Agenda energética
Argentina podría superar antes de 2026 el déficit de su balanza comercial energética, que el año pasado fue superior a 5.000 millones de dólares.
Todo depende de la capacidad de la dirigencia política para aprovechar el enorme potencial de Vaca Muerta en un momento en el que, todavía, el gas y el petróleo siguen siendo los pilares de la matriz energética mundial.
El informe "Exportar GNL: un marco regulatorio para el futuro" elaborado por los economistas Nicolás Arceo, Daniel González y Guido Zack para la organización sin fines de lucro Fundar y el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA) sostiene que la transición energética que se puso en marcha a nivel global y el conflicto en Europa del Este "suponen una oportunidad única para el desarrollo y aprovechamiento de los recursos gasíferos que dispone nuestro país, antes de que la misma transición determine una disminución sustantiva en la demanda de combustibles fósiles y de su participación en la matriz energética mundial". En otras palabras, sería imperdonable que no se comprenda que, si se hacen las cosas bien, el país podría convertirse en una de las pocas naciones con matriz energética competitiva.
Según el documento de Fundar e IDEA, hablar del potencial exportador del GNL en Vaca Muerta implica hablar de unos 27 mil millones de dólares anuales. Pero para aprovechar esta ventana de oportunidad, advierte el informe, se necesita un nivel de inversiones que no registra antecedentes en el país: solo para la planta de licuefacción y en las instalaciones asociadas se requieren alrededor de 15.000 millones de dólares. La buena noticia es que, en opinión de los autores de ese trabajo, el sector privado local, incluyendo a YPF, en sociedad con compañías internacionales, está en condiciones de conseguir el financiamiento y de construir y operar el proyecto. Otra buena es que, al parecer, tanto en las filas del oficialismo como las de la oposición nacional hay consenso en algo: Vaca Muerta debe estar en el centro de la agenda energética, ya que el volumen de los recursos que están en juego es de tal magnitud que puede contribuir a asegurar el abastecimiento de la demanda local y, como señala el documento citado, a precios razonables y sin cortes.
Para tener una idea de lo que eso representa para la población argentina basta observar lo que está ocurriendo en este momento en Europa a partir de la crisis energética que se desató por la guerra en Ucrania. Alemania se vio obligada a reactivar minas de carbón, la fuente más contaminante de los combustibles fósiles, mientras los precios de la energía se han disparado hasta alcanzar niveles que no registran antecedentes tras la invasión rusa a territorio ucraniano. En España las facturas de gas ponen en apuros a muchos usuarios que pusieron el grito en el cielo al ver que deberán pagar casi 1.000 euros por un mes de calefacción. En el Reino Unido, los precios de la energía alcanzaron máximos históricos, lo que obligó al gobierno a subvencionar los costos de todos los hogares y a conceder ayudas adicionales a los sectores más vulnerables de la población, según informó la agencia de noticias Reuters. Pero eso no es todo, la situación es tan complicada que no descartan la idea de poner en práctica una tarifa social para la energía de consumo doméstico. En Francia, el gobierno de Emmanuel Macron optó por avanzar con una serie de cortes de energía programados que afectarán a todos los servicios, con excepción de hospitales y cuarteles de bomberos.
Hay que recordar que el precio de la energía está directamente relacionado con el costo que implica la extracción del combustible, más lo que demanda procesarlo y distribuirlo. El sector energético es uno de los que más necesita políticas a largo plazo. Se trata de un sector que demanda grandes inversiones y cuyos resultados se obtienen a largo plazo. En ese sentido, el documento de Fundar e IDEA sostiene que (hablando de lo que se necesita en Vaca Muerta) una vez que están dadas las condiciones, concretar un proyecto de gran envergadura puede demorar entre cinco y siete años. Y agrega un detalle que no es menor: los beneficios no se van a percibir ni en la actual gestión de gobierno ni en la del próximo, lo que constituye una oportunidad única para que todo el arco político trabaje en función de un objetivo común.










