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Futuros posibles

Nadie sabe con certeza qué nos puede deparar el futuro. Pero, como alguna vez dijo Miguel de Unamuno, hay que procurar ser más padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado.

El año 2022 se despide y deja a nuestra sociedad el dulce sabor de la conquista lograda por la Selección Nacional de fútbol en Catar, un hecho que obró el milagro de, al menos por unas horas, hacer a un lado las confrontaciones y unir en un mismo festejo a millones de argentinos, algo que no se veía desde 1983 cuando se celebró en las calles el regreso de la democracia.

Se afirma que el dulce es uno de los cinco sabores básicos y prácticamente el único que es aceptado por todas las culturas como uno de los sabores que más placer causa al paladar. La sociedad argentina, que viene de sufrir una larga serie de fracasos colectivos entre los cuales la inflación y la pobreza son los más visibles, decidió por sí sola y sin que nadie la convoque salir a las calles a festejar el triunfo del equipo de Messi y Scaloni.

Una alegría desbordante recorrió el país de norte a sur y de este a oeste. Hubo festejos en la base Marambio, en la Antártida; en pueblitos de la Patagonia, en el interior chaqueño, al pie del Aconcagua, a orillas del mar argentino, en todas las capitales de provincias y, por supuesto, también en el Obelisco porteño.

Como si fueran millones de papilas gustativas, argentinos de todas las edades se dieron el gusto de saborear las mieles de ese triunfo deportivo, en un intento por dejar atrás, aunque sea por un momento, otros acontecimientos del pasado reciente que solo aportaron amarguras.

Y sí. El paladar también se cansa de tantos sabores amargos. Al fin y al cabo, padecer una pandemia, una inflación de casi el ciento por ciento, a un ejército de agoreros y a una parte de la dirigencia política que parece estar más a gusto con dinamitar que construir puentes, bien justifica un rato de genuina alegría popular. Ojalá que toda esa alegría sirva para construir un futuro mejor, con un país verdaderamente federal.

La tarea no será fácil. Es necesario realizar un ejercicio de reflexión sobre lo que nos pasa como sociedad, revisar creencias y dejar de lado algunos dogmas. Hacernos cargo de la construcción de ese futuro que comienza, al menos simbólicamente, dentro de pocas horas, con el primer día de enero de 2023.

Debemos, como dijo Unamuno, procurar ser más padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado. El sociólogo Lucas Rubinich, autor del libro "Contra el Homo Resignatus". Siete ensayos para reinventar la rebeldía política en un mundo invadido por el desencanto, plantea preguntas para intentar entender cómo se construye lo que denomina "el sentimiento de inevitabilidad" que parece predominar actualmente en la sociedad argentina, la misma sociedad que -advierte - vivió durante casi 100 años un proceso de movilidad social ascendente, llegando a la década del 70 con un amplio sector de la población alfabetizada, con un mercado de trabajo prácticamente sin desocupación y con un bajo nivel de pobreza.

Poco más de cuatro décadas después de aquella imagen que mostraba una sociedad con un reparto más justo y equitativo de riquezas, en la Argentina de hoy se habla de la imposibilidad de incluir a esa enorme porción de la población que vive en condiciones de pobreza.

En ese sentido, Rubinich cita una reflexión de Rolando García, quien fuera decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires entre 1957 y 1966, expresada en una conferencia que brindó en 2006, para referirse a las relaciones de fuerza que existen en todas las sociedades: "Me han dicho que esto no es posible, que aquello no es posible. Desde mi perspectiva epistemológica, lo posible es una construcción. Si uno acepta la definición de lo posible que está dada en el presente es la definición de lo posible dada por los otros; uno tiene que construir su propia definición de lo posible. Las relaciones de fuerza no son inmutables. Las relaciones de fuerza son un estado y, por lo tanto, se construyen".

Hay muchos futuros posibles. De nosotros, como sociedad, depende que recuperemos el entusiasmo para elegir qué caminos tomar y qué forma dar a ese porvenir, que debe comenzar a construirse hoy mismo.

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