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Fabriciano y la escultura, una pasión de huellas indelebles

Pensar a Resistencia como un museo a cielo abierto es recordar y conmemorar a Fabriciano Gómez. Su aporte está presente en las más de 600 esculturas que habitan Resistencia. Y sobre todo en su gran sueño, el gran encuentro artístico que tiene como epicentro a la capital chaqueña, donde durante siete días conviven todas las ramas del arte, se respira y se siente cultura.

Si tenemos que resumirlo en una simple oración, Fabriciano fue y será arte.

UN CONSAGRADO

Fabriciano fue el gran escultor del Chaco. Artista consagrado, formidable gestor cultural, vecino ejemplar. Tres aspectos que fructificaron a partir de una virtud principal: la humildad; y un don: el talento artístico, inseparable de su disciplina de trabajador incansable.

Como un escenario soñado por él se proyectan al espíritu más de 630 esculturas, cuyos prestigiosos autores fueron convocados alguna vez para construir este Patrimonio Cultural sin precedentes.

A los 33 años tuvo su consagración al obtener el Gran Premio de Honor del Salón Nacional y representó a la Argentina en la Bienal de Venecia de 1980 con la serie de esculturas "Nudos de espacio", instalación que tuvo un fuerte eco.

Obtuvo grandes premios en el mundo, trabajando en hielo. Heredero de los hermanos Boglietti, tomó la posta junto a la Fundación Urunday de seguir plantando esculturas en la ciudad hasta llegar en 2022 a más de 650 obras, el grueso de ellas de los concursos y bienales de escultura que con casi treinta años de historia son encuentros considerados entre los más prestigiosos del mundo.

¿QUÉ ERA UNA ESCULTURA PARA FABRICIANO?

"Una obra sensible, un caudal de cosas de mi interior que fluyen sin esperar que las comprenda, simplemente despiertan y se imponen. En términos plásticos es hablar de la dualidad perdurable-efímero. Siempre recuperando el valor de lo fundamental. Estoy absorbiendo todo el tiempo, siento el arte como parte de la vida, me siento comprometido con mi lugar en la sociedad. En estos cuarenta y tantos años, lo único que he hecho fue poner plumas en mis manos".

"Para mí -decía- las obras más hermosas fueron las realizadas en nieve, donde se concretó la gran escultura que quería trabajar, de seis metros, el tamaño que siempre pensé para mi obra".

Enamorado de su ciudad, postergó otras geografías para quedarse y forjarla artísticamente: su hogar devino Casa Museo Fabriciano, decenas de obras que llevan su firma se desparraman en calles y paseos de Resistencia. Cuando presidió la Fundación Urunday, se implicó en la creación de Museum, el museo de esculturas del mundo a orillas del río Negro.

Conformó el Departamento de Mantenimiento y Restauración de las Esculturas, que integra el patrimonio Escultórico de Resistencia, y gestionó "La Ciudad de las Esculturas" ante la Unesco con ánimo de convertir el patrimonio escultórico de la ciudad en Patrimonio de la Humanidad.

Al entrar a la Casa Museo Fabriciano, traspasar esa puerta icónica, con la familia presente en el bronce y el algarrobo, es encontrarse con sus recuerdos más preciados.

UN SUEÑO DE TRES DÉCADAS

Vaya sueño que tenía Fabriciano, un lugar de encuentro para los escultores, tanto locales como nacionales. Pero que trabajaran a cielo abierto, bajo la mirada del público, rodeados de la gente y sintiendo el fervor de lo desconocido, del curioso que quiere saber qué pasaba en su ciudad y viendo cómo día tras días esos pedazos de materia prima se iban convirtiendo en arte.

Ese sueño empezó en 1988, cuando se inició en la plaza 25 de Mayo de Resistencia el "Primer Certamen Nacional de Escultura en Madera". Participaron 35 escultores de todo el país, entre ellos cinco del Chaco.

En los primeros encuentros, que se realizaban en la Plaza 25 de Mayo, escultores de todo el país tallaron, a cielo abierto y ante la vista del público, primero madera y más tarde mármol.

El primer premio fue para el escultor Hernán Dompé, de Capital Federal, por su obra "Totem". Los premios se entregaron ante una multitud y en un clima de fiesta.

Si bien el concurso en sus orígenes comenzó con un carácter local y nacional, lentamente pasó al ámbito internacional.

Su denominación cambió a lo largo de los años, de acuerdo con las características del momento: Concurso Nacional de Escultura en Madera (seis ediciones: 1988-993), Concurso Internacional de Escultura en Madera (dos ediciones 1991-1994), Trienal Nacional de Escultura en Madera (1995), Trienal Americana de Escultura (1996), Concurso Milenio (1999) y finalmente Bienal Internacional de Esculturas desde 1998.

Sin embargo, desde 1996 se permitió el uso de otros materiales, como el mármol travertino y distintos metales. Para la edición 2006, se cambió el escenario y se realizó en el Paseo Costanero, junto al Domo del Centenario, a orillas del río Negro, donde funciona también el Museo de las Esculturas.

¿Cumplió su sueño? Claro, lo vemos en cada edición, en cada escultura de la ciudad, en cada nuevo artista que crea.

Su casa para el patrimonio cultural de Resistencia

Si hablamos del legado que dejó Fabriciano, tenemos que hacer referencia a su gran Casa Museo -ubicada en Julio A. Roca 1741-. Porque él era eso, construía su vida con base en qué podía aportar a la ciudad.

Una caravana recibió a Humberto, Fabriciano y Walter cuando regresaron a Resistencia, luego de su consagración en Noruega.

En el año 2017 se inauguró la Casa Museo Fabriciano, la cual se encuentra instalada en la casa familiar del artista, que perteneció a sus padres, Dora y Emelino Gómez, desde que se asentaron en Villa Seitor en la década de 1930. Allí mismo nació y se crio el escultor, junto con sus cinco hermanos.

Se pueden apreciar algunos trabajos. Desde dibujos y bocetos elaborados en la Academia de Bellas Artes hasta otros hechos en el viejo continente. Hay además certificados y diplomas de los muchos cursos realizados por el artista.

También se distribuyen varias obras escultóricas de diferentes materiales: mármol, bronce y madera. Y se exhiben los afiches de los concursos, maquetas en diversos materiales de las obras realizadas en nieve, la indumentaria y herramientas utilizadas durante los mismos.

En su conjunto, la "Casa Museo Fabriciano" ofrece un recorrido importante, que no puede faltar en la agenda de quienes deseen conocer y disfrutar la cultura chaqueña y sus máximos representantes.

Saber que su vida fue dedicada a generar cultura corona su máximo propósito en la vida.

Fabriciano vivirá por siempre en los resistencianos, en las esculturas y en el corazón de todos.

Sembró arte, cosechó cultura

Fue profeta en su tierra, la sociedad lo reconoce, lo valora en la calle. Prueba de ello son los honores, reconocimientos y títulos, de vecino ejemplar, ciudadano ilustre. Pero de todos, tal vez motivo de orgullo mayor: una escuela que lleva su nombre por elección de los alumnos. Maestro sabio y aprendiz dócil. Hombre de fe. La humildad como estandarte, su trabajo una mística; insobornable el amor a su tierra. "El centro de la tierra es donde está uno, a nuestros pies".

En todas las charlas, entrevistas, encuentros y demás excusas para poder conocer más a la persona detrás del escultor, nunca fue una pregunta guía el saber quién es Fabriciano para Fabriciano. Sin embargo, en la última entrevista con NORTE pudimos consultarle. Y después de un silencio, su respuesta fue: "Un buen tipo". Y ciertamente así fue él, un hombre humilde, bueno y generoso.

"Muralla"

La obra Muralla fue la última, de gran escala, que realizó Fabriciano. Está emplazada en la entrada del Aeropuerto de Resistencia. Muralla tiene un poco más de doce metros de alto. En esta relación del tamaño uno siente que la obra te abraza.

“Muralla” es la última escultura, de gran escala, que hizo Fabriciano. Hoy se encuentra emplazada en la entrada del Aeropuerto de Resistencia.

Esta obra es parecida, similar, a una con la que había ganado la medalla de plata en los Juegos Olímpicos en Francia, con Humberto Gómez Lollo y Jorge Gamarra. Era una obra de más de cinco metros hecha en nieve.

"Tengo esa maqueta en casa. Hace unos meses estaba limpiando o haciendo algo y la vi entre otras maquetas", había dicho Fabriciano en una nota a NORTE.

"En esta escultura puede verse a dos personas que tienen una pared en el medio que los divide. Se puede ver una forma, un costado, una obra que entra en diálogo con lo que estamos viviendo hoy en este tiempo 2020. Desde hace seis o siete meses pienso que hay que hacer algo con esto que está sucediendo en nuestra ciudad y en el planeta. Así se fueron tejiendo las cosas, de la maqueta tomé las dos figuras y las fui transformando", resaltaba.