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¿Quién le pone el cascabel al gato?

El ataque a un supermercado que pertenece al entorno más cercano de Lionel Messi volvió a poner el foco sobre una ciudad donde la tasa de homicidios duplica la media nacional.

El refrán popular utilizado en el título de esta columna ayuda a plantear una serie de interrogantes alrededor de la situación que vive Rosario con el crimen organizado.

Hay quienes opinan que el incidente que involucró al capitán de la Selección Argentina de Fútbol tuvo como objetivo generar (en un año electoral) un alto impacto en la opinión pública y no necesariamente chantajear a la familia de la estrella del deporte más popular en nuestro país. Cualquiera que haya sido el objetivo de quienes efectuaron los disparos y dejaron el mensaje mafioso, lo cierto es que el ataque reabrió el debate sobre el preocupante avance de los grupos narcos en la Argentina y, especialmente, en la mencionada ciudad santafesina que, sólo en enero pasado, registró 26 asesinatos relacionados con el narcotráfico. ¿Qué hay detrás de la impunidad para actuar que exhiben tanto los sicarios como los llamados "gatilleros" en Rosario?

¿Es posible que estos grupos violentos estén mejor organizados que el Estado y por eso pueden imponer su voluntad en las calles sin tener que rendir cuentas a nadie? El refrán popular utilizado en el título alude, por cierto, a la dificultad o imposibilidad de realizar algo. También hace referencia a la falta de voluntad para actuar en forma decidida frente a una situación peligrosa. Hay que reconocer que hoy se vuelve a hablar de este grave problema porque involucra a una persona con muy alto perfil, ya que en forma periódica ocurren hechos similares en Rosario con víctimas que no son conocidas por el público.

En mayo del año pasado, en un foro sobre narcotráfico que se llevó a cabo, precisamente, en la ciudad de Rosario con la participación de magistrados de todo el país, el juez federal Miguel Ángel Guerrero, de Eldorado, Misiones, observó que las organizaciones que operan al margen de la ley, en no pocas oportunidades ostentan mejor logística y mayor poder económico que las propias organizaciones de seguridad del Estado Argentino. En esa oportunidad, también hizo un llamado a adoptar medidas para evitar que en diez años el país tenga que enfrentar un problema "muchísimo más grave" que los que actualmente generan las bandas narcocriminales en aquella ciudad santafesina.

El juez de Misiones fue uno de los expositores en el encuentro nacional de jueces federales que se llevó a cabo con la presencia de los ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Allí se abordó la situación de la investigación y el juzgamiento de los delitos por narcotráfico. Su testimonio, aunque breve, fue el que reflejó con mayor realismo un flagelo que se extiende como una mancha de aceite por toda la región: se refirió, concretamente, al avance en la zona de la Triple Frontera de grupos delictivos trasnacionales vinculados al lavado de activos, la trata de personas, el contrabando y el tráfico de drogas.

Aquí, en nuestra provincia, también hay motivos para estar preocupados. El robo de aeronaves que, en menos de un mes, afectó a dos aeroclubes chaqueños confirmó que el problema se extiende como una mancha de aceite. Según la ONU, el tráfico ilícito de drogas sigue siendo uno de los negocios más rentables del mundo. Eso explica la gran capacidad de recursos que tienen las organizaciones criminales dedicadas a estos ilícitos para permear todo tipo de estructuras, generando economías paralelas al margen de la ley que, si no son controladas y erradicadas a tiempo, terminan diversificándose. Como advierte el especialista en este tema, Marcelo Bergman, los mercados ilícitos de drogas generan todas estas capacidades de organizaciones que empiezan haciendo dinero con la venta de drogas en los márgenes, pero terminan socavando toda la capacidad estatal de aplicar la ley. Es eso, justamente, lo que ocurre en Rosario y, muy probablemente, también por estas latitudes aunque sin llegar a los niveles de violencia que se ven en la ciudad santafesina.

Es de esperar que alguien, alguna vez, se anime a poner el cascabel al gato, pero sin caer en medidas demagógicas. El flagelo del narcotráfico trae aparejado una mayor violencia criminal y un índice más alto de muertes. Por eso se debe tomar el asunto con la seriedad que corresponde y actuar sin demoras.

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