Adolfo "Razachaco" Cristaldo: "yo no soy ni negro, ni morocho, soy color América"
Nació en Puerto Tirol el 9 de septiembre de 1918. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Nacional del Nordeste y en la Universidad de Tucumán.

Desde 1962 se radicó en Trelew, Chubut, donde vivió más de dos décadas: "Es una satisfacción pensar que se está a tanta distancia del Chaco y se continúa editando Razachaco" dijo cuándo presentó la tercera edición del clásico en nuestra ciudad. "Lo atribuyo a una política de apoyo a las ediciones que se da en esta provincia, realidad que no existe en otras, incluso en otras que tienen más raigambre". Es que Cristaldo, con un solo libro, y con un solo poema, sintetizó las innumerables aristas de nuestra composición cultural y étnica con una claridad meridiana que, seguramente, se incrementará con los años.
Razachaco se editó por primera vez en 1972, por segunda vez en 1976 y así sucesivamente hasta la quinta y última edición el 31 de marzo de 1997.
Con la observación, "El negro" no solo celebraba el tercer ingreso a la imprenta de su gran poemario sino el estar nuevamente entre los suyos.

En esa tirada el libro contó con el prólogo de otro gran poeta, Alfredo Veiravé, quien magistralmente lo describía: "El Negro Cristaldo, es un mar de impulsos, creador de la poesía oral, no proviene de otros libros sino de una vida poco usual en la responsabilidad de los que son libres. Vida usada por los hombres con poca frecuencia, por temor, por falta de fe, por esa condescendencia de empleado público que tenemos".
Un hombre de esos de los que sí podríamos decir que son "viva moneda que nunca se volverá a repetir". "Es más un hombre que un libro, ya que la palabra para él es la voz de la poesía convertida en música y en salmo que provocaba en el oyente una comunión de almas y destinos, como en una era arcaica en la cual el poeta era el intérprete de la tribu, el aedea, el vidente, el demiurgo, el convocador de un lenguaje con sentido mágico que no necesita de códigos extraños para ligar (re-ligar) unir a todos"; y más allá del prólogo, el recuerdo del Negro "...que utilizó durante años esa simpatía con el mundo, su garganta, su presencia dionisíaca... y se introdujo en el mundo de los tobas, mocovíes o matacos, en el monte donde se oye el sapucai de su tata correntino, en los cuentos del fogolar materno, en las nostalgias de los inmigrantes friulanos que poblaron el Chaco, en las convicciones del amor, para transmitir sus miedos y sus alegrías" y agregaba: "Vaticino y estoy seguro de testimoniarlo en su obra futura, que nos dará la gran poesía epopéyico que el Chaco está guardando".
Pero no será su historia biográfica lo que nos quedará como legado sino ese preciado puñado de poemas que huelen al monte más cerrado, que suenan como los ecos perdidos de los sapucais, esos que conoció de niño: "al sapucai lo escuché por primera vez cuando llevaba la merienda a mi padre, quien estaba en el monte, derribando quebrachos", contó alguna vez.
"Sentí el estremecimiento de ese grito con que los hacheros anuncian a sus compañeros que el árbol, con sus siglos de ardiente madera, va a caer".
Los que disfrutaron de encuentros con "el Negro", recuerdan su increíble capacidad para hablar poemando, como si la vida se sucediera en estrofas de incansable belleza.
Razachaco

Tú me preguntas, carita llena de mirar verde, qué es razachaco.
No te lo dice toda la selva que en mis adentros, mientras te miro, se está incendiando. Monte, río, grito, hachazo.
Sangre—grito, Grito—macho. Nos caminan la sangre cantares tobas, designios gringos, soñar mataco.
En crisoles razachaco fúndense los eslavos, los guaranies, tobas, friulanos.
Razachaco: pueblo lapacho, fibra algarrobo, temple quebracho.
Tuve la suerte de compartir charlas con el "Negro" Cristaldo, ya que este era muy amigo de mi viejo, y en viajes a Buenos Aires (donde residió sus últimos años) nos encontrábamos para cenar en el famoso restaurante "Pepito", frente a ese maravilloso rincón que es el Paseo de la Plaza. Realmente, escucharlo era como palpar al hombre chaqueño (aunque tan alejado de su pueblo); describía al ser chaqueño de una forma tan natural que lo transportabas a su piel y él era el verdadero "Razachaco".
Falleció el 30 de octubre de 2004, a los 76 años, en Buenos Aires. Al fallecer estaba casado con Berta Krasnoselsky con quien compartió los últimos 40 años de su vida. Sus restos descansan en el cementerio de Casilda (Santa Fe) lugar de origen de su esposa.
En su homenaje, y por iniciativa de la entonces diputada provincial Marilyn Cristófani, se instituyó al día 30 de octubre como "Día de la Poesía en el Chaco", fecha de su fallecimiento.











