Submarinos nucleares con Windows XP y otras locuras del "software" militar
Todos hemos sufrido a las computadoras en algún momento y seguimos cada día más dependientes de ellas. Inexplicables bloqueos, carpetas que se pierden, pantallas azules o súbitos "cuelgues" en el más inoportuno momento nos amargaron alguna vez la vida.

El software que hace funcionar nuestras máquinas es defectuoso, inestable y muy poco de fiar, en general. De hecho, muy inseguro en lo que se refiere a privacidad y a mantener bajo control nuestros datos, a menos que alguien se encargue de vigilar los sistemas como si de un guardia en la puerta se tratara.
Lo que en el caso de los particulares es una molestia, a veces una pequeña tragedia, se convierte en otra cosa muy diferente cuando esas computadoras corren programas que operan los sistemas de armas más potentes del planeta.
Aviones de combate o buques de guerra que cuestan muchos millones de dólares utilizan no solo software con agujeros, parches y defectos; a veces incluso emplean el mismo software de dudoso mérito que está en nuestras máquinas hogareñas.
En septiembre de 1997 el USS Yorktown CG-48, botado en 1984, un crucero AEGIS de la clase Ticonderoga armado con misiles antiaéreos y antibuque, realizaba maniobras frente a Virginia, en la costa este de los EEUU. Entre sus misiones estaba poner a prueba una nueva tecnología recién instalada en su sala de máquinas denominada Smart Ship. El nuevo sistema de gestión de los poderosos motores del buque tenía como objetivo mejorar su funcionamiento y, muy especialmente, reducir el número de marineros necesarios a bordo.
El mayor costo a lo largo de la vida de un barco de guerra sofisticado, a menudo no es su construcción o mantenimiento, sino los sueldos acumulados de su tripulación a lo largo de su vida útil. Recortar una decena de tripulantes durante 30 o 40 años de uso es un ahorro importante. Para conseguirlo, Smart Ship centralizaba en una serie de estaciones de trabajo computarizadas el control de los sistemas del buque.
Pero aquel día del otoño de 1997 un marinero introdujo por error un valor "cero" en una de las ventanas de datos del sistema informático, y las consecuencias fueron drásticas: el programa, basado en el sistema operativo para usos industriales Windows NT, sufrió un completo colapso al intentar dividir por cero y todas las pantallas de la sala de máquinas se "colgaron".
El orgulloso USS Yorktown, con sus 9.800 toneladas de desplazamiento, sus 173 m de eslora, sus lanzamisiles y helicópteros, y sus casi 400 tripulantes, se quedó a la deriva con sus cuatro turbinas de gas detenidas.

Windows para submarinos
Y si grave es que un buque de cientos o miles de millones de dólares se quede tirado en el agua, no por la acción enemiga sino por un error informático, es posible imaginar situaciones todavía peores, como un submarino que no puede emerger, o una pantalla congelada a la hora de calcular un disparo.
Considere por ejemplo estas dos noticias que colocadas juntas pueden provocar escalofríos a cualquiera:
a) Esta semana se divulgó un fallo de seguridad que afecta a todas las versiones de Windows y que puede permitir a un atacante tomar el control de un sistema;
b) Los submarinos nucleares con misiles balísticos británicos de la clase Vanguard funcionan con un sistema operativo llamado "Submarine Control System" (sistema de control para submarinos), basado en Windows XP.
Por ello, tiene el apodo de "Windows for Submarines", algo preocupante si tenemos en cuenta que Microsoft dejó de dar soporte a la plataforma (y, por tanto, dejó de crear parches para nuevas vulnerabilidades) en abril de 2014. Más preocupante, si recordamos que los submarinos clase Vanguard no sólo transportan misiles atómicos, sino que están propulsados por un reactor nuclear.
La razón para que se usen plataformas civiles que no están consideradas como lo más seguro del mercado es siempre la misma: el ahorro. Y es cierto que la red interna de un submarino es, probablemente, de los lugares más seguros que pueden existir en términos de intrusiones externas, ya que carece de cualquier posibilidad de conexión. Pero puertas adentro, puede fallar.
Los misiles intercontinentales no se disparan automáticamente, como sí lo hacen por ejemplo los sistemas de defensa antiaérea o antimisil, por lo cual no se debe temer que las computadoras de los Vanguard vayan a lanzar sus misiles por propia voluntad, pero sí pueden dejar de hacerlo en un momento crítico.
El asunto es lo bastante preocupante como para que haya vuelto a ser objeto de polémica en el Reino Unido en relación con los nuevos portaviones clase Reina Isabel, que el gobierno ha aclarado no utilizarán ninguna versión de "Windows para Buques de Guerra" como sistema operativo.
Virutas en el aceite
No es el único caso de un barco de guerra que queda inutilizado por un error informático: el último ocurrió hace apenas unas semanas, cuando el LCS-5 USS Milwaukee tuvo que ser remolcado a puerto tras perder la propulsión en su viaje de traslado a la base de San Diego. En principio el problema se achacó a virutas metálicas en el lubricante de la compleja transmisión con la que el navío mezcla sus dos fuentes de propulsión (turbinas de gas y motores diésel: propulsión CODAG), pero la subsiguiente investigación demostró que el problema había sido de software.
Resultó que la computadora encargada de accionar la transmisión cometió un error, lo que en la práctica "quemó el embrague" del navío en segundos. Otro buque de este tipo, aunque de diferente clase, el USS Fort Worth, está paralizado en puerto en Singapur con problemas similares en su sala de máquinas, aunque no se ha hecho público que tengan origen en el software. Cabe la sospecha, máxime no siendo la primera vez que este tipo de barcos tienen esa clase de problemas.










