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Manuel G. García Solá

Columnista

Frente al empate hegemónico frustrante, la integración nacional

El vicerrector de la Universidad del Chaco Austral reflexiona en este artículo para NORTE sobre la manera en que la manera de entender la puja política frustra las posibilidades de una sociedad con crecimiento y desarrollo.

La decisión del Consejo Superior de la Universidad Nacional del Chaco Austral de laurear con el Doctorado Honoris Causa a los ex Presidentes Eduardo Duhalde, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri (aclaro que los menciono en orden cronológico de ejercicio de la primera magistratura para que no se piense que contradigo la hipótesis central de estas reflexiones) desató, una vez más, todas las pasiones, amores, odios e iras que anclan a nuestro país en su consuetudinario subdesarrollo. Y me ha servido para volver a reflexionar sobre mi propia historia ideológica, intelectual, social y política, forjada en la metodología de análisis dialéctica que me inculcara, en la juventud, Rogelio Frigerio (a).

Por el solo hecho de que nuestra Universidad fuera el ámbito académico que galardonara por igual a las expresiones políticas e ideológicas que, agregadas, han expresado electoralmente en los últimos 30 años a más del 80 % de la sociedad argentina; tanto la institución, como su rector y su vicerrector, fuimos sometidos a una despiadada campaña de acusaciones, difamaciones, intento de sanciones, etcétera, etcétera. 

Entendimos que la saña de los menosprecios y la desmesura de los elogios, no eran otra cosa que la expresión de lo que el sociólogo y periodista Fernando Rosso acaba de calificar -tomando las categorías gramscianas de Hegemonía y, actualizando al Siglo XXI las ideas de fines del anterior, expuestas por Guillermo O’Donell y Juan Carlos Portantiero para caracterizar a la sociedad argentina- como la "Hegemonía Imposible", en un libro de recomendable lectura.

En la experiencia personal de mi ya larga vida pública, en diversos ámbitos, siempre me sorprendió el nivel de intolerancia que mis distintos campos de actuación generaban en los otros. Por ejemplo, mi público encolumnamiento en el peronismo luego de la convocatoria que me hiciera en los ’90 el doctor Carlos Menem, durante muchos años me generó un larvado rechazo por parte del gremialismo ganadero en el que, en 1993, había sido uno de los principales líderes del ruralismo confederado. 

Simultáneamente, importantes sectores del peronismo, que el riojano lideró por casi tres lustros, en el que milité y por el que ejercí la función pública en el área educativa, científica y tecnológica, utilizaron mi condición de productor ganadero para imputarme una "condición oligárquica" que, para algunos dirigentes, supuestamente era incompatible con la pertenencia al movimiento fundado por Perón. 

Recuerdo el discurso de un destacado dirigente histórico del peronismo chaqueño, que dijo que era capaz de tomar aceite de ricino antes que votar a un oligarca como García Solá. Quizás olvidaba que él mismo era productor agropecuario. 

Por lo que se ve, esto de la utilización de los "pares opuestos" o de la utilización de la grieta para la capitalización de uno de los polos, intentando destruir al otro, no es nuevo. Y es la causa del Empate Hegemónico que ha tornado inviable el desarrollo de la sociedad argentina: o se está de un lado de la polarización o se está del otro. La integración no figura en el índice del Manual de la Sociedad Argentina, y las clases dirigentes, si quieren subsistir, deben aplicar las lecciones del manual so pena de estar condenadas al exilio.

Siempre recuerdo, en ese sentido, cuando, en el año 2003 visité al Cardenal Bergoglio, y ante mi confesión de que dejaría la vida política, me respondió: "Haga su exilio, Manuel, rece, reflexione, porque cuando regrese, será más misericordioso y más útil a la integración de la sociedad argentina". 

Militar por el "encuentro" entre los argentinos -que fue mi manera de regresar-, entre los trabajadores y los empresarios, entre productores agropecuarios e industriales, entre peronistas, radicales y autotitulados liberales, entre católicos, judíos, evangelistas, islámicos, hinduistas; en fin, entre unos y otros, es el desafío que nos propusimos en la Cátedra Libre de la UNCAUS, que lleva ese nombre y que dirige ese genuino ecumenista que es el Padre Rafael del Blanco. Y de esa Cátedra surgió la iniciativa de abrir la academia a los tres ex mandatarios constitucionales. Pero los polarizados, los constructores del empate hegemónico, los responsables del subdesarrollo, lo quisieron impedir. No lo lograron, ni lo lograrán. Jesús enseñó a sus apóstoles que ante el agravio debían poner la otra mejilla. Así fundó la civilización del amor. Y ése es el camino que elegí para volver del exilio. 

La sociedad argentina viene probando desde hace más de 200 años con el mismo modelo de exterminio del otro para imponer los intereses, las visiones, la ideología, la cultura de unos. ¿Ya no es suficiente con la cantidad de hermanas y hermanos que quedan excluidos por los sucesivos modelos que cíclicamente unos y otros intentan imponer a todos? ¿No podríamos probar con la integración de unos y otros y dejar de endiosar a los polos de la paridad hegemónica, para que la hegemonía sea la de todas las clases y sectores sociales, la de todas las regiones, la de todas las culturas?

(*) Vicerrector de UNCAUS y Director de la SRA por Chaco y Formosa. Ex Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación y del Chaco. Ex Presidente y Fundador de la Bolsa de Comercio del Chaco, ex Vicepresidente 1° de CRA.