El auto que de verdad revolucionó la técnica
Es una "verdad" que nadie discute que Henry Ford adaptó el sistema de producción en serie a la industria automovilística, pero no es así, de hecho fue Oldsmobile, y también se da por sentado que el primer auto con carrocería autoportante (sin chasis) fue el Chrysler Airflow, pero tampoco fue así.
El primer auto en usar lo que hoy llamaríamos monocasco fue el Lancia Lambda, que también estrenó otro avance: la suspensión independiente. En 1922, hace justo un siglo, Lancia presentaba un nuevo modelo al mundo y lo bautizaba con la undécima letra del alfabeto griego, Lambda.

El desarrollo del nuevo modelo de Lancia fue todo un alarde de ingenio por parte de los técnicos italianos, que presentaron un coche con una construcción completamente diferente a todo lo que se había hecho hasta entonces.
De no ser por las revolucionarias ideas del Lancia Lambda, hoy seguiríamos conduciendo básicamente camiones ligeros.

El Lancia Lambda no solo fue el primer automóvil fabricado sin un chasis independiente, sino que su propia carrocería hacía de chasis, lo que se conoce como chasis autoportante o monocasco, y que es el concepto con el que se fabrican aún hoy todos los automóviles (salvo algún 4×4 o unas pocas pick-ups) después de 100 años.
No fue su carrocería autoportante lo único revolucionario en el Lambda, también tiene el honor de ser el primer automóvil con suspensión independiente en el eje delantero.

Gracias a estas dos innovaciones, el Lancia Lambda dio un salto cuántico en confort, seguridad y respuesta dinámica. En gran medida, con él empezó el automóvil moderno.
EL MONOCASCO
Antes de la llegada del Lancia Lambda, los coches eran básicamente dos vigas de acero a las que se atornillaban el motor, los ejes y la carrocería.
Esto hacía que los coches fuesen altos, pesados, torpes y, además, que todos tuviesen que ser descapotables, puesto que las carrocerías cerradas se desajustaban y las puertas dejaban de cerrar con los traqueteos sobre los chasis, ya que la carrocería no tenía la rigidez suficiente y los chasis y suspensiones maltrataban a los carrozados que generalmente eran hechos por encargo por algún ebanista.

Lancia desarrolló una nueva forma de construir los automóviles. En lugar de vigas de acero y una carrocería atornillada sobre éstas, el Lambda se hacía sobre unas secciones de acero que, además de dar forma a la carrocería del coche, estaban diseñadas de manera que proporcionaran rigidez suficiente como para poder sujetar directamente a esta estructura toda la mecánica, ejes, suspensiones, etc.
De golpe y porrazo los coches perdieron casi el 30% de su peso, dejaron de tener unas carrocerías a medio metro del suelo y, además, sus carrocerías eran mucho más robustas, mejor acabadas y ajustadas.

Esta forma de diseñar el coche se parecía a cómo se hacían los fuselajes de los aviones, y en 1922 fue una absoluta revolución.
SUSPENSIÓN REVOLUCIONARIA
Antes del Lancia Lambda, la verdad es que los automóviles eran básicamente carros de caballos en los cuales se reemplazaban los equinos por motores de combustión, pero sus suspensiones y las ideas básicas en ellos eran fundamentalmente las mismas.
Las dos ruedas del mismo eje estaban unidas directamente y sus movimientos repercutían en ambas mutuamente.
En Lancia pensaron que no tenía sentido aquello e idearon una forma de independizar los movimientos verticales de las ruedas de un lado y del opuesto. Cada rueda iba montada sobre un pivote con un resorte cubierto por una funda metálica que permitía recorridos verticales independientes en cada rueda.

Acababan de inventar la suspensión independiente. De inmediato estuvo claro que esa era la forma de diseñar un buen coche.
No solo se mejoró el confort, también la dirección, el agarre de las ruedas delanteras y la seguridad activa.
La cosa no quedó ahí, también desarrolló un nuevo sistema para reducir la brusquedad de la suspensión al comprimirse y extenderse, con un nuevo sistema de amortiguadores.
El Lancia Lambda se mantuvo en producción desde finales de 1922 hasta 1931 y tuvo un relativo éxito comercial en su época, vendiendo algo más de 11.000 ejemplares en unos años en los que los automóviles eran un lujo al alcance de muy pocas economías.
VÍCTIMA DE LA ECONOMÍA
Una de las pocas cosas que se criticaron del Lambda fueron sus prestaciones y su lujo. El coche era tan bueno que pedía una vuelta de tuerca más y Lancia respondió a esos clientes más exigentes presentando el Dilambda en 1929.

Básicamente era una versión potenciada del Lambda, con los mismos principios de construcción, pero con un motor de 8 cilindros con 4 litros y 100 CV de potencia que le permitían llegar con cierta facilidad a los 120 km/h, una velocidad notable para la época.
Por desgracia, apenas unas semanas después de su presentación en el Salón de París, en octubre del ‘29 tendría lugar el inicio del fatídico Crack del ‘29, lo que provocó la ruina de muchos de los clientes potenciales del nuevo modelo, del que apenas se fabricarían más de 1.600 ejemplares antes de poner fin a su producción en 1935.










