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Una de cada tres jóvenes argentinas padece de atracones, bulimia o anorexia

Una de cada tres mujeres jóvenes  argentinas padece trastornos alimentarios, entre los que se  destacan el atracón, la anorexia y bulimia nerviosa, según  especificó la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y esta cifra  representa un 50% más que los datos que arrojó un estudio llevado  a cabo en 2001.

  Este jueves se conmemora el Día Mundial de Acción frente a los  Trastornos de la Conducta Alimentaria para concientizar a la  población acerca de la prevención o detección temprana de esta  problemática.

   Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) constituyen un  conjunto de desórdenes con una amplia diversidad de  presentaciones.  

 ‘De manera sencilla, son todas aquellas manifestaciones  problemáticas con el objeto-comida, que impactan negativamente  sobre la salud, la nutrición y las capacidades psicosociales de la  persona‘, afirmó Leticia Barcellini, miembro del Consejo Directivo  del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires.

   Cada uno de estos trastornos tiene sus características propias,  pero comparten algunos elementos básicos en común que los definen  como tal y son muy importantes a tener en cuenta para poder  detectar de manera precoz algún caso. 

   Éstos son: preocupación excesiva por el peso y la figura;  distorsión de la imagen corporal; y prácticas reiteradas de  control del peso, a través de dietas, ejercicio físico exagerado y  desórdenes en rutinas alimentarias, entre otros.

   Si bien los trastornos de la conducta alimentaria afectan a  personas de cualquier género, edad, raza, orientación sexual y  nivel socioeconómico, estadísticamente son más frecuentes en  mujeres adolescentes. 

   Ante esta situación, es necesario evitar la estigmatización y  juicios sociales que rodean a este tipo de enfermedades, cuyo  tratamiento requiere de un trabajo interdisciplinario.
   En ese sentido, Barcellini sostuvo: ‘Es muy importante destacar  que estos trastornos no se curan comiendo con fuerza de  voluntad, son presentaciones de difícil manejo, requieren  diagnóstico y tratamiento profesional‘. 

   ‘Resulta indispensable el abordaje integral y un tratamiento  interdisciplinario que contemple más allá de la evaluación  diagnóstica, la singularidad de cada caso. El rol de los  profesionales de la Nutrición como integrantes del equipo de  trabajo es clave a la hora de poder ir acompañando los cambios  alimentarios‘, añadió.

   Además dijo: ‘Se trabaja desde la educación alimentaria tanto  con los pacientes como con su familia. Es frecuente encontrarse  que tienen mucha información, a veces correcta y a veces  equivocada, sobre alimentación y nutrición. Fomentar un espacio de  confianza donde se pueda hablar de la comida, para eliminar  creencias, mitos, rituales patológicos, es importante para la  recuperación‘.

   ‘Aunque la ganancia de peso es importante, no es el único  indicador que se utiliza para medir avances del tratamiento. Es  indispensable evaluar si ha podido desarrollar un patrón de  alimentación relajado y espontáneo, libre de obsesiones y  restricciones. Este es un proceso complejo, pero que con trabajo  mutuo puede suceder‘, explicó la nutricionista.

   En tanto, padres, docentes, familiares y amigos son  fundamentales para la detección temprana del problema pero también  para el acompañamiento posterior. 

   De esta manera, informarse con responsabilidad es  imprescindible para romper el estigma y tabú que existe alrededor  de este tema, ya que, un diagnóstico y tratamiento precoz mejoran  notablemente la evolución y disminuyen las complicaciones y  secuelas asociadas.