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El primer error de Elon Musk en Twitter puede ser el último

"Obtenga Twitter Blue por u$s 7,99 al mes si se registra ahora", decía hace unos días la actualización ofrecida por la red del pajarito para Iphone y Android. 

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Trump.jpg: “Es por esto que el plan de Elon Musk no funciona”, dice el falso Donald Trump, cuya cuenta fue vetada en la red del pajarito.

Se trataba de la posibilidad de tener una "cuenta verificada" por encima de la tradicional suscripción de u$s 5 con funciones premium. El nuevo dueño de la compañía Elon Musk pretendía así subir los ingresos, garantizando la veracidad de lo publicado por cada cuenta "Blue". 

Hasta ese momento, la verificación era gratuita y servía como prueba de autenticidad para las cuentas de usuarios como políticos, gobiernos, periodistas, celebridades y deportistas. La actualización también tenía otros beneficios mencionados por Musk, como la capacidad de publicar videos y mensajes de audio más largos.

Pero algo salió mal.

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El anuncio de la liberación de la Insulina patentada por Eli Lilly ilusionó al planeta. Fue demasiado, y “Twitter Blue”, una de las peores ideas que haya generado Internet en los últimos tiempos, desplomó las acciones de la red social.

Pagar y ser quien quieras

Lo que Musk en su afán de hacer dinero no previó es que cualquiera que pagara los u$s 8 podía hacerse de una cuenta "oficial", una bandeja de oportunidades servida para estafadores, trolls y bromistas.

Compañías como Nintendo, la farmacéutica Eli Lilly, o la propia Tesla que dirige Musk, vieron cómo usuarios que compraron el "tick" azul de verificación se hicieron pasar por ellos durante horas, hasta que sus cuentas eran suspendidas.

En el caso del Laboratorio Eli Lilly es emblemático y muestra cómo hay mucha resistencia a la avaricia de las grandes empresas, en especial las farmacéuticas. Una cuenta falsa que se hacía pasar por Eli Lilly & Co y registrada bajo el sistema "Blue" de Twitter tuiteó: "Estamos emocionados de anunciar que la insulina ahora es gratis". El tuit hizo que las acciones de Eli Lilly cayeran bruscamente decenas de millones de dólares en puntos porcentuales según Investor's Business Daily. 

"Pedimos disculpas a quienes recibieron un mensaje engañoso de una cuenta falsa de Lilly", dijo la compañía, reiterando el nombre de su cuenta de Twitter. Eli Lilly no es inocente; se había enfrentado previamente a un escrutinio por los precios de la insulina, luego de informes que revelaron que algunos estadounidenses estaban almacenando el medicamento porque no podían pagar más.

Nintendo, Lockheed Martin, las propias empresas de Musk, Tesla y SpaceX, también fueron suplantadas, así como las cuentas de varias figuras deportivas y políticas profesionales.

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El gráfico muestra la abrupta caída de las acciones de Eli Lilly tras el falso anuncio de que el laboratorio iba a liberar para la humanidad la insulina, cuya patente le pertenece.

La lección de Trump

Otro usuario decidió crear una cuenta de Twitter verificada tras el pago de u$s 8, pero falsa, haciéndose pasar por el expresidente de los EEUU, Donald Trump, a quien se le prohibió el acceso a la plataforma por su papel en el ataque del 6 de enero al Capitolio en Washington. 

Pero en lugar de escribir tuits falsos como Trump, el usuario creó la cuenta para subrayar cómo la decisión de Twitter de vender el acceso a la marca de verificación azul podría explotarse fácilmente. "Es por esto que el plan de Elon Musk no funciona", tuiteó la cuenta.

Comprar para quebrar

Fue una práctica común en la época más feroz del capitalismo de los ´80/´90: comprar empresas a valores absurdamente elevados para despedir empleados, llevarlas a la quiebra y ganar el doble con el desguace o venta de activos y derechos de propiedad intelectual -según sea el caso.

Muchos se preguntan por qué Elon Musk, un empresario que debe gran parte de su éxito a los subsidios estatales por el desarrollo de energías limpias, compraría Twitter en u$s 44000 millones para despedir al 50% del personal y anunciarles al resto que están al borde de la quiebra. El multimillonario había enfatizado en un correo a los empleados de la empresa que era urgente generar ingresos.

Dijo que si no lograba aumentar los ingresos por suscripción para compensar la disminución de los ingresos por publicidad, era difícil sobrevivir a la próxima recesión económica. 

La primera reacción puertas adentro fue la renuncia de los principales directivos, como Yoel Roth, quien supervisó la respuesta de Twitter para combatir el discurso de odio, la desinformación y el spam en el servicio. También renunciaron la directora de seguridad de la información, Lea Kissner; el director de privacidad, Damien Kieran; y la directora de cumplimiento, Marianne Fogarty. Roth y Wheeler no respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios. Bloomberg y el sitio de tecnología Platformer informaron primero de las salidas. 

Musk, que se movió de forma despiadada tras hacerse cargo el 27 de octubre, indicó que la compañía está perdiendo más de u$s 4 millones al día, en gran parte porque los anunciantes comenzaron a huir una vez que él se hizo cargo. Musk ha cargado a Twitter con una deuda de u$s 13.000 millones, por la que tiene que pagar intereses por casi u$s 1.200 millones en los próximos 12 meses. Los pagos superan el flujo de caja más reciente de Twitter, que ascendía a u$s 1.100 millones a finales de junio. 

Y ahora, con el desastre de las cuentas falsas, sucede lo que siempre pasó en un sistema tan fuertemente capitalista; nadie quiere ser el último en cerrar la puerta y apagar la luz y se empiezan a bajar del barco.

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