Presencia argentina en el Continente Blanco
Se celebra hoy el Día de la Antártida Argentina para conmemorar la inauguración del observatorio meteorológico en la Isla Laurie, Orcadas del Sur, ocurrida el 22 de febrero de 1904.
Este hecho marcó el inicio de la permanencia ininterrumpida de nuestro país, a lo largo de más de un siglo, en la Antártida.
El Continente Blanco es el más austral de la Tierra. Con una superficie de 14 millones de kilómetros cuadrados, la mayor parte de ellos se encuentran cubiertos en forma permanente por hielos, lo que lo convierte en la mayor reserva de agua dulce del planeta.
Es importante recordar que nuestro país reivindica soberanía sobre el denominado "Sector Antártico Argentino" por la contigüidad geográfica y continuidad geológica con el territorio nacional. El reclamo, además, se apoya en otros otros factores como la instalación y ocupación permanente de bases antárticas y el desarrollo de actividad científica por más de un siglo, entre otros.
De los 49 países que conforman el Tratado del Sistema Antártico, la Argentina es el que tiene la mayor cantidad de bases permanentes y temporales de verano dedicadas a investigaciones científicas. La decisión de reafirmar la soberanía y asegurar la presencia de científicos argentinos en el continente antártico ha sido una de las políticas de Estado que, más allá de los sucesivos gobiernos nacionales, se han mantenido a lo largo de los años.
Así, desde que en 1957 la Antártida se incorpora formalmente dentro del territorio nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, que luego en 1990 fue declarado provincia, hasta la reconstrucción, modernización y puesta en funcionamiento del rompehielos Almirante Irízar, una pieza clave en las campañas al continente blanco, se fueron cumpliendo objetivos en el marco de una política antártica que debe fortalecerse, ratificando los objetivos del Tratado Antártico y manteniendo firme los derechos de soberanía del país en el continente blanco.
La Fundación Marambio, por su parte, recuerda que por una ley nacional se instituyó como Día de la Antártida Argentina el 22 de febrero de cada año, determinando que este día se debe izar la bandera nacional en los edificios públicos y se realizarán actos alusivos a los derechos de soberanía.
En 2017 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció a la Argentina sus derechos de soberanía sobre la plataforma marítima, lo que representa no sólo un fuerte respaldo en la disputa contra Reino Unido de Gran Bretaña por las Islas Malvinas, sino que además amplía el territorio nacional, permitiendo así que nuestro país reafirme sus derechos de soberanía sobre los recursos de su plataforma continental, es decir, sobre los recursos minerales, de hidrocarburos y especies que se encuentran en esa amplia zona que tiene una enorme potencialidad económica y que obliga a pensar también en la necesidad de fortalecer la posición de nuestro país en la reivindicación de soberanía sobre el denominado Sector Antártico Argentino.
En esta fecha hay que destacar también la importancia del nuevo mapa bicontinental de la República Argentina y sus espacios marítimos que aprobó y reconoció un órgano de expertos de la ONU y que ya es parte de la cartografía oficial del país.
Se trata de una representación gráfica que muestra la verdadera extensión de la Argentina, que va desde La Quiaca al Polo Sur, de manera que Tierra del Fuego queda así en el centro de todo ese espacio. Es que, cuando se piensa en el espacio que ocupa la Argentina muchas veces se piensa solamente en la superficie terrestre y se ignora la amplia zona de espacios marítimos que nos pertenece.
El nuevo mapa bicontinental con los espacios marítimos permite comprender la verdadera dimensión del territorio argentino y de las enormes riquezas que existen en toda esa superficie. También debe ayudar a valorar los esfuerzos realizados por varias generaciones de argentinos en el continente más austral del planeta. Al mismo tiempo, puede contribuir para que la ciudadanía en general y especialmente a nuestra dirigencia política a pensar un modelo de desarrollo y crecimiento que contemple también todo el potencial que ofrece el espacio marítimo en el que nuestro país puede ejercer sus derechos de soberanía a los efectos de la exploración, la conservación y el aprovechamiento de sus recursos naturales.










