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Los Boliches de Resistencia en los `60 y `70 

Los dos primeros que conocí fueron La "Bottiglia", del Tano Bonamico y Julián Esnal. El otro fue el "Cariló", del Negro Corgneali, en Villa Río Negro.

De "La Bottiglia", en Sarmiento y Córdoba, se haría cargo más tarde Eddie Rouss. Tenía una barra diseñada por el arquitecto "Caio" Andrade, hecha con botellas de ginebra Llave (una de las bebidas blancas más tomadas de la época). Más tarde se llamó "Garrote". El "Cariló", del Negro Corgneali, luego fue transformado en cabaret.

Yo no los conocí, pero antes existieron otros como "Intermezzo", de Alberto Danuzo, en Juan B. Justo al 350. "El Torrente", en Ameghino y San Martin, y el más popular "El Gungadin", del Negro Bria, en Av. 25 de Mayo y calle 10.

El más famoso, que quedó en el recuerdo de todos, fue "Revolución 0", de Wilson Gamundi, y más tarde de Emilio Camors, en Rioja al 40, detrás del Círculo de Armas. 

Lo que lo hacía más atractivo era la espectacular piscina del jagüel, donde los habitué terminaban en la pileta en las acaloradas y alicoradas noches de verano. El disc jockey en un principio era el "Víbora" Aguilar y después tomó la posta "Melena", a mi criterio el mejor de todos (se fue a vivir a Buenos Aires, a seguir poniendo música en uno de los boliches más afamados, Portezuelo, en Recoleta). 

El boliche cambió de formas y hasta se dividió con un muro, cuando al lado se abrió "Sir Jonas Crawfor", del Gordo Vargas y Titín Benítez, que se llevó la mejor parte, la pileta. Pasó por unos años a ser el boliche de moda.

Otro de los que hizo furor en la época fue "Teorema", de Adam Pedrini y Emilio Pitin Mainardi (gran corredor de F3 argentina monoplaza), ubicado en la esquina de 25 de mayo y Donovan, frente a la mejor pizzería que tuvo Resistencia, Los Picapiedras, de la familia Gurgone. El disc jockey era el muy querido Fernando Facha Pedrini (maestro de Melena), y el mozo más representativo era Hugo Cossio, que también trabajó muchos años en La Biela.

Fue el primer boliche con desniveles, y otra de las particularidades era que abría desde la mañana y funcionaba como bar. Cuando llovía, la pista de baile se transformaba en pileta, ya que era el desnivel más bajo (esa esquina con lluvia, como tantas de Resistencia, recuerdan a Venecia pero sin la plaza de San Marcos).

Dos boliches de los años `70 fueron "Castejón" (de Cucher y Vargas) y "Mataró" (más tarde "María Castaña" y "Kartuz") en Güemes 240, uno frente al otro. Pasaba discos otro grande, Carlitos Zotelo (traía la fama de haber trabajado en Keops, de Carlos Paz), secundado por los artistas plásticos Taqui Sánchez y Panchi Ferreira. 

Sobre la pista había un puente para pasar al otro lado. En una oportunidad actuaron los legendarios Plateros, con su famoso "Only you". Otra de las que cantó allí fue Silvana di Lorenzo: la anécdota fue que se cortó la luz y ella siguió el espectáculo cantando a capela, a la luz de un sol de noche, exhibiendo su gran profesionalismo y su excelente voz.

Tótem -más tarde Briket-, de Rolfi Fitz Maurice, estaba frente a la Fiat, por Julio a Roca al 450, típico boliche intimista, o mejor dicho de "trampa". Ya en otro nivel estaba Casablanca, por Av. 9 de Julio al 2000: era una casa transformada en boliche, de "Lucho" Ayala, que al tiempo armó otro a unos metros, ya con formas de boliche, que se llamó Jaki`O.

En el mismo nivel y con las mismas características, pero con mejor ambientación, estaba Otelo, de los Pablo, en Montegudo y Av. Paraguay. Noches de lujuria, mezcladas con Sodoma y Gomorra y mujeres simbiosis de diosa y pantera eran sus características.

En los años `80 un boliche que hizo historia fue Life, de Titín Benítez, Wilson Gamundi e Ismael Rojo Guiñazú (al poco tiempo quedó como único dueño Ismael), donde se encontraba el bar Belén. El estilo fue totalmente distinto a sus antecesores y con muy buen gusto: tenía una mezcla de bar y boliche que lo hacía más ameno. Contaba como novedad con dos mesas de pool –el juego se había puesto de moda-, a la entrada; en todo el frente, la barra y la confitería propiamente dichas, y a la izquierda la pista de baile, que después de un café, unos whiskys y varios brindis, pasaba a ser un lugar de desenfreno.

Al lado de Life estaba Catalina, de también de Benítez, un bar al estilo de Titín, hecho con pocos recursos y mucho ingenio. Lo más característico fueron los asientos de fardos de alfalfa. Muchos boliches más faltan en esta descripción.