Uso responsable de antibióticos
El Senado de la Nación aprobó, por unanimidad, el proyecto de ley que promueve el uso responsable de antibióticos. Se trata de la ley de Prevención y Control de la Resistencia Antimicrobiana, que regula el expendio y empleo de este tipo de fármacos. La Organización Mundial de la Salud ya había advertido que el consumo de antibióticos sin indicaciones ni controles médicos favorece la aparición de bacterias más resistentes y hace que los medicamentos que se emplean para combatirlas dejen de ser efectivos.
La llamada resistencia microbiana es el fenómeno por el cual las bacterias, virus, hongos y parásitos se vuelven resistentes a los efectos de los medicamentos que se emplean para combatirlas, lo que hace más difícil el tratamiento de infecciones comunes. Una herida en la piel que hoy es perfectamente manejable en cualquier centro de atención de la salud podría transformarse en un caso grave si el aumento de la resistencia a los antibióticos no se detiene a tiempo. Por eso la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó en 2015 la Semana Mundial de Concienciación sobre los Antimicrobianos y propuso que se conmemore del 18 al 24 de noviembre de cada año para que la población comprenda que los antibióticos se deben utilizar únicamente cuando los prescriba un médico, siguiendo siempre las instrucciones del profesional. Es que, tanto en nuestro país como en resto del mundo, una de las costumbres más peligrosas es el empleo de antibióticos que sobraron de otros pacientes, lo que se realiza por supuesto sin ningún tipo de supervisión médica.
Investigaciones científicas realizadas en los últimos años encendieron las luces de alerta al comprobar que la resistencia antimicrobiana avanza más rápido que el desarrollo de nuevos antibióticos. En distintos estudios que se realizaron en Canadá, el Reino Unido y Corea del Sur se observaron una serie de cambios en virus y bacterias que ponen en riesgo la efectividad de quimioterapias, cesáreas y tratamientos odontológicos, entre otros procedimientos.
El Senado de la Nación informó esta semana que la ley de Prevención y Control de la Resistencia a los Antimicrobianos busca fortalecer el manejo y la gestión en instituciones de salud para prevenir o disminuir infecciones, mejorar la gestión de la prescripción, dispensa y presentaciones de antimicrobianos y a establecer criterios consensuados en la gestión de antimicrobianos en el sector de agricultura y la ganadería.
Según la OMS, antes de la pandemia la resistencia a los antimicrobianos fue responsable directa de 1,27 millones de muertes ocurridas en todo el mundo, en casos en los que se detectó que bacterias, virus, hongos o parásitos no respondieron a los medicamentos que antes los eliminaban, debido a cambios genéticos y adaptación de los mismos microorganismos.
La Sociedad Argentina de Infectología advirtió el año pasado que el empleo inadecuado de antibióticos se incrementó en el país durante los primeros meses de la pandemia de Covid-19 y por esa razón la entidad llamó a dar un uso responsable de estos fármacos para evitar que algunas infecciones sean cada vez más difíciles de tratar por ser generadas por organismos resistentes a los medicamentos disponibles para curarlas. Expertos de la OMS consideran que el llamado al uso responsable de estos fármacos debe llegar no solo a los pacientes, sino también a las autoridades sanitarias, farmacéuticos y a la propia comunidad médica, frente a la urgente necesidad de combatir la multirresistencia presente en bacterias causantes de neumonía, meningitis e infecciones en la sangre, entre otras patologías para las cuales muchas veces ya no existen fármacos eficaces.
Se estima que para el año 2030 el consumo mundial de antimicrobianos aumentará un 67 por ciento y en el 2050 la resistencia antimicrobiana será una de las principales causas de muerte, superando al cáncer. Es que la resistencia es un mecanismo natural que tienen las bacterias para defenderse de un ámbito que les resulta hostil. Este proceso se presenta no solo en el cuerpo donde está la bacteria sino en todos los espacios que ocupa, ya sea en la tierra o en el agua.
Es de esperar que el nuevo marco normativo contribuya a tomar conciencia sobre el mal uso de los antibióticos y de la importancia que tiene seguir únicamente los consejos de los profesionales médicos.










