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¿Más cerca del fin de la pandemia?

El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo que el mundo "nunca ha estado en una mejor posición para poner fin a la pandemia". Según la OMS, hay motivos para el optimismo, pero no para bajar la guardia antes de tiempo: la curva de contagios a nivel global está en descenso en prácticamente todos los países. Y por primera vez, desde que se declaró la emergencia, en la actualidad el número de casos de Covid-19 es menor al primer pico registrado en 2020.

Pero cuidado, lo que dice la OMS es que, si todo va bien y no se relajan los cuidados mínimos, la puerta que nos permitirá salir de la emergencia estará cada vez más cerca. "Aún no estamos allí, pero el fin de la pandemia está a la vista", sostuvo Ghebreyesus en una conferencia de prensa que brindó esta semana en Ginebra, Suiza. Allí, el titular de la OMS hizo un llamado a continuar con las campañas de vacunación y las medidas de prevención.

Con respecto a este último asunto, el de las medidas de prevención, vale la pena prestar mucha atención a lo que aconseja el experto español José Luis Jiménez, investigador de la Universidad de Colorado (EEUU) especializado en aerosoles y transmisión de enfermedades. En su opinión, una de las cosas más importantes que se pueden hacer en la lucha contra la pandemia es explicar con claridad a la población cómo se produce la transmisión del virus que provoca la enfermedad Covid-19, y que sirve también para prevenir contagios de otros virus respiratorios.

En ese sentido, Jiménez observa que de algunos (no de todos) los infectados sale una especie de humo invisible, formado por gotas microscópicas a las que se adhiere el SarsCov-2. Son los llamados "aerosoles". Una persona cualquiera, con solo respirar, exhala ese "humo" invisible, pero cuando habla el volumen de esos aerosoles se multiplica por diez, pero si grita o canta se multiplica por 50 veces. Esto último explica los contagios masivos que ocurrieron, por ejemplo, en 2020 en una iglesia de Mount Vernon, en el condado de Sakgit en el Estado de Washington (EEUU). En esa oportunidad 61 integrantes de un coro estuvieron reunidos durante dos horas y media en un ensayo que se llevó a cabo en un espacio con muy poca ventilación. Al cabo de unos días se comprobó que una de las personas que asistió al ensayo tenía coronavirus (desde tres días antes de la reunión presentaba catarro) y contagió a 52 miembros del grupo, dos de los cuales fallecieron luego de complicaciones sufridas por Covid-19.

Episodios similares se registraron luego en España tras el ensayo de un coro en Sallent, Barcelona; otro en los Países Bajos con 130 integrantes de un grupo coral de Ámsterdam y en Alemania con 160 miembros del grupo de voces de la Catedral de Berlín. Los casos se repitieron en coros de Austria, Canadá, Reino Unido, Corea del Sur y Francia, siempre en situaciones que tenía comunes denominadores: lugares cerrados, poco ventilados y un número alto de infectados. Los investigadores no tardaron en confirmar algo que, en rigor, ya se sabía para casos de otras enfermedades, y es que la respiración, así como los estornudos o la tos liberan diminutas gotas infecciosas en el aire denominadas aerosoles. Pero incluso la OMS demoró en prestar atención a estos hallazgos debido a que en el organismo internacional persistía la idea de que el aire no era la principal vía de contagio. Sin embargo, desde un primer momento, algunos investigadores —entre ellos, el experto español José Luis Jiménez— hicieron notar que los virus no se dispersan por sí solos en el aire sino que lo hacen atrapados en gotitas o adheridos a otras partículas.

¿Qué se puede hacer para reducir la transmisión y proteger mejor a la población? Según Jiménez, la mayoría de las medidas de prevención que funcionan son gratis, como abrir las ventanas para que el virus no se pueda acumular en los ambientes interiores.

Ventilar y renovar el aire que se respira en ambientes cerrados son algunas de las medidas más efectivas para reducir el riesgo de contraer enfermedades causadas por virus respiratorios. Y, por supuesto, también hay que mantener las campañas de vacunación que son una de las mejores armas del sistema de salud para hacer frente a la pandemia.