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Estimular vocaciones científicas y tecnológicas

¿Los países que más invierten en ciencia lo hacen porque son ricos, o son ricos porque invierten en ciencia? La pandemia demostró la importancia que tiene la investigación científica en una economía global que basa la producción de riqueza en el conocimiento. Hacer frente a nuevos desafíos como la necesidad de generar energías limpias y renovables, de hallar mejores sistemas de almacenamiento de esos recursos, de desarrollar nuevas vacunas y producir alimentos más saludables requiere de más ciencia e investigación. Por eso es fundamental alentar en los jóvenes las vocaciones científicas y tecnológicas.

La Unesco remarca que invertir en ciencia, tecnología e innovación es fundamental para el desarrollo económico y el progreso social de los países. En la actualidad, observa el organismo, la investigación y los avances en el campo de las tecnologías contribuyen al progreso económico y social de las comunidades.

Hace pocos días, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) realizó, en el marco de un acuerdo de articulación público-privada firmado con una empresa láctea, el lanzamiento de una nueva línea de yogures con tecnología desarrollada por investigadores del Centro de Referencia para Lactobacilos, con sede en la provincia de Tucumán. Se trata de un producto que incorpora una bacteria láctica que refuerza el sistema inmune para prevenir o afrontar infecciones respiratorias e intestinales y contribuir a una mejora en la calidad de vida de la población. Este ejemplo demuestra la importancia de contar con profesionales con formación en ciencia y tecnología, y para eso es importante estimular las vocaciones relacionadas con estos campos del conocimiento desde edades tempranas.

El año pasado, la investigadora húngara, Katalin Kariko, reconocida por sus estudios sobre ARN mensajero, la tecnología utilizada en una de las vacunas desarrolladas para luchar contra el Covid 19, dijo que la crisis sanitaria que desató el virus Sars Cov 2 mostró el papel clave que desempeña la tarea de los investigadores en la sociedad y remarcó la necesidad de fortalecer los sistemas de ciencia y tecnología. "La ciencia debe ser apuntalada en muchos niveles", sostuvo. "La ciencia importa y los países deberían prestar más atención a la comunidad de investigadores", agregó la científica en una entrevista concedida a un canal de la televisión francesa que preparó un informe sobre la labor de biólogos, químicos, matemáticos y estadísticos, entre otros científicos, que sumaron sus esfuerzos para dar respuesta a los desafíos que planteó la pandemia.

Para algunos especialistas, la adolescencia es la etapa en la que se despiertan las vocaciones profesionales y por eso aconsejan que los docentes brinden información sobre las distintas alternativas de formación entre los 12 y los 16 años, aunque -claro está- nunca es tarde para promover el interés por una disciplina. Pero más allá de las edades, hay que decir que las aulas son el mejor ámbito para estimular la búsqueda de información, el trabajo en equipo y el uso del razonamiento lógico, aprovechando la curiosidad natural que tienen todos los chicos. Dicho de otro modo, el papel que desempeña la comunidad educativa es clave para estimular la curiosidad por la ciencia. En ese sentido, hay quienes sostienen que el camino a seguir no es otro que estimular vocaciones científicas a edad temprana, facilitando el acceso al conocimiento y, al mismo tiempo, fortalecer la formación de investigadores.

En una conferencia que brindó en la Universidad Nacional del Comahue, Carlos Eduardo Solivérez, autor del libro "Las tecnologías en Argentina: breve historia social", destacó la importancia de promover las vocaciones científicas y, a la vez, recordó que un sistema nacional de ciencia y tecnología debe tener por finalidad principal maximizar la satisfacción de las necesidades vitales de todos los ciudadanos: alimento, vestimenta, vivienda, salud, participación social y una buena comprensión del mundo.

En el nuevo orden que se configura a escala global, el desarrollo económico de un país y la prosperidad de sus ciudadanos dependerán cada vez más de su capacidad en materia de ciencia, tecnología e innovación. Basta observar las inversiones que en ese campo realizan las naciones más desarrolladas para comprender las razones por las cuales les otorgan cada vez más una mayor relevancia estratégica, a fin de asegurarse ventajas competitivas frente a los grandes desafíos que plantea el siglo XXI.

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