Pensar un Chaco nuevo
Cuando miro al mundo desde mi óptica de chaqueño me siento, a veces, como una hormiga parada sobre la rueda de un tractor: sé que allí hay algo grande, pero no consigo comprender bien qué es. Como el tractor se mueve, también percibo que algo pasa. Tal vez no sea el único que haya experimentado esta desconcertante sensación y, si es así, es mejor que hagamos algo pronto, pues en algún momento llegaremos al suelo y el tractor nos pasará por encima.
Este es un año par, o sea sin elecciones, y es una excelente oportunidad para poder pensar sobre nuestro Chaco con una mirada grande y lejos, antes que la urgencia electoral nos lleve al terreno estéril de las disputas partidarias por candidaturas.
ANIMARSE A CRECER
Alguien dijo una vez que para realizar cualquier transformación son imprescindibles ideas y poder. Las ideas sin poder generan utopías; mientras que el poder sin ideas, tiranías. El poder se consigue desde la política, mientras que las ideas se generan a partir de la investigación y el estudio. ¿Por qué los políticos no tienen la suficiente permeabilidad a las ideas generadas en nuestros ambientes académicos y científicos?
Sin embargo, solo con ideas y poder la ecuación del cambio transformador no estará completa. A ella hay que agregarle un tercer elemento: el liderazgo, es decir el poder basado en la ejemplaridad, la idoneidad y la responsabilidad.
Un estudio que contaba con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) indicaba que "en un país crecientemente polarizado en términos económicos y sociales, la participación política de la gente es muchas veces una manera de conseguir trabajo", es decir un empleo en el Estado.
Está demostrado que por cada empleo público se puede generar más de un empleo en el sector privado. Pero para resolver el déficit del Estado no es una solución despedir a sus empleados. Es mucho más efectivo crear condiciones que incentiven a las empresas a contratar mano de obra en vez de penalizarlas, como ocurre en la actualidad. Estas condiciones no se refieren solo a disponer de una legislación adecuada, sino a parar con eso de cambiar las reglas del juego a cada rato, como es costumbre en nuestro país.
Programas de desendeudamiento para pymes, financiamiento razonable y accesible para sus iniciativas, reducciones de las cargas impositivas han demostrado, en los lugares donde se aplicaron, ser palancas de desarrollo potentes y eficaces. Estoy hablando de incentivos, pero con la convicción de la imperiosa necesidad de alinear esos incentivos con objetivos políticos.
PONER MANOS A LA OBRA
¿Por qué como sociedad no conseguimos tener una visión sarmientina de un porvenir que verdaderamente entusiasme, con más oportunidades para todos?
¿Es posible edificar una casa sin planos, pensando solo en el próximo ladrillo que debemos colocar? Así como una casa es mucho más que una suma de ladrillos, un futuro que valga la pena ser vivido es mucho más que una suma de situaciones coyunturales. Parecería que la democracia, que tanto dolor y sangre nos costó conseguir, se ha olvidado del pasado y del futuro, y es puro presente.
Para discutir políticas de largo plazo es necesario pensar bien y actuar mejor, con gran responsabilidad ciudadana. Solamente si hacemos el esfuerzo de analizar y evaluar críticamente nuestra realidad y el contexto regional y mundial en que ella se desarrolla podremos encarar con buenas probabilidades de éxito la difícil tarea de reinventarnos como sociedad, con objetivos comunes a todos sus integrantes, sin marginados ni excluidos, y abandonar para siempre esta cruel situación de indicadores socioeconómicos tan bajos, que son fruto, tal vez, del actual vacío de propuestas.
Calificar los hechos que nos agobian como cosas que ocurren por obra del destino es reconocer y aceptar nuestra incapacidad de anticiparlos, evitarlos o manejarlos. Hay que esperar lo mejor, pero, al mismo tiempo, estar preparados por si ocurriese lo peor. El futuro se diluye para los que solo piensan en lo inmediato. Para ellos todo lo futuro se ve como amenazadoramente dinámico y aleatoriamente peligroso; desearían vivir un eterno presente, estático.
El tema de la confianza es un tema central: uno no hace lo que debe; el otro no espera que uno haga lo que debe, entonces él tampoco lo hace… La desconfianza consagra el círculo vicioso de la mediocridad y del subdesarrollo. Pero que nadie se engañe, confianza no quiere decir fe ciega, ni ilusión; confiar significa tener la convicción de que el otro hará lo que debe hacer y lo hará bien. Por eso, el tema de la confianza es en el fondo un problema ético.
Como ciudadanos debemos aprender a presentar nuestros reclamos de forma más contundente, con más persistencia, sobre los temas que son realmente importantes para nuestro presente y nuestro futuro.
La elaboración de una agenda pública es de imperiosa necesidad, que debe convocar a todos, empleados y empresario, agricultores e industriales, operarios y profesionales, a todos… Porque la realidad, como la lluvia, es algo que nos moja a todos.
Sinceramente, así lo creo.
(El autor es doctor en Ingeniería, profesor de la Universidad Nacional del Nordeste).
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