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La función social de los clubes de barrio

Los clubes de barrio son piezas fundamentales en el entramado social de una comunidad. Independientemente de la cantidad de socios, de su infraestructura o de las actividades recreativas, deportivas y culturales que se llevan a cabo en sus instalaciones, la gran mayoría de estas instituciones deben superar obstáculos todos los días para poder continuar con las puertas abiertas.

Más de un centenar de estas instituciones se reparten en todos los rincones de la provincia. Las sucesivas crisis económicas pusieron a prueba los lazos sobre los que se apoyan cada una de ellas y las que lograron sobreponerse a esas dificultades con ayuda de fondos públicos continuaron cumpliendo un rol clave en sus comunidades. Por lo general se asocia el perfil de un club barrial con alguna actividad deportiva, pero su compromiso con la sociedad va más allá de la práctica de una u otra disciplina. En rigor, un club de barrio es un espacio generoso y abierto donde confluyen múltiples actividades que despiertan la atención de muchas personas que, a veces sin saberlo, comparten un elemento en común: un sentido de pertenencia o, si se prefiere, una identidad compartida. Y es en este punto donde la tarea de los clubes es irremplazable, especialmente cuando se trata de incorporar a niños, niñas y adolescentes que encuentran en estos espacios institucionales la posibilidad cierta de participar, forjar lazos de amistad e incluso fortalecer relaciones entre vecinos.

La función social de los clubes de barrio, como se dijo, va mucho más allá de la práctica de un deporte amateur. También permite una forma de sociabilidad que algunos casos se puede materializar en propuestas culturales, otras veces en la creación de bibliotecas temáticas o en el simple hecho de compartir charlas en el bar de la institución. Pero lo más importante que tienen para brindar a la sociedad es esa trama de relaciones que emergen en estos espacios en particular y que, se puede afirmar, son el germen de esa idea de "bien común" que es indispensable para la vida en comunidad. Y eso se comprueba cuando, en tiempos de muchas dificultades, se suman esfuerzos para pagar el viaje de chicos que van a participar de un encuentro deportivo o cuando se necesita renovar la pintura de las paredes de la institución.

La antropóloga estadounidense Margaret Mead, una de las investigadoras más influyentes en ese campo del saber humano, dijo una vez (hablando de otras cosas, no precisamente de los clubes de barrio) que "ayudar a alguien a atravesar una dificultad es el punto de partida de la civilización". "La civilización es una ayuda comunitaria", agregó la experta al responder la pregunta de una estudiante que quiso saber cuál era la primera señal que daba cuenta de la existencia de una sociedad compleja. Y esa ayuda comunitaria, como define Mead, es lo que se encuentra a diario en muchos clubes de barrio que también asumen el desafío de educar a los más chicos en el respeto por el otro, de trabajar en la prevención de todo tipo de violencias y en la creación de entornos deportivos más inclusivos, como aquellos que, por ejemplo, hacen hincapié en la integración social y en la necesidad de que sus instalaciones se adapten a los requerimientos de accesibilidad de las personas con discapacidad. Esas mismas instituciones, al mismo tiempo, promueven actividades deportivas, culturales o de esparcimiento para sumar a todos los sectores de la comunidad y destacan la importancia que tiene la relación entre la actividad física y el cuidado de la salud. Esto último no es menor en estos tiempos en los que muchos chicos pasan largas horas frente a la pantalla de una computadora o de un celular.

Se ha señalado en distintas oportunidades en esta misma columna la importancia de la actividad física para llevar una vida más saludable. Los estilos de vida actuales predisponen a las personas, como se dijo, a mantenerse mucho tiempo inmóvil frente a una pantalla de televisor, computadora o teléfono móvil. En ese sentido, el club de barrio junto con el ámbito familiar y la escuela son los mejores espacios para promover conductas más saludables en edades tempranas. Por todo lo expuesto, se debe tomar conciencia de la importancia que tienen estas instituciones sin fines de lucro para seguir apoyándolas, de manera tal que puedan continuar cumpliendo con sus nobles objetivos.