Colectivos: choque y nueva oportunidad
La paralización del servicio urbano de colectivos fue un accidente en cámara lenta que por sus dimensiones, pero sobre todo por sus previsibles derivaciones, cayó pesadamente en la agenda del gobierno provincial y acabó provocando que Jorge Capitanich se ocupara personalmente del asunto. El resultado, como ya se sabe, fue la apertura de un camino diferente para la renovación de las prestaciones que brindan las líneas de ómnibus en el Gran Resistencia.
La irrupción provincial en una historia que hasta allí había estado circunscripta al ámbito municipal no fue casual ni un mero acto de piedad por las decenas de miles de personas que de un día para el otro vieron afectada seriamente su rutina de movilidad, con todo tipo de consecuencias. Se dio, centralmente, por la sensación de que el municipio de la capital se había metido en un callejón sin salida del que solo cabía esperar costos políticos, a menos de un año de elecciones tan cruciales como las de 2023.

La gestación
Otro elemento distintivo de lo sucedido en los últimos diez días es lo indescifrable que es la relación entre Capitanich y Gustavo Martínez para todos, excepto ellos dos. En esta emergencia ambos volvieron a comportarse como aliados, pero debajo de uno y otro las respectivas tropas se miran con un recelo que parece incurable. Por eso, cuando el jueves 29 de septiembre los colectivos urbanos dejaron de circular, y se planteó la posibilidad real de que no volvieran a hacerlo más, en el gabinete coquista germinó la idea de aprovechar la circunstancia para un rescate del transporte público que expusiera el gran paso en falso de la administración comunal gustavista. Llegó a redactarse el borrador de un decretazo de provincialización de los servicios capitalinos como primer paso a un barajar y dar de nuevo.
Ese jueves, los colectivos de jurisdicción exclusiva de Resistencia desaparecieron por un paro de choferes, las unidades siguieron guardadas el viernes por otra protesta y a partir de allí se abría la nada. Las empresas, en guerra no declarada con el intendente por la manera en que llevó adelante la licitación de todas las líneas de la ciudad (de la que ellas habían desistido de participar por considerar inviables las condiciones exigidas), aprovecharon el cese de la vieja relación contractual con la municipalidad para aplicar un escarmiento bíblico. La carta que les quedó servida fue la asombrosa imprevisión en la que quedó colocado el intendente, se supone que a raíz de un pésimo asesoramiento de quienes deberían haberlo tenido al tanto de un detalle nada menor: el contrato con las empresas "viejas" iba a concluir el viernes 30 sin que estuviera definido quién iba a reemplazarlas desde el día siguiente. Más aún: sin siquiera saber si alguna vez habría con qué reemplazarlas.
Esa circunstancia pretendió ser salvada con una prórroga unilateral del contrato con las licenciatarias, habilitándolas a continuar brindando los servicios más allá de septiembre y hasta el final de este año. Los empresarios, entonces, no tuvieron más que mover su reina para completar el jaque mate: dijeron "no, gracias", y se sentaron a ver cómo las llamas de la insatisfacción de miles de usuarios iban avivándose.
Capitanich, de viaje por los Estados Unidos como parte de una comitiva del Norte Grande, iba siendo informado del problema. En las redes y en los barrios, que no tienen la posibilidad de acceder a las líneas interurbanas, la cuestión ardía. Ya de regreso en Resistencia, el gobernador recibió un informe actualizado y desestimó la idea de una salida que lesionara el crédito de Martínez. Optó por una charla personal con él que derivó en el encuentro del lunes por la mañana, en Casa de Gobierno, donde se completó la salida al conflicto.
Un sistema inexplorable
Más allá de los cuidados para la puesta en escena, en los hechos lo definido implica un corrimiento al costado del municipio y una apropiación provincial del proceso licitatorio de Resistencia, que pasó a quedar absorbido por una convocatoria mayor que abarcará a todas las líneas del área metropolitana, tanto las urbanas como las interurbanas. Si bien la nueva licitación viajará a bordo de un ente en el que las comunas involucradas tienen representantes, es la provincia la que está al volante.
El llamado a ofertas empresarias se hará este mismo mes, con la idea de que el nuevo sistema comience a rodar a partir de enero próximo. Si todo sale bien, será una mejora real en los servicios que alrededor de 90.000 habitantes del Gran Resistencia utilizan con frecuencia diversa. Ojalá suceda. El transporte local es malo y muy limitado. Las empresas que lo brindan deberían hacer una autocrítica al respecto. De todos modos, hay un rasgo muy notorio del sistema: la imposibilidad de saber con certeza quién tiene la razón acerca de sus números. ¿No es posible dar algo mejor que lo que reciben hoy los usuarios? ¿Los números no cierran o hay una ambición desmedida de quienes explotan las líneas? ¿El mercado y la intervención del Estado no permiten más que lo que hay?
¿Habrá un cambio?
Un interrogante que dejó el acuerdo entre provincia y municipio fue qué sucedería con la licitación 021/22, de Resistencia, que fue la que generó la tormenta con las empresas locales. A ella se presentó un único oferente, Airbus SA. "En esa compañía nunca pensaron realmente en ocuparse de las líneas, se presentaron porque desde la municipalidad se lo pidieron, para que la licitación no quedara desierta", asegura un funcionario de Capitanich. Esa versión es indemostrable, pero el reciente informe de la comisión evaluadora conformada en la comuna para examinarla es sorprendente: la firma no cumplió con casi nada del pliego de bases y condiciones.
La comisión, integrada por funcionarios de la intendencia y del Concejo, dictaminó que la oferta debe ser rechazada, entre otros motivos porque no presentó garantía de oferta, no brindó una declaración jurada de constitución de domicilio en Resistencia, no presentó balances de sus dos últimos ejercicios cerrados (solo copias simples de los correspondientes a 2018 y 2020), no incluyó un detalle de su estado patrimonial y económico actualizado, no entregó los certificados de solvencia económica y conducta comercial que se exigían, no hizo la declaración de conocimiento de la traza del servicio, no realizó la declaración jurada que asegurara la asimilación de los choferes de las líneas actuales, no entregó la planilla con los datos de las unidades que ofrecía poner a rodar en la ciudad y –por si fuera poco- simplemente... no presentó oferta. Sin contar un cúmulo de otras carencias técnicas y formales. Solo faltó que al final de su escrito escibieran: "Gracias, pero no queremos nada, solo entramos para mirar". Lo bueno de lo malo es que, con las cosas así, la oferta caerá y no habrá riesgo de que el oferente se considere con derecho a ser indemnizado por los cambios acordados el lunes pasado.
La gran duda es si el nuevo proceso obtendrá propuestas serias. Es un momento desalentador de la economía argentina y la licitación global anunciada prevé que aparezcan en el Gran Resistencia un total de 300 colectivos cero kilómetro, para ofrecer servicios en un área metropolitana que es la más pobre del país y en la que el promedio de pasajeros por kilómetro de recorrido no es de los más altos del país. Además, con un alto porcentaje de calles de tierra. Es decir, los números cantan un valor de boleto que sería impagable para la inmensa mayoría de usuarios.
No obstante, en el gobierno provincial se tienen fe. Basándose en un profundo relevamiento realizado por una consultora brasileña cuyo trabajo fue pagado por el Consejo Federal de Inversiones, piensan que el negocio es viable mejorando los recorridos, instalando más pavimento urbano, aceitando el flujo de subsidios y ofreciendo las líneas en "combos", de modo que los recorridos no se liciten por separado sino en paquetes que incluyan a los más redituables atados a los menos atractivos.
El sismo pasó y quedará en anécdota. El viejo proverbio por ahora es cierto: la crisis se convirtió en oportunidad. En un tiempo más, podremos ver si en una de las buenas o en una de las otras.










