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El derecho a crecer en familia

El Registro Centralizado de Adoptantes del Poder Judicial informó que en el Chaco hay 19 niños, niñas y adolescentes que esperan ser adoptados.

Ellos tienen, como todos, el derecho a crecer en un ambiente familiar que brinde contención y afectos, pero la tendencia a adoptar bebés de hasta un año conspira contra esa posibilidad. Por eso es importante derribar mitos y prejuicios en torno al proceso de adopción.

En todo el país la mayoría de los menores que se encuentran sin cuidados parentales tienen entre 6 y 17 años. Con matices, ocurre lo mismo en todas las jurisdicciones y, por supuesto, también es lo que se observa en nuestra provincia.

Por distintas razones, la mayoría de las personas adultas que se inscriben en los registros de adopción expresan su voluntad de incorporar a la familia solo a bebés que no superen el año de edad.

Sin embargo, existen testimonios de adultos que vencieron prejuicios y adoptaron a adolescentes que confirman que llega un momento en el que el proyecto familiar se impone por sobre los temores. "El amor en algún punto le gana al miedo", afirma una mamá en uno de los videos que aborda esta temática difundidos en el canal de YouTube del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

Según las estadísticas, a nivel nacional solo un 15% de los adultos que se postulan para adoptar acepta incorporar a la familia a un niño o adolescente con una discapacidad o enfermedad, pese a que este grupo es uno de los que más necesita de protección y cuidado en un entorno que, por sobre todas las cosas, respete su dignidad como personas.

Crecer en familia es un derecho de todas las niñas, niños y adolescentes que está garantizado en las leyes nacionales y provinciales y también, por supuesto, en la Convención de los Derechos del Niño.

Este tratado internacional de las Naciones Unidas establece en uno de sus párrafos que antes de considerar la adopción deben agotarse todas las posibilidades de revinculación, pero cuando eso no es posible entonces las familias dispuestas a adoptar son la mejor alternativa para garantizar la educación y los cuidados adecuados.

Por otra parte, se debe señalar que, si bien la voluntad de adoptar implica una decisión fundamental en la vida de una persona o pareja, no se debe perder de vista que ese paso es aún más importante para la persona que va a ser adoptada.

Debe decirse también que la adopción no siempre es la solución para todos los casos de niñas, niños y adolescentes cuyas familias carecen de idoneidades para cuidarlos y educarlos en forma adecuada. Es un camino a seguir solo para aquellos casos cuyo interés superior exige una solución permanente fuera de su núcleo familiar. De hecho, así lo establecen las leyes vigentes en nuestro país.

Hay otro aspecto que es importante resaltar: más allá de las buenas intenciones que pueda mostrar la persona adulta que desea brindar un espacio familiar a quien lo necesita, el proceso de adopción no tiene como objetivo dar un hijo a los adultos sino brindar una familia al niño, niña o adolescente que, por distintas razones, carece de esa contención.

En otras palabras, la familia por adopción es posible cuando la disponibilidad adoptiva del adulto es compatible con las condiciones y necesidades de un niño, niña o adolescente al que la autoridad judicial procura proporcionar el mejor entorno familiar posible.

Hay que tener en cuenta, además, algo que es muy importante: el derecho a crecer y desarrollarse en su familia de origen es el primer derecho que tiene todo niño. Por lo tanto, la adopción solo se justifica cuando los organismos de protección y la Justicia encuentran elementos fehacientes que demuestran que el niño no puede continuar en el ámbito familiar de origen.

Por último, además de hacer un llamado al conjunto de la sociedad para que supere los prejuicios relacionados con la adopción de niños, niñas o adolescentes con discapacidad, debemos recordar que adoptar es un acto de amor, pero también es una decisión que debe fundarse en el derecho de todos los niños, sin excepción, a crecer en un hogar rodeado del afecto y el cuidado de la familia.