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Historia de vida, charla con Gregoria Contreras

Elegir el campo antes que la ciudad: "Jamás abandonaré la tierra"

En el paraje Santa Rita, Pampa del Indio , trabaja en producción agroecológica y ganadería. "Seguiré laburando mientras tenga fuerzas", expresó.

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Gregoria Contreras, hace algunos meses, exhibiendo orgullosa junto a su familia el título de propiedad de su tierra.

Cuando comienza el alba, ella se levanta. Hace fuego y pone la pava para que se haga el agua caliente, que sirve para el mate o el mate cocido. Hace unos pasos y da de comer a los pollos. Luego se sienta junto a su compañero a tomar unos mates, mientras organizan las actividades de la mañana: mirar los animales, ir al campo y controlar la huerta.

La historia de la migración en América Latina y el Caribe en el siglo XX y principios del XXI es la de un éxodo masivo de las zonas rurales a las ciudades. En 1960, menos de la mitad de la población de la región vivía en las ciudades. Para 2016 esa proporción se elevó por encima de 80%. Hoy sigue creciendo.

Para Gregoria Contreras la tierra vale tanto como el aire, es su vida. Ella tiene seis hijos. ‘El más chico tiene 18 y el más grande tiene 40 años‘, cuenta en comunicación telefónica desde el Paraje Santa Rita, Pampa del Indio. Ella es nacida y criada en este lugar. Hizo toda su vida en ese entorno rural. No piensa en mudarse a la ciudad. A los 16 años se casó y siguió viviendo en el mismo lugar, donde nacieron sus hijos. 

Tierra viva

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Gregoria en una de sus plantaciones de maíz. Además produce algodón agroecológico y sementera baja.

Flamea en derredor un cielo tan ancho y profundo que es difícil alcanzar con la vista. Después de estos días de lluvia se abrió una acuarela entrañable, pletórica de energía de seres vivos del lugar. Hace poco, Gregoria Contreras logró el título del propiedad de sus tierras.


‘Cuando vivía mi papá dicen que le vendió el terreno a unos obrajeros. Pero le vendió el monte. No la tierra. Así que luché de forma dura para recuperar la propiedad de este suelo‘, cuenta y sus voz se desgrana lentamente, como si fuera acentuando cada palabra. ‘Hace unos meses recibí el título de propiedad. Este terreno hoy es mío y de mi familia‘, insiste. 


‘Adoro el campo y el trabajo del campo. Adoro este lugar. Lo cuido. Llevo toda mi vida en este lugar. Nací, me crie y formé mi familia en este entorno. Me casé y crecieron mis seis hijos en el campo. Jamás lo abandoné.  En 2004 tuve mucho apoyo de los vecinos y también de organizaciones sociales que me ayudaron a obtener el título de propiedad. Gracias a Dios y a mi Santa Rita, que me ayudaron‘, agrega.

Familia de agicultores 

Su familia siembra algodón, maíz, sementera baja. En la sementera baja entran zapallos, mandioca, batata, maní y todo lo que se planta en la huerta. Gregoria además tiene vacas, chivos, caballos, oveja, chancho, aves. 

Hoy Argentina no escapa al plan migratorio y muchos se mudan a la ciudad. El 80% de la población de América Latina vive en las ciudades y en sus cordones.  Gregoria, en cambio, insiste:  ‘Amo el campo‘.

‘Para mí es una alegría inmensa vivir acá y jamás abandonaré la tierra. A mis hijos les pido que nunca abandonen esta tierra. Les pido también que enseñen a sus hijos -a mis nietos- a que cuiden esta tierra. El día que ya no esté más en este mundo quiero que me sepulten acá. La tierra es mi vida‘. 

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"Todo lo que veo nacer del campo me gusta. Cuando volví a sembrar algodón para mí fue muy importante", expresó Gregoria.

Algodón


En la provincia del Chaco, desde el año 2017 un grupo de familias de Pampa del Indio y Presidencia Roca incorporaron a sus chacras la siembra de algodón sin uso de agrotóxicos. Allí nace la experiencia ‘No‘oxonec - Algodón de Frontera‘, con el objetivo de producir en forma amigable con el ambiente. "Empezamos en 2020 con los papales y la plantamos (la semilla de algodón). En 2021 fue la primera cosecha. Ese año nos fue muy bien. En cambio en estos últimos años la sequía nos afectó‘, explicó.


‘Todo lo que veo nacer del campo me gusta‘, cuenta y hace silencio. Entonces, en el grabador 
de voz, las palabras quedan resonando. ‘Todo lo que veo nacer del campo me gusta. Cuando volví a sembrar algodón para mí fue muy importante. Ver crecer el algodón en mi campo fue una alegría inmensa‘. 

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