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Sergio Schneider

Columnista

Proyectos y dilemas en el radicalismo

El manual de la política sostiene que una fuerza opositora dispone de dos grandes caminos para recorrer cuando tiene por delante la posibilidad de acceder al poder.

Si quienes está en el gobierno llevan adelante una gestión con altos niveles de aprobación, la estrategia debería ser relativizar los logros oficiales y generar la idea de que las cosas podrían hacerse mucho mejor.

Si el oficialismo está cuestionado y suma yerros en su manera de administrar el Estado, la misión será acentuar el descrédito y presentarse como la llave de cambio.

Esas recetas ya no son aplicables en la realidad argentina actual, al menos no con un rigor matemático. Porque lo que hay no es un descontento más o menos clásico con las maneras de gestionar y con los resultados obtenidos, sino un denso hartazgo colectivo hacia la clase política en general. Las encuestas lo reflejan sin excepciones. El desencanto es con el sistema, ya no solo con determinados actores. Los sondeos son liderados no por los más aceptados, sino por los menos rechazados.

Ese contexto insoslayable es el que más desafía a los partidos de oposición a la hora de ilusionarse con ganar las elecciones de 2023, tanto en el orden nacional como en el Chaco.

Sin un liderazgo nítido

En el caso del radicalismo, el dilema se combina con un panorama interno dominado por la fragmentación. Desde la derrota de Ángel Rozas en 2007, cuando su sueño de un tercer mandato como gobernador murió por el puñado de votos de diferencia con que lo venció Jorge Capitanich, la UCR provincial no volvió a tener un líder indiscutido.

El exgobernador maneja Convergencia Social, su línea interna, y sigue siendo un interlocutor insoslayable de la vida radical. El año pasado fue el cerebro de casi todo el armado electoral de su partido. Como se recordará, Juntos por el Cambio sacó en las primarias provinciales diez puntos porcentuales más que el Frente de Todos, pero la coalición de Jorge Capitanich logró una remontada descomunal en los comicios generales.

El radicalismo quiere aprender de aquel partido que ganaba por goleada y que acabó sufriendo con bronca y caras largas en los vestuarios. Pero hay por delante un rompecabezas dificilísimo de armar. Son las diferencias internas que se combinan con la falta de recursos y con el hecho de que casi todo el Estado es territorio ajeno. El gobierno nacional está en manos del peronismo, también el gobierno provincial, y apenas 15 de los 69 municipios chaqueños están manejados por intendentes radicales.

La cuestión de las intendencias es muy relevante: 2021 lo hizo extremadamente visible. Los jefes comunales del PJ jugaron a media máquina en las PASO, un poco por comodidad y otro poco por considerar que Capitanich no les prestaba suficiente atención, y allí se produjo la rotunda victoria de los radicales y sus aliados. Cuando el gobernador les pegó un sacudón, la historia cambió y los números se revirtieron.

Hubo un derramamiento impresionante de recursos públicos en esa segunda campaña, un maridaje aceitado entre necesidades electorales y programas sociales, más una logística implacable el día de los comicios generales, pero todo eso no hubiera funcionado del modo en que lo hizo si los intendentes no hubieran custodiado los engranajes personalmente.

En 2023 eso será todavía más intenso, no solo porque será la madre de todas las batallas -ya que estarán en juego la presidencia de la nación, las gobernaciones y todos los cargos legislativos, excepto dos tercios de las senadurías nacionales-, sino porque se disputarán las intendencias y concejalías, que quedaron al margen en 2021.

Casi todos los caciques de las localidades irán por sus reelecciones o delegarán la batalla en algún delfín propio. Y si una regla de oro veneran es que es preferible perder un pulmón antes que el territorio político de base.

Cinco precandidatos

El radicalismo, hasta ahora, anota cinco precandidatos a la gobernación. Tres son de Convergencia: Víctor Zimmermann, Juan Carlos Polini y Carim Peche. Los dos restantes: Leandro Zdero, de su agrupación Sumar, y Gerardo Cipolini, de Evolución Chaco.

Zdero parecía el candidato "natural" luego de las PASO del ’21, por el batacazo en esas elecciones y por haber sido el candidato más visible del partido en la campaña, donde encabezó la lista de aspirantes a la Legislatura provincial. Pero el revés en las generales diluyó el efecto. Además, dejó el hogar paterno hace tiempo: ya no pertenece a la escudería de Rozas, a cuya sombra llegó, muy joven, a la escena grande de la política.

En ese aspecto, el gran desafío para el diputado es demostrar que puede construir un liderazgo nuevo. Algo así como eso de "matar al padre" de que habla el psicoanálisis. Ángel Rozas lo hizo en 1994, cuando se animó a enfrentar a su mentor, Luis León, hasta allí dueño de la UCR local. El grandulón de Pinedo le ganó la interna al Movimiento de Afirmación Yrigoyenista, la lista de León, y con eso ganó un envión clave para que un año después sorprendiera a todos al ganar la gobernación.

Ahora Zdero se encuentra ante opciones parecidas: jugarse entero por su candidatura y combatir contra el patriarca, negociar con él su nominación o archivar la idea. Podría bajarse, su mandato parlamentario concluye en diciembre de 2025 y le da tiempo para recalcular la continuidad de su carrera política. Sin embargo, parece decidido a subir al ring.

La semana pasada, en Alerta Urbana, el programa de Gustavo Olivello en FM Gualamba, el conductor entrevistó a Polini y le preguntó si llegado el caso consideraría llevar a Zdero como compañero de fórmula, eventual resultado de un acuerdo entre Convergencia y Sumar. La respuesta fue tajante: "No". Y agregó que sí le gustaría verlo como candidato a intendente en Resistencia. Zdero, en el mismo espacio radial, cantó quiero retruco: dijo que ya descartó la idea de volver a disputar la capital, ratificando que lo que quiere es lidiar por la gobernación.

Mar picado

Resta, claro, ver qué precandidaturas quedan en pie. Convergencia, de sus tres aspirantes actuales, deberá bajar a dos. La metodología acordada a medias será medir mediante una encuesta, hacia agosto o septiembre, cómo está cada uno. Fue la manera en que se dirimió en 2019 la pulseada entre Zimmermann y Peche. El sondeo favoreció esa vez, por escaso margen, al saenzpeñense, y fue el candidato que Capitanich derrotó luego con amplitud. Es una metodología falible, pero de momento es la que piensa aplicar Rozas.

Por otro lado, no todas las postulaciones deben tomarse literalmente. Algunas podrían estar planteadas más para ganar espacios nuevos, o no perder los actuales, que para lo que se dice a los medios. Pocos creen, por ejemplo, que Peche y Cipolini realmente pretendan quedarse con el papel principal. En el caso del segundo, podría tratarse de una manera de abrir una negociación con Convergencia para garantizarse su reelección como diputado nacional y asegurar la posibilidad de que su hijo pelee la renovación de su mandato como intendente de Sáenz Peña. Es decir que, si eso es así, la pelea de fondo sería entre Zimmermann o Polini, por Convergencia, y Zdero.

El otro gran tema son las candidaturas municipales. Sin buenas cartas en las ciudades, la gobernación quedará más lejos. Y esa necesidad es particularmente grande en Resistencia. Sin Zdero para ese casillero, al radicalismo le urgirá hallar una alternativa que entusiasme. No las hay a la vista. Aída Ayala estaría diciendo que quiere jugar su regreso al gobierno comunal, pero su estructura se debilitó y los procesos judiciales que la involucran la desgastaron.

El concejal Carlos Salom, de Encuentro Cívico, viene haciendo rodar su propuesta. Es un hombre íntegro, que en su momento renunció al gabinete de Ayala porque se encontró sin respaldo para combatir focos de corrupción. Su punto débil es el escaso nivel de conocimiento que por ahora tiene entre el electorado, aunque eso a la vez lo coloca en un rango bajo de imagen negativa.

En el orden provincial, prácticamente no hay una figura radical en carrera que pueda mostrar la etiqueta mágica de ser conocida en toda la geografía del Chaco por el ciudadano común y a la vez despertar una buena opinión. Quien mide bien en el Gran Resistencia no lo consigue tanto en el interior, y viceversa. Por eso ahora los más activos se muestran en las zonas menos favorables, tratando de limar sus carencias.

El barco, además, se mueve todo el tiempo, sacudido por el oleaje de una crisis sofocante. Nadie sabe con certeza a qué sociedad habrá que hablarle el año que viene. Uno de los hombres en pugna, en off, analizaba ayer: "La clave es generar esperanza en la gente, ¿pero cómo hacés hoy para provocar esperanza?".