La segunda era de las máquinas
El mundo vive una época de cambio tecnológico acelerado, con extraordinarios avances en robótica, automatización e inteligencia artificial.
Según estudiosos del fenómeno, esta evolución -que algunos llaman la segunda era de las máquinas-, tendrá un fuerte impacto en los empleos tradicionales y en la economía de todos los países.
Alguien podrá decir que la preocupación por la posibilidad de que las máquinas reemplacen la mano de obra humana y destruyan el empleo no es nueva y tendrá toda la razón. El ludismo, por ejemplo, fue un movimiento de inicios del siglo XIX impulsado por artesanos ingleses contra el uso de máquinas en tareas industriales que redujo la demanda de trabajo humano y los salarios. El economista e investigador del MIT, Andrew McAfee, autor del libro "La Segunda Era de las Máquinas" observa que en los últimos dos siglos años siempre hubo cierta preocupación ante la sola idea de que el progreso tecnológico y la creciente automatización en distintos sectores de la economía terminen generando un aumento exponencial del desempleo a nivel global. Pero asegura que en esos 200 años ese pensamiento ha estado equivocado y observa que, aunque haya habido destrucción de empleos tradicionales debido a la tecnología y la automatización, se debe reconocer que al mismo tiempo hubo generación de nuevos puestos de trabajo que, en algunos sectores, amplio incluso la oferta de empleo. Sin embargo, McAffe advierte que es muy probable que el mundo haya llegado a un punto en el que cada vez se necesita menos mano de obra humana para mantener en pie una economía. En ese sentido, dice que ahora hay tecnologías que son capaces de hacer cosas que, hasta ahora, solo podían realizarlas los humanos: ahora hay robots que suben escaleras, saltan y se desplazan de un lado a otro sin dificultades. También hay máquinas diseñadas para conducir autos o responder a preguntas incluso mejor que seres humanos bastante preparados. En este último caso -dice el investigador- se pueden citar los ejemplos de sofisticados programas de Inteligencia Artificial que entienden cuando una persona les habla y reaccionan ante una pregunta. También se pueden mencionar máquinas preparadas para leer imágenes y diagnosticar enfermedades, algo que hasta hace poco se pensaba que era una cualidad exclusivamente humana.
McAfee cree que esta segunda era de las máquinas es muy positiva, porque tiene capacidad para proporcionar un mundo más abundante ya que el progreso tecnológico permite hacer más cosas con menos recursos. Pero no todo lo que reluce es oro, advierte y explica que no hay ninguna ley económica que diga que todos vayan a compartir en la misma medida esa nueva generación de riqueza. "Lo que se observa es que la desigualdad está aumentando en todo el mundo muy rápidamente. El desafío pasa por ponerse de acuerdo para decidir cómo compartir, cómo distribuir la riqueza que estamos generando. Porque en la primera era de las máquinas, el trato era que la gente se ganara la vida para poder acceder a las riquezas de la sociedad. Pero ahora no hay nada que indique que ese tema esté en el centro de la agenda", observa.
Para los estudiosos de este fenómeno, lo que está en riesgo son aquellos trabajos que consisten en hacer siempre lo mismo, de manera rutinaria. "Si hay algo que la tecnología ya hace muy bien es el trabajo rutinario, repetir muchas veces lo mismo de manera consistente", dice McAffe. Según un informe del Foro Económico Mundial, titulado "El futuro del trabajo", en 2025 se igualará el porcentaje de trabajos que desarrollan los humanos y el que realizan las máquinas. Actualmente, señala el documento, las personas realizan el 67% y las máquinas el 33%, pero en cinco años la proporción se igualará con un 53% para los humanos y un 47% para los robots. ¿Las máquinas inteligentes reemplazarán al trabajo humano? Por ahora no hay una respuesta única y contundente a este interrogante. Está claro que hasta ahora hay muchas máquinas que solo pueden funcionar si cuentan con ayuda humana. Pero eso está cambiando de la mano de los avances en robótica, inteligencia artificial y automatización que permiten que muchas tareas comiencen a ser ejecutadas en forma autónoma. Ante esta nueva realidad, es necesario adaptar la educación formal para poder hacer frente a estas transformaciones.










