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Billie Holiday, la voz del jazz

"A veces da miedo escuchar a esta dama" (Leroi Jones)

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Hace 107 años, el 7 de abril de 1915, nació Eleanora Fagan, Lady Day, más conocida como Billie Holiday. Como ha dicho el historiador del jazz Joachim Berendt, la cantante más grande entre… quizás la más grande entre todas. 

Dueña de una voz y un swing inigualables, así como de una historia trágica de abusos, prostitución, violación y adicciones, hay coincidencia en considerar sus mejores grabaciones aquellas entre fines de los ´30 y mediados de los ´40 junto al gran saxo tenor Lester Young, donde desplegó toda su capacidad artística, intuitiva, tal vez, en técnica e interpretación. 

De este periodo es "I’ll never be the same" ("Nunca seré la misma"), el desencanto hecho canción, ya que no es tristeza sino decepción lo que transmite Billie, que dice: "Las estrellas han perdido su significado para mí". Incluso su melodía acompaña la desazón, no es triste ni lastimera, sino más bien irónica; sus notas parecen expresar cierto sarcasmo. También de este momento es "A sailboat in the Moonlight" ("Velero a la luz de la luna"), donde Billie entabla un diálogo con Lester Young, desde luego ella con la palabra y él con el saxo.

Su cuerpo fue el registro de una sociedad que se construye sobre la base de la dominación y la desigualdad, el maltrato y la violencia. Por eso resulta tan sentido cuando en "I’m pulling through" ("Saliendo adelante") le canta a esa mano amiga que la ayuda a levantarse y seguir. 

Porque aún ese mundo hostil que se levanta frente a ella y todo lo invade, no le impide reconocer los gestos de aquellos que extienden desinteresadamente la mano. En este mundo, pese a todo, hay vida, parecería decir. Sin embargo, la hostilidad prevalece y las frutas extrañas siguen colgando de los árboles, comida para cuervos. El racismo, desde luego en un EEUU de mediados del siglo XX, marca a fuego a Billie, que lo experimenta en carne propia. Dice algo tan diáfano como brutal: "Puedes estar caminando por la calle con un vestido muy caro y gardenias en el pelo y no ver ni una caña de azúcar en kilómetros a la redonda, y aun así seguir trabajando en una plantación". Una reflexión tan clara y tan profunda sólo puede resultar de la herida abierta y nunca sanada en su propio cuerpo: qué tremendamente cierto eso de no ver caña de azúcar en kilómetros a la redonda y, aun así, seguir trabajando en la plantación.

Con ello encontramos a una Billie que distingue perfectamente las relaciones sociales de dominación que, aún sin presentar el rostro tangible de la explotación, las cobijan en su seno; aún sin látigo, la dominación y la desigualdad se hacen carne en estructuras, se naturalizan, se sedimentan. Para los afroamericanos, EEUU sigue siendo hoy una plantación. El asesinato de George Floyd no es más que una expresión de la extendida brutalidad que se impone sobre esos cuerpos maltratados. De los cuerpos colgados de los álamos a los cuerpos desparramados en el asfalto bajo el yugo de la bota policial: I can´t breathe (No puedo respirar).

Esta Billie, poseedora de una voz sensual y áspera, empapaba sus interpretaciones de intensidad y fuerza, dejando el cuerpo y el alma en cada una. Sin dudas, "Strange Fruit" ("Fruta extraña") es un claro ejemplo de esa batalla que Billie libraba en cada canción, como ella misma supo decir sobre esta última: "Cantarla me afecta tanto que me pone mala. Me deja sin fuerzas", porque en cada interpretación parece poner en juego no sólo su propia historia, sino la de su clase, su pueblo, su género. Ese extraño fruto que cuelga de un árbol, el cuerpo de un hombre negro linchado. Billie no cantaba, lloraba y amaba con las tripas en cada canción. 

Cuando dice "Nadie canta la palabra hambre como yo. Nadie canta la palabra amor como yo", expresa esa consternación y ese sufrimiento, porque tanto el hambre como el amor hacen al dolor y no son meras palabras. Cada canción era una batalla, su voz un fusil y su cuerpo el registro del maltrato de una sociedad atravesada de miseria y muerte, paradójicamente, en medio de los años del swing y el New Deal, de las big bands y el progresismo.

"Strange fruit" fue escrita por Abel Meeropol, un comunista desesperado por los linchamientos de negros que en la década del ’30 se practicaban en los estados del sur de los EEUU. Es por ello que las imágenes que presenta la canción expresan la ambivalencia de un sur bucólico con sus árboles, sus álamos y su fresca brisa, con la que solía representarse, junto a los cuerpos ahorcados, colgando de esos mismos árboles y quemados. 

Bastaron tres estrofas para hacer de una canción el himno de lucha contra el racismo. La primera vez que Billie la interpretó, en el Café Society de Nueva York, fue tan intenso el momento que, al final, todo el local quedó estupefacto y completamente en silencio. Recién a los pocos segundos, que parecieron eternos, los aplausos comenzaron a emerger hasta convertirse en una cerrada ovación. Aquel silencio, entonces, se pareció más a un rechinar de dientes antes de la batalla que a un clima de duda.

Sin demora, la segunda línea marca el tono de la letra, blood on the leaves and blood at the root: no sólo hay sangre en las hojas, también sangran las raíces, remarcando el momento fundacional del sur, lleno de muertes, desplazamientos, persecuciones, linchamientos, violaciones, asesinatos. No basta con limpiar el follaje, lo que está mal parido es el comienzo, su origen.

Extrañas frutas colgando de los álamos, balanceándose con la brisa del sur, parece ser la metáfora de los linchamientos, pero también podemos afirmar que los linchamientos no son otra cosa que la metáfora de la sociedad. Frutos extraños en Palestina, frutos extraños en EEUU, en África, en Europa, frutos extraños en las favelas cariocas, el extraño fruto de Marielle Franco, frutos extraños en las villas miserias, frutos extraños en Villa 31 y el extraño fruto de Ramona Medina, de Alex Campos, el extraño fruto de Luis Espinoza, los frutos extraños de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. 

Cada rincón del mundo cuenta con su campo de plantaciones de caña y algodón, hay que saber verlas también en el propio. Tal vez por esto sea que a veces da miedo escuchar a Lady Day, como dice Leroi Jones, no sólo por el dolor que contienen sus interpretaciones, también por los velos que corre o, mejor, por las sensaciones que produce y las voluntades que construye.

Billie murió sola, en una habitación de un hospital de Nueva York. Se encontraba detenida por posesión de drogas y su única compañía fue un policía que la custodiaba para impedir su fuga, la de una Billie que hacía una semana estaba inerte en su cama con cirrosis y problemas cardíacos. Murió sola, pero a su funeral asistieron más de 3.000 personas.

Eric Hobsbawm, en un artículo que ofició como necrológica en 1959, manifestaba, con el dolor que supone una pérdida tan grande: "Nacer con belleza y dignidad en el gueto negro de Baltimore en 1915 era un inconveniente demasiado grande, incluso sin la violación que sufrió a los diez años, ni la adicción a las drogas en la adolescencia. Pero, mientras se destruía a sí misma, cantaba; discordante, profunda, desgarradora. Es imposible no llorar por ella. O no odiar el mundo que hizo de ella lo que fue". 

Hobsbawm no deja de mencionar la entusiasta búsqueda de autodestrucción que movía a Billie; pareciera que afanosamente fue tejiendo el camino que la condujo a esa muerte tan terrible en el hospital neoyorquino. Sin embargo, así como Artaud caracterizó a Van Gogh como el suicidado por la sociedad, podemos también decir que Billie fue la autodestruida por la sociedad, y no dejar de odiar el mundo que hizo de ella lo que fue, nuestro mundo.

(*) Docente e Investigador UNR-CONICET; publicado en Hamartia.com.ar/

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Strange fruit

Southern trees bear a strange fruit

Blood on the leaves and blood at the root

Black bodies swinging in the southern breeze

Strange fruit hanging from the poplar trees

Pastoral scene of the gallant South

The bulging eyes and the twisted mouth

Scent of magnolia, sweet and fresh

Then the sudden smell of burning flesh

Here is a fruit for the crows to pluck

For the rain to gather, for the wind to suck

For the sun to rot, for the tree to drop

Here is a strange and bitter crop.

                                                     Letra de Abel Meeropol


Fruto extraño

Los árboles del sur dan un fruto extraño

Sangre en las hojas y sangre en la raíz.

Cuerpos negros se balancean en la brisa del sur

Extraña fruta colgando de los álamos

Escena pastoral del sur galante

Los ojos saltones y la boca torcida

Aroma de magnolia, dulce y fresco.

Y un repentino olor a carne quemada

Aquí hay una fruta para que los cuervos coman

Para que la lluvia moje y el viento seque

Que se pudra al sol, que caiga del árbol

Aquí hay una extraña y amarga cosecha.

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Durante la crisis de los años ´30 del siglo pasado, el establishment del poder sureño en EEUU supo dirigir la angustia y la furia de los trabajadores blancos contra los negros. Las clases privilegiadas tienden a emplear el mecanismo de azuzar a los empobrecidos contra los más pobres en cada nueva etapa crítica de la historia.


 Lecciones de una foto de linchamiento

Por William Preston Robertson*

Esta es una foto difícil de publicar, y puede que alguien la encuentre ofensiva, pero necesito mostrarla para expresar mi idea. Es una foto del linchamiento de dos hombres, Thomas Shipp y Abram Smith, por parte de una multitud de blancos en 1930. Un chico de 16 años llamado James Cameron también estuvo a punto de ser linchado, pero se salvó porque apareció un sheriff durante la pausa de celebración en la que se tomó esta foto (James Cameron se convirtió en activista de los derechos civiles y estableció el Museo del Holocausto Negro de EEUU en Milwaukee, en 1988. Pero esa es otra historia).

Este grotesco retrato grupal se considera una de las fotos de linchamientos más emblemáticas de la historia de EEUU, y fue la que inspiró el poema y la canción "Strange Fruit".

Esta foto me vino a la mente mientras escuchaba la radio después de las elecciones, hablando sobre la conexión demagógica de Trump con los llamados "blancos olvidados" de clase trabajadora de EEUU, a quienes los demócratas de alguna manera descuidaron en su búsqueda "elitista" de una coalición de minorías y gente de color y feministas.

"¡No se trataba solo de que Trump complaciera los impulsos racistas con una retórica de odio y estigmatizando y marginando al 'otro' y promoviendo la violencia!", decían los expertos: "¡Trump también estaba apelando a cuestiones económicas! ¡Los demócratas se olvidaron de esta gente! ¡Los demócratas deben dejarse de joder con las minorías y "recordar" a la clase trabajadora blanca "olvidada"! ¡Hola, demócratas! ¡Dejen de lado sus preocupaciones sobre el racismo y escuchen a estos blancos olvidados!". Sí, está bien, claro, tal vez sean un poquito racistas, ¡pero en realidad están mucho más preocupados por el trabajo! Cuando se les presente una simple solución económica, ¡dejarán de lado su odio!

Y luego escuché a los demócratas, avergonzados, acercándose al micrófono uno por uno y validando el punto: "Sí. Está bien. Te escuchamos, América. Necesitamos dejar de lado nuestras preocupaciones sobre el racismo y atender las necesidades de la clase trabajadora blanca olvidada".

Y de repente pensé en esta foto. En serio, literalmente apareció en mi cabeza, porque se ha grabado en mi cerebro desde que la vi por primera vez en la infancia. Y vi en mi mente al tipo con el bigote señalando con orgullo su obra. Vi al tipo sonriente no muy lejos de él, de pie junto a lo que siempre había imaginado que era su cita desgarbada un viernes por la noche. Aunque podría ser su esposa embarazada.

Y pensé: todas las personas en esa multitud también eran de clase trabajadora. Y como era 1930, no tengo ninguna duda de que la mayoría estaba sufriendo económicamente. Y estoy seguro, en realidad, lo sé, porque soy sureño, los cobardes políticos demagogos populistas inflamaron su racismo sureño para evitar que la ira de la clase trabajadora se volviera contra las clases altas. Fueron manipulados, sin duda.

Pero pregunto lo que entonces me pregunté: cuando miramos esta foto, ¿cuál vemos como la preocupación más apremiante que hay que abordar? ¿Los problemas económicos de la gente en la multitud? ¿O el linchamiento? Claro, claro, querríamos solucionar ambos. Pero, en el momento inmediato, ¿cuál elegimos?

Estoy bastante seguro de que las personas de esta multitud no fueron olvidadas por la mayoría de las personas de color. Y estoy segurísimo de que yo no los olvido. Porque ochenta y seis años después de que el hombre con el bigote señalara con orgullo los cadáveres colgantes de dos hombres a los que acababa de torturar y asesinar junto a la turba, puedo recordar fácilmente su rostro, sin siquiera sostener la foto en mi mano.

*Publicado en Medium.com en noviembre de 2017.

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