Francia: Macron volvió a derrotar a Le Pen y será presidente cinco años más
La abstención alcanzó al 27%, la más alta desde 1969, evidencia el desinterés de gran parte del electorado y el rechazo de otra parte a elegir entre los dos finalistas. El primer desafío del nuevo mandato de Macron será recomponer un país cuyas divisiones profundas se han expresado en estas elecciones.

"El voto de este día nos obliga a considerar todas las dificultades y las vidas vividas, y responder con eficacia a las cóleras que se han expresado", declaró el presidente. Macron, de 44 años, ha eludido el habitual castigo al jefe de Estado en las elecciones francesas. Es el primer presidente de la República reelegido desde que en 2002 se abrevió el mandato de siete a cinco años. Desde la primera elección del cargo por sufragio universal en 1965, solo François Mitterrand y Jacques Chirac han tenido un doble mandato electo.
Le Pen, de 53 años, ha perdido con nitidez, pero ha dado un salto adelante respecto a los resultados de 2017, cuando sacó un 34% de votos frente al 66% de Macron. Esta vez puede exhibir el mejor resultado histórico para el sector que lidera.
Macron, visto habitualmente como arrogante y despreciativo, hizo un ejercicio de humildad en un discurso breve y solemne ante la Torre Eiffel para celebrar su triunfo. Dio las gracias a los ciudadanos de izquierda que, aunque contrarios a su proyecto, votaron por él para evitar la victoria de la extrema derecha: "Su voto me obliga para los años venideros".
También se dirigió a quienes se abstuvieron: "Su silencio ha significado un rechazo a elegir al cual debemos responder". Y para los votantes de su rival: "Sé que para muchos compatriotas que han elegido a la extrema derecha, la cólera y los desacuerdos que les han llevado a votar por este proyecto deben encontrar respuesta".
Le Pen, minutos después de conocerse las primeras estimaciones, declaró que "El resultado de esta noche representa por sí mismo una victoria esplendorosa. Millones de compatriotas han elegido el campo nacional", se felicitó.
Veinte años después de que el fundador del partido ultraderechista Jean-Marie Le Pen alcanzase por primera vez la segunda vuelta ante el entonces presidente, Jacques Chirac, su hija avanzó en la transformación de la extrema derecha en una opción "aceptable" para casi la mitad de los votantes: dejó de asustar a muchos franceses, aunque no a todos.
El éxito de Macron es considerable, teniendo en cuenta que termina un quinquenio marcado por la revuelta de los chalecos amarillos, la pandemia y la guerra de Ucrania, y en un país donde el las posturas antisistema están en sus máximos históricos. Con el nuevo quinquenio, y salvo accidente imprevisible, Macron habrá gobernado Francia durante una década, tiempo suficiente para dejar su huella en el país y en la Unión Europea.

El actual jefe de Estado, que cuenta con una base sólida de casi un tercio del electorado, ha resultado para la mayoría más fiable a la hora de gestionar el país en un mundo en crisis. También consiguió buena parte del apoyo de votantes de izquierdas en la primera vuelta del 10 de abril, que le han cedido su voto, pero no por convicción.
El éxito de Macron no es completo: ha obtenido mucho menos que el 66% de hace cinco años. La extrema derecha y otras fuerzas que desafían al sistema salen reforzadas, y el hundimiento de la derecha tradicional de Los Republicanos y del Partido Socialista deja a Francia sin alternativa moderada.
La alta abstención revela la desconexión de una parte de los ciudadanos con el proceso electoral. Pero también demuestra las dificultades crecientes del presidente para movilizar a los votantes contra Le Pen. El frente republicano ―la unión de izquierdas y derechas contra la extrema derecha― se tambalea. Hay antilepenistas que se han quedado en casa porque se negaban a apoyar a Macron.
La derrota de Le Pen no tiene nada de dulce. Suponía que podría perder, pero no por tanto. En su tercer intento para ser presidenta, el resultado muestra que, aunque estuvo cerca, sigue fracasando en el objetivo de conquistar la presidencia.
En el campo ideológico que va de la derecha dura a la extrema derecha, se abre una batalla de resultado incierto. No está claro si Le Pen seguirá, o si la dejarán seguir, ni siquiera como dirigente de su partido, el Reagrupamiento Nacional (RN), ligado al clan familiar. Ni quién, si Le Pen u otros dirigentes que buscan la reunificación de todas las derechas nacionalistas, dirigirá en el futuro el movimiento.
En el discurso tras la derrota, Le Pen prometió: "Seguiré con mi compromiso con Francia y los franceses con la energía, la perseverancia y el afecto que ya conocéis." En Francia empiezan ahora los preparativos para las elecciones legislativas del 12 y el 19 de junio, en las que Macron tratará de revalidar su mayoría en los 577 escaños de la Asamblea Nacional. Bajo qué forma, está por verse.
Ahora gobierna con una mayoría de 269 diputados de su partido, La República en marcha, del centrista MoDem y de otros pequeños partidos. La incógnita es si buscará crear un nuevo gran movimiento que abarque desde la izquierda socialdemócrata a la derecha moderada, un partido macronista, o si optará por una gran coalición de partidos más pequeños. La otra incógnita es qué hará la extrema derecha ante las legislativas. ¿Se presentará el RN junto al partido de Éric Zemmour, el tertuliano ultra que quedó con un 7% en la primera vuelta de las presidenciales? ¿Se sumará a ellos el ala derecha de Los Republicanos? "El bloque nacional debe unirse", declaró Zemmour. "Construyamos la primera coalición de las derechas y los patriotas".
Al otro lado del espectro político, Jean-Luc Mélenchon, líder de la izquierda populista y tercero en la primera vuelta de las presidenciales, ha declarado que aspira a unir a la izquierda bajo su tutela y obtener una mayoría en las legislativas que obligue a Macron a nombrarle primer ministro y gobernar con él en cohabitación. "La derrota de Le Pen es una noticia muy buena para la unidad de nuestro pueblo", dijo Mélenchon, cuyos votantes han contribuido a la victoria de Macron apostando por el presidente para frenar a Le Pen. Y añadió: "El señor Macron es el presidente peor elegido de la V República. Su monarquía presidencial sobrevive por defecto y bajo la coacción de una elección sesgada. Nada en un mar de abstención, de votos blancos y nulos".
El Partido Socialista y Los Republicanos confían en que su sólido anclaje local les permita ganar un número aceptable de diputados, pese a que sus respectivas candidatas a la presidencia no llegaron al 5% en la primera vuelta. Después de la sacudida de las presidenciales, las legislativas definirán el paisaje político de los próximos años y marcarán el terreno de juego de Macron.
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