"No existe dejar sin diario al cliente", dice el canillita que desde hace sesenta años no falla
Tiene tres balonas porque "no puedo estar diciendo que no voy porque se me pinchó la bicicleta". Con 73 años cuenta los códigos de una actividad que hace "con pasión".
Ireneo López es un histórico canillita de Resistencia. Nació hace 73 años en Mburucuyá, Corrientes, pero a los 11 ya se había radicado con su familia en la capital chaqueña.

"Hace 60 años que vendo diarios. Es un oficio del que no me arrepiento. Me encanta lo que hago", comentó Ireneo en una amena charla con NORTE.
Ser canillita no es tarea sencilla y ejercer el oficio tiene sus códigos: "Para mí no existe dejar sin el diario al cliente. Tengo tres bicicletas balonas, porque no le puedo decir al cliente que no voy porque pinché la bici".
Todos los días para las 18 ya se dispone a descansar para lo que será un día más de trabajo. Se levanta a las 2 de la mañana para buscar los diarios y organizar su jornada. "Hay cosas que ya no hago por la edad, pero cuando era más joven nada me detenía. En días de lluvia, ponía la bici al hombro, embolsaba el diario y se lo dejaba al cliente. Para mí es así, no se puede fallar a la gente que confía en vos", contó.

Comenzó vendiendo en la década del 60 los extintos periódicos El Territorio y Crisol: "Se vendían mucho, fue la época de oro del diario de papel", recordó con nostalgia. Ya entrada la década del 70, empezó a vender NORTE, "y todavía mantengo clientes de esa época".
"Era una época más segura, podías andar por la calle. También había más trabajo. Hoy todo es más complicado", analiza.
Ireneo ya está jubilado, pero sostiene que "la plata no le alcanza". Entonces, hasta el momento "sigo vendiendo, me gusta hacerlo de todas maneras. Me mantiene vivo".
RITUAL DE UN HUMILDE
El septuagenario, que vive en el barrio Central Norte de Resistencia, retira los diarios, los embolsa y los ata con un piolín. Un ritual que vive con él hace décadas: "Soy muy prolijo. Es lo que me destaca. Hay una forma específica de enrollar el diario y de atarlo para que no se estropee. Muchos me dicen que cómo es que llega el diario tan impecable al cliente, y bueno, son los años".
Finalmente, Ireneo sostuvo que este oficio le permitió criar a su familia, y se define como una persona "humilde, trabajadora. También soy buen consejero. Siempre insto a ser buena persona, con el que tiene plata y con el pobre. Yo trato de serlo".










