directo. Hay quien critica las propuestas de regulación tachándolas de censura. Lo que no entienden es que las tecnológicas ya censuran el contenido, ya han vuelto el mundo del revés. Y cuanto más tiempo dure esto, más rápido morirá la democracia. (…)










