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La experiencia de un viñedo al resguardo del monte chaqueño

Vino chaqueño con sabor a monte. Desde Colonia La Matanza nace una alternativa interesante y ecológica. "Es bueno observar cómo la vitivinicultura se va expandiendo hacia cada uno de los rincones del país", dice Guillermo Corona, productor que elabora vinos en pleno centro de esta provincia.

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En el corazón del Chaco, en colonia La Matanza, el monte resguarda la experiencia de media hectárea de vides

SÁENZ PEÑA (Agencia).- La vitivinicultura tiene su lugar característico en el país pero en la actualidad "hay plantaciones de vides en veinte de las veintitrés provincias" y el Chaco tiene escondidas en La Matanza, protegidas por el monte chaqueño, plantas de cabernet, malbec, bonarda, merlot, torrontés y alguna que otra variedad más.

El adentrarse en una colonia que fue algodonera, como cuentan las historias de las chacras de La Matanza, puede deparar gratas sorpresas. La zona, a 40 kilómetros al noreste de Presidencia Roque Sáenz Peña pero ya pisando el departamento de Maipú, tiene el desarrollo de algunos emprendimientos que no son típicos del lugar. En la recorrida, protegido por el monte chaqueño y atravesando dos tranqueras, aparece un viñedo. El paisaje es atípico. El monte, con árboles que son intocables, cobija media hectárea de variedades blancas y tintas para la producción de vino y otras, las menos, para fruta de mesa.
La plantación pertenece al hijo de un inmigrante checo cuya actividad principal está en la ciudad, habiendo iniciado la experiencia hace cinco años "como hobby, como un cable a tierra". El lugar, en el que la paz es absoluta ya que la telefonía pierde totalmente la conectividad, tiene una belleza que puede ser extraña para muchos a pesar de la sequía que este año golpeó fuerte. El anonimato es por ahora la preferencia del dueño de esas vides protegidas por la añosa flora chaqueña.

CON SABOR A TERRUÑO CHAQUEÑO

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En los finales del 2021 las vides comenzaron a entregar frutas en cantidad y de los líneos se cosecharon racimos de dos kilos "y más". La maduración fue óptima y pareja, siendo la variedad "cabernet sauvignon" la que menos adaptación logró. La "vendimia" fue buena y las variedades tintas tuvieron como destino la producción de vino. El producto logrado fue un blend que luego de seis meses de procesos tuvo una positiva devolución de los someliers que lo probaron. Resultó un vino joven "que seguramente tiene errores por corregir, pero es un producto agradable, con identidad".

En la campaña 2022 la sequía dejó consecuencias y la producción que comenzó a cosecharse en el inicio de la segunda quincena de diciembre dejará menos kilos, "pero el sabor de las uvas se potenció". La falta de humedad disminuyó el potencial de rendimiento al quedarse el dueño del lugar sin agua para el riego y con pérdidas también por la presencia de pájaros, situaciones que no impactaron en la producción del año pasado. De todos modos, de lo que se obtuvo "ya está en marcha el proceso de producción de un bi-varietal tinto y otro blanco".

EXPANSIÓN VITIVINÍCOLA

"Es muy interesante observar cómo la vitivinicultura se va expandiendo hacia cada uno de los rincones del país", definió Guillermo Corona. Este mendocino es profesional con título de Geofísico, trabaja en la industria petrolera desde hace más de 14 años y es también quien lleva adelante Geografía del Vino Argentino (@geografiadelvino), una cuenta de Instagram que nació hace cuatro años.

"El Chaco me sorprendió cuando tomé conocimiento, el año pasado, que había un viñedo y estamos muy expectantes de lo que resulte de esa experiencia", refirió Guillermo Corona. El lugar sorprende por las condiciones tan diferentes que se tienen en comparación con la región vitivinícola del país, pero no hay que olvidar que el primer viñedo de Argentina se desarrolló en Santiago del Estero, en cercanías de lo que es hoy la capital provincial.

En la actualidad, la provincia que tiene a la Madre de Ciudades cuenta con el desarrollo, a 40 kilómetros de Santiago capital, de un viñedo que logra vinos "muy decentes, sin defectos, en un lugar alejado de todas las características ideales para un viñedo".

IMPRONTA LOCAL

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Los que gustan de la bebida nacional consideran que "todos los lugares de Argentina tienen su impronta y características distintivas y un error común es el de tratar de copiar lo que se hace en Mendoza o San Juan, pero lo ideal es que tenga el producto la identidad del lugar". "La enología en los procesos suele querer hacer parecer un vino de un terruño y de otro, lo que no se puede lograr al cien por ciento, pero la gracia está en ir a una región y probar un producto que tenga el sabor del lugar, no que se parezca a uno de Mendoza", mencionó el mendocino que recorre el país buscando viñedos.

La expansión, incluso en zonas tropicales o subtropicales, de plantaciones de vides, es la consecuencia tal vez de "un poco de la locura por el vino y la necesidad de algunos de encontrar un cable a tierra".
En la comparación, vale mencionar que en los Estados Unidos de Norteamérica los 50 distritos tienen viñedos y "los 50 estados producen vinos". "Esa misma expansión se está dando hoy en Argentina, siendo obvio que el mayor conocimiento sobre la producción vitivinícola se encuentra en las zonas tradicionales, y cuando nos movemos de esas regiones, identificadas con el vino argentino, es claramente más difícil cultivar las vides", refirió el mendocino, de profesión Geólogo pero con mucha sapiencia sobre las uvas y el vino.

PASIÓN POR EL VINO

En esas nuevas áreas que comienzan a tener plantaciones de vides "es mucho más difícil desarrollar el cultivo y la posterior elaboración de vinos porque no tienen entrenamiento, no son enólogos, no hay disponibilidad de agrónomos especializados". "No es lo mismo manejar un viñedo en Mendoza que naturalmente es una zona seca, sana y en la que no proliferan las enfermedades que atacan a la vid, a conducirlo en un lugar húmedo y con calor, en el que están dadas las condiciones para que los hongos se hagan un festival", aclaró el autor de la "Geografía del Vino".

"Son nuevas áreas, más alejadas, en las que el recurso humano especializado cuesta encontrarlo y que, por la naturaleza, son más complicadas para desarrollar un viñedo, pero todo eso no ha detenido a personas que se decidieron a plantar variedades tintas y blancas para la producción de vino", mencionó. En la actualidad "existen viñedos en veinte de las veintitrés provincias argentinas, un número que jamás se lo imaginó para el país".

CONTRA TODO PRONÓSTICO

Los que saben de vitivinicultura dicen que "es muy difícil que una persona que no se dedique al vino, en un lugar nuevo, haga un vino que pueda gustar". "El vino está lleno de cientos de pequeños detalles que hacen que el producto final sea muy bueno, entonces cuando uno va a un lugar y de un par de productores toma un producto que está muy bien es para sorprenderse y comprender que, más allá de la capacidad que tenga el productor, en las características manda mucho el lugar, el terroir", indicó Guillermo Corona.

En la explicación detalló que "en Humahuaca, con las diferencias de altura dentro de la quebrada que van desde los dos mil hasta los tres mil metros, los vinos adquieren una expresión muy particular del lugar, no se parecen a la bebida de ninguna otra zona". "La misma experiencia se logra con los vinos que se obtienen en Córdoba, en la región de Traslasierra, con viñedos plantados en altura y de los que se obtiene un producto de mucha calidad, principalmente en syrah y malbec", agregó.

En la novedad, "otra región que está produciendo muy buenos vinos es la costa bonaerense, la zona de Mar del Plata hasta Bahía Blanca, donde las bajas temperaturas no permiten una buena maduración del malbec pero sí sorprenden con la calidad de los varietales blancos". "En la prueba de los vinos de esos lugares nuevos uno se sorprende gratamente", confesó.

"Cuando nos alejamos de Mendoza lo que se ve en esos proyectos chicos, alejados del área vitivinícola, es que pueden estar dominados con defectos al momento de producir el vino, entonces cuando uno prueba un buen producto de zonas tan alejadas que deben afrontar muchos inconvenientes, es un gran logro de los productores la obtención de un vino sano, lo que es impagable", definió finalmente Guillermo Corona.

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