Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°
Libros recomendados

Peripecias de una Gata

Autor: Brian Briz 
 Editorial: Librería de La Paz

"Sin dudas soy una gata ciega, porque solo veo oscuridad. Quizás no tengo ojos o se encuentren pegados, porque por más que intento abrirlos, mis esfuerzos son en vano. ¿En dónde estoy?".

libro.jpg

Así comienza esta emotiva narración, relatada desde el punto de vista de alma, que a partir de su nacimiento debe atravesar diversos percances en un mundo hostil y adverso para una pequeña felina.

Una tragedia imprevista la obligará a separarse de su madre y hermanos, terminando de esta manera aventurándose en las frías calles de la ciudad, donde sobrevivir se convierte en un gran desafío.

‘Peripecias de una Gata’ es una historia que tocará profundamente los corazones y nos hará replantear como sociedad sobre la importancia que tienen para nuestras vidas, las mascotas.

Brian Briz, nació en la ciudad de Resistencia (Chaco), es un escritor, novelista; además, técnico superior en administración y control de la hacienda pública (Fundación de la UNNE), abogado (Universidad Nacional del Nordeste), máster en dirección de marketing digital y comercio electrónico (Tech Universidad Tecnológica México), máster en tributación internacional, comercio exterior y aduanas (Tech Universidad Tecnológica México).

Participó en el equipo de conductores de un programa literario emitido por el canal 5TV y Radio Sudamericana de la provincia de Corrientes. Realizó cursos de derecho de familia, los que le permitieron interiorizarse de manera profunda en los temas sociales.

libro2.jpg

Autor de dos novelas, ‘Peripecias de una Gata’ y ‘Difuminado’; las dos fueron editadas por Librería de La Paz. El libro ‘Difuminado’ fue presentado con éxito en diversas Ferias del Libro, en las ciudades de Resistencia, Goya (Corrientes), Reconquista, Villa Ocampo, como así también en Asunción (Paraguay) y en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En Amazon España llegó a estar en la posición número 1 y también se vendió en Estados Unidos y Colombia.  Fue recomendada en el programa literario ‘Un Mundo Alucinante’, en el canal ABC de Paraguay. En Noticias Salamanca de España fue seleccionada entre los 10 mejores libros sobre Pobreza e Indigencia del año 2022. También, fue producto de amplio debate en un podcast internacional por críticos de América y Europa, nombrándola como ‘Obra Literaria Revelación’, por el tema tabú que narra sensiblemente qué es el suicidio. ‘Difuminado’ se incorporó al catálogo de libros disponibles en la Biblioteca Pública de Nueva York (New York Public Library), una de las bibliotecas más importantes del mundo y con más contenido de América.

Realiza talleres y charlas literarias junto al escritor José A. Chávez, autor de la antología de terror ‘Mujeres al acecho’, en establecimientos primarios, secundarios, terciarios y en bibliotecas; utilizando como medio a la lectura en voz alta de las producciones de los alumnos y de las obras de los escritores, con el firme objetivo de fomentar la literatura y reforzar la interacción. "Seguiremos apoyando de cerca a los estudiantes con las recorridas en los colegios de toda la provincia, porque a través de la literatura queremos poner nuestro grano de arena en los jóvenes, para escuchar sus producciones, generando valores y respeto entre todos, impulsándolos a que crean de lo que son capaces de hacer y animándolos a que luchen por cumplir sus sueños".

Su nueva novela ‘Peripecias de una Gata’, será presentada en el Domo del Centenario de la ciudad de Resistencia, el sábado 18 de marzo a las 19hs. en el marco de la Feria del Libro Chacú-Guaranítica 2023.

Pueden seguirlo en sus redes sociales: Instagram: @briangbriz, Facebook: BRIAN BRIZ – Escritor, YouTube: Brian Briz, Escritor, Creador de Sueños

Fragmento 

CAPÍTULO 1

Sin dudas soy una gata ciega porque solo veo oscuridad. Quizás no tengo ojos o se encuentren pegados, porque por más que intento abrirlos, mis esfuerzos son en vano. ¿En dónde estoy? Si hace solo unos segundos me encontraba nadando en un mar de agua viscosa hasta que por alguna razón me expulsaron de aquel plácido lugar. Probablemente, algo habré hecho mal para ser castigada de esa forma, pero pensándolo bien es imposible, porque no hacía nada solo flotaba y comía a través de un tubo que se encontraba incrustado en mi estómago.

Mis orejas perciben amortiguadas vociferaciones al unísono, muy similares a las que emito yo, a pesar de estar aún cubiertas con restos de ese extraño fluido. Evidentemente hemos sido varios los desterrados. Los siento muy cercanos, ya que estuvimos por un largo tiempo en el mismo sitio donde no llorábamos y todo era silencio. En cambio ahora, ya en la superficie, nos encontramos emitiendo sonidos ensordecedores que se esfuman con el aire que enfría nuestros cuerpos empapados.

Cuando pensaba que estaba a punto de congelarme, siento un cálido cuerpo que nos junta y nos abraza a todos alrededor de su vientre. La siento muy cercana también, era mi casa, sí, mi casa, pero del lado de afuera, ese dulce y maternal maullido ya lo había escuchado y me generaba mucha paz en mi ser.

De repente advierto como una rasposa franela recorre cada parte de mí, comenzando por la cabeza y haciéndolo reiteradas veces. Seguramente me veo muy graciosa al tener los pelos levantados como si una intensa ventisca me hubiera dejado este peinado exótico. Después sigue por el cuerpo con tamaña fuerza llegando hasta el punto de arrugarme la piel; yo intento liberarme, pero me vuelve a traer hasta donde está ella. En última instancia la cola, dejándola bien estirada como si fuera un bambú.

El enorme cuerpo se tumbó estrepitosamente en aquel cúmulo de harapientas telas. Con solo esa acción me comenzó a generar algo que jamás me había pasado. Dentro de mi estómago pareciera que tenía algún invasor metido. ¡Otra nueva sensación! Al parecer se presentaba el surgimiento de un hambre voraz. Así que, peleando y escalando sobre los demás expulsados, logré llegar al chichón que tenía aquella gigante (a la que yo llamaría cariñosamente mamá a partir de ahora). No dudé ni por un segundo en prenderme con ambas patas y succionar desesperadamente ese exquisito alimento, cual néctar de los dioses.

Aquel manjar se convirtió en mi fuente de crecimiento. Con el transcurrir de los días sentía como mi cuerpo iba mutando. En cada nuevo amanecer me volvía aún más ágil, y no sabría cómo explicarles cuando por primera vez abrí los ojos, quedé maravillada. Un sinfín de destellos de colores se hacían presentes ante mí, veía las diferentes formas y texturas, pero por sobre todo lo que me generó la mayor satisfacción fue ver el rostro de mi mamá, que no paraba de mirarlo por extensos periodos de tiempo porque a través de su mirada profunda podía ver su alma, la que denotaba pura bondad.

En una ocasión, le comenté que podía ver su alma, pero antes le hice prometerme que no iba a pensar que yo estaba loca. Recuerdo que me transmitió una tranquilidad y confianza extrema. A raíz de ello, me nombró Alma. Cuando lo oí, la alegría se apoderó de mí y di un salto de emoción. Haciendo honor a mi nombre y mi don, analizaba exhaustivamente a todos los que me rodeaban. Digo que es un don el de poder ver qué tipo de ser vivo se encuentra frente a nosotros, porque estoy convencida que en otra vida fui vidente o algo similar y con eso dejo aclarado que creo en la reencarnación. De igual manera lo hacía con Clara, la niña de cabellos rizados y aroma a rosas, cuando me cargaba entre sus brazos.  No podía dejar de observar sus ojos color almendra, por lo que, aunque pareciera una gran coincidencia, también se refirió hacia mí como Alma.

Cuando todos nos encontrábamos apilados como si fuéramos una gran montaña de expulsados, a lo lejos escuché que una puerta se abría con estrépito golpeando contra la pared. Solo a quien le recorra la furia por sus venas podía comportarse de esa manera. Los pasos en los que esas chancletas sueltas chocaban contra el suelo confirmaban mi teoría. Lo más tenebroso era que ese ser se acercaba hacia la pequeña morada que habíamos conformado.

En un momento en el que su andar enfurecido cesó, mi madre se levantó para pararse en frente nuestro y protegernos de aquel bravío demonio con aliento nauseabundo. La decrépita bestia emergida de lo más profundo del averno dijo con una voz ronca:

—Le advertí a Clara que, si esa peste se reproducía, yo misma me iba a encargar de solucionarlo.

Mamá con firmeza y desafiando a aquel espeluznante ser, se erizó completamente colocándose en posición de ataque y maullando enfadada como si fuera a devorarlo. Yo la observaba con atención porque sabía que algo andaba mal, sentía que era el momento de intervenir, pero mi cuerpo no se movía con facilidad, y mi tamaño no ayudaba tampoco, por lo que la alentaba desde mi lugar.

—¡Vamos mamá, tú puedes! —repetía reiteradas veces esperando a que ella me entendiera en medio de la contienda.

El malévolo demonio apenas se movía; ella lo seguía con su mirada penetrante, advirtiéndole que algo muy malo podría llegar a pasarle. No le dejaba que avance ni un centímetro, pero en un momento en el que se avecinó hacia nosotros, mamá no dudó ni un instante en saltar sobre esa cosa y atacarla con toda su furia, pero solo con un movimiento de un extraño objeto de madera que portaba en su brazo derecho, la bestia logró estampillar a mamá contra la pared dejándola inconsciente.

Tomando una palangana cercana a la que llenó hasta el ras de agua, babeando con cada palabra que emitía nos dijo:

—Se darán un baño todos juntos, pequeños gusanos.

Al terminar de decir eso nos introdujo en aquel recipiente de metal con agua congelada, por lo menos así lo sentí yo en ese momento. El inescrupuloso espécimen se alejó del lugar riéndose a carcajadas de lo que había hecho. Podría decir que hasta noté orgullo reflejado en su rostro.

Les soy sincera: admito que en ese momento no tuve miedo, es más, me sentía confiada de que podía sobrellevar la situación, ya que, si por un periodo extenso de tiempo estuve dentro de un líquido pegajoso, esto para mí sería pan comido. ¡Pero qué equivocada estaba! Comencé a desesperarme al no llegar a la orilla, pues mis esfuerzos eran en vano. Yo era demasiado débil y con muy poca habilidad para la natación, así que pensé que ese iba a ser mi fin, que iba a morir de la misma forma en la que había crecido: en el mar.

A diferencia de aquel lugar de donde provengo: cálido y repleto de amor, a este sitio lo sentía gélido y cubierto de odio.

No tengo más fuerzas para seguir, mis patas ya no se mueven por más que quiera y respiro con gran dificultad. Creo que ya es todo, hice lo posible para sobrevivir, fue lindo estar viva. Comienzo a desvanecerme. Mis fuerzas me abandonan, parece que este es el fin.

"¿Qué sucede?", piensa mi cerebro que está al borde de quedar inerte para siempre. Algo extraño estaba sucediendo. Siento fuertes empujones que provenían de uno de los expulsados, el más grande de todos nosotros, el que me superaba ampliamente en energías y por sobre todo en la voluntad de vivir.

Esa intrépida actitud, por alguien que estaba en la misma situación desventajosa que yo, me contagió las ansias por seguir respirando y sobrellevar esta adversidad. De este modo, levanté mí cabeza que se encontraba hundida en el agua, respiré hondo, y posicionándome hacia el frente, moví deliberadamente mis cuatro pequeñas patas hasta llegar al borde de la palangana y aventarme al vacío. Él también, detrás de mí, lo hizo de esa manera. Caímos sobre la tela en la que habíamos nacido.  Pero, "¿quién la habrá puesto ahí?", se generó en mí ese interrogante debido a que no se encontraba en ese sitio antes de que ocurrieran estos horrendos sucesos.  Era mi abnegada madre, que al ver que caeríamos de cabeza al suelo, siendo consciente de que era probable que no salgamos airosos de semejante impacto, acercó la manta para que no suframos daño alguno.

Al instante en que nos sujetaba fuertemente de nuestros lomos, escuchamos otro potente golpe de la puerta de acceso, pero esta vez con un sonido de calzados con base de madera. También se acercaba directamente hacia nosotros. En ese momento, lo primero que se me cruzó por la mente fue: "Sonamos, ahora sí que nos vienen a rematar".

—¿Qué hiciste? —gritó sollozando la joven de castaños y rizados cabellos.

—Hija, te dije que esto sucedería si no sacabas ese asqueroso animal preñado de mi casa, O acaso ¿pensabas que no iba a descubrir que la habías escondido? —preguntó la inescrupulosa mujer.

Por aquella respuesta comprendí que el demonio personificado en esa delgada anciana en realidad era la madre de Clara.

En medio del alboroto, mi mamá aprovechó para sacarnos de aquel horrible lugar, escabulléndose por una ventana que se encontraba entreabierta. Parecía un guepardo cazando a su presa de la forma en que velozmente corría, evitando cualquier obstáculo que se le atravesara en su camino.

Una vez que, a su entendimiento estuvimos a salvo, nos bajó y dijo:

—Quédense acá, espérenme que iré a traer a sus hermanos.

—¡Mamá por favor, no te vayas! —le supliqué con potencia para que me oyera, pero ella jamás se detuvo en su andar.

No pudiendo hacer nada al respecto me quedé sola junto a mi hermano —me enteré que lo era porque mamá lo aclaró— debajo de un contenedor de residuos, con la esperanza de que vuelva a nuestro lado.

—¿Será que la volveremos a ver?

Te puede interesar