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Joseso, otra frustración nacional

El Joseso fue un microauto argentino pensado para el uso familiar que nació en momentos en que había en el país gran cantidad de emprendedores y audaces en la industria automotriz a los que el gobierno desarrollista de la época alentaba a colaborar con la industrialización nacional.

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Un Joseso en su estado original, sin restaurar.

Uno de ellos fue José María Rodríguez, padre de un automóvil llamado Joseso, que comenzó con lo que parecía ser un auto de juguete y terminó en un vehículo para cuatro personas extremadamente liviano.

Rodríguez venía fabricando de manera artesanal pequeños autitos de bastante aceptación hasta que en 1957 comenzó el diseño de un nuevo vehículo inspirado en las microcupés contemporáneas, los populares "ratones" que bien podían fabricarse localmente. La producción se inició en 1958 alentada por la impronta desarrollista del presidente Arturo Frondizi en unas instalaciones ubicadas en la localidad de Ituzaingó.

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El motor era un Villiers británico refrigerado por aire al que se accedía desde e interior del auto que –a tal efecto- tenía un asiento trasero desplazado.

El régimen de promoción automotriz, impulsado a través del decreto 3693 de 1959, fue el marco ideal para que IAMA S.A. (Industria Argentina de Micro Automóviles) presentara el nuevo producto. Su estrategia de comercialización se basaba en un accesible precio de $120.000, reforzada con distintos planes de financiación y en las más importantes características del Joseso: su economía de uso y bajo consumo.

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El Joseso apenas tenía velocímetro como único instrumental, unos botones para el manejo de luces y balizas, y tres asientos extremadamente básicos.

MECÁNICA Y EQUIPAMIENTO

La mecánica del Joseso estaba a cargo de un motor Villiers de origen inglés, que con 200 cc entregaba una potencia de 10 hp. La transmisión era manual de cuatro marchas hacia delante y marcha atrás. La tracción era trasera a través de una correa que transmitía el movimiento solo a la rueda derecha. Contaba con suspensión independiente adelante y trasera tipo Cantilever.

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El Joseso estaba construido en plástico reforzado y se montaba a una plataforma plana de acero abulonada sobre un chasis de largueros longitudinales reforzado con travesaños.

Tratándose de un vehículo de precio accesible, su nivel de equipamiento era precario y espartano legaba al extremo de carecer de limpiaparabrisas, elemento que se ofrecía como opcional y cuya colocación quedaba a cargo de las concesionarias. El interior presentaba el mismo aspecto de modestia y simplicidad.

El panel de instrumentos estaba conformado por una pieza plana construida en el mismo material que la carrocería. Solo contaba con un velocímetro y dos luces testigos. A pesar de las reducidas dimensiones, el habitáculo disponía de espacio para tres pasajeros siendo el acceso a las plazas traseras facilitado por la inclinación de los respaldos de los asientos individuales delanteros.

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El Joseso era muy parecido estéticamente al Fiat Multipla, aunque más corto y sin capacidad de carga.

CHICO Y ECONÓMICO

Otros detalles de la economía constructiva impuesta por su creador se apreciaban en las ventanillas de las puertas delanteras que eran de desplazamiento longitudinal, evitando la inclusión de costosos mecanismos en el interior de las puertas.

Esta solución también favorecía el aprovechamiento del espacio, permitiendo tener en las puertas prácticos bolsillos porta mapas. Con el mismo criterio de economía, las ventanillas traseras eran planas y fijas. De los talleres de Ituzaingó salieron unas 200 unidades de las que se tiene registro de superviviencia de unas cuarenta en la actualidad.

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