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Arturo Illia, un visionario

Se cumplieron 122 años del nacimiento de Arturo Umberto Illia. Recordado como el arquetipo de gobernante honesto, su gestión al frente del Ejecutivo Nacional revela que fue mucho más que un ejemplo de eficiencia y austeridad. Los datos de su administración no dejan lugar a dudas: hizo crecer el PBI, redujo la deuda externa, mantuvo la desocupación en un 4 por ciento y el presupuesto que destinó a Educación fue el más alto en la historia del país. Fue, además, un pionero de la integración regional que observó, tempranamente, el rol de Asia en el comercio internacional.

El jueves pasado, en conmemoración de su natalicio, la casa en la que vivió en Pergamino, provincia de Buenos Aires, se convirtió en un museo. En ese lugar, hay un cuadro con una caricatura que lo representa como Don Quijote de la Mancha, con un escudo que dice "Constitución nacional". Hay un detalle más: va montado sobre una tortuga, la figura que eligieron los comunicadores más influyentes de aquellos años para graficar la supuesta lentitud en la gestión de su gobierno y justificar el golpe cívico militar que lo sacó de la Casa Rosada. Su nieto, Galo Soler Illia, lo recordó estos días en sus redes sociales con esa caricatura señalando que siempre fue "un Quijote armado con la Constitución".

Don Arturo Illia siempre tuvo claro que su llegada al poder implicaba defender los intereses nacionales. A diferencia del héroe cervantino, no tuvo que luchar contra enemigos imaginarios. Quienes alentaron y concretaron el golpe de Estado del 28 de junio de 1966 no lo hicieron porque el país enfrentaba una crisis terminal, sino porque Illia se animó a desafiar a poderosos intereses que poco o nada tenían que ver con el bien común de la ciudadanía argentina. Y eso lo comprendió claramente el expresidente. "A mí me derrocaron las veinte manzanas que están alrededor de la Casa de Gobierno", dijo poco después de ser obligado a dejar el sillón de Rivadavia por figuras que hoy nadie recuerda. El legado democrático de Arturo Illia, en cambio, sigue y seguirá siendo recordado por muchas generaciones de argentinos.

Hay que decir también que Illia fue un visionario: logró que nuestro país exporte varios millones de toneladas de trigo a China, cuando ni siquiera Estados Unidos había logrado ingresar en ese gran mercado asiático. También lo fue cuando expresó su voluntad de estrechar los lazos con Chile con el objetivo puesto en la integración regional y con la idea de buscar con el país trasandino una alianza estratégica que permitiera a la Argentina aprovechar los puertos chilenos en el Pacífico y a Chile obtener a través de nuestro país una salida al Atlántico.

Sobre la venta de trigo a China, vale recordar que la decisión se tomó en el año 1964 cuando los mercados de los países occidentales ponían trabas a las compras de productos agropecuarios de nuestro país, y fue en ese contexto en el que el presidente Illia resolvió abrir las exportaciones de trigo al gigante asiático, por entonces gobernada bajo el régimen comunista de Mao Tse Tung, lo que le valió fuertes críticas de los mismos sectores conservadores y antidemocráticos que alentaron primero y celebraron después su derrocamiento.

La Argentina, en aquellos años, tampoco contaba con representación diplomática en China, lo que no resultó un impedimento para el presidente argentino, que afirmaba a quienes querían escucharlo que el futuro del comercio mundial tenía su eje en Asia, que promovió la enorme operación de venta de trigo a través del presidente del Consejo Ejecutivo de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el brasileño Josué de Castro, quien se había desempeñado como asesor de la reforma agraria impulsada en China. La participación de Castro fue clave en el éxito de la transacción comercial que se concretó prácticamente a través de comunicaciones telefónicas y sin la intervención de misiones comerciales.

El presidente Illia ya veía entonces, con meridiana claridad, que la cuenca del Pacífico se iba a transformar con el tiempo en un protagonismo central en la economía global. No se equivocó: en esa enorme zona que abarca a los países, islas y territorios que son tocados por las aguas de ese océano hoy está la región más poblada del planeta, con cuatro de las economías más grandes del mundo.