Desafíos impostergables que tiene el Norte Grande
La Argentina siempre ha sido un país contradictorio. Las políticas que se vinieron aplicando no han dejado de pensar en conservar el clientelismo político y han literalmente sometido a millones de argentinos a esperar -sin trabajar- la dádiva del Estado a través de los planes sociales y diferentes tipos de asistencias.

Don Luis Landriscina, acertadamente, indicaba que hay tres generaciones, en un gran sector argentino, que no saben lo que es el trabajo porque no trabajó el abuelo, ni el padre ni él. Y agregaba otra observación más: ‘Tampoco se les habló de la dignidad del trabajo... Hay gente que tiene dignidad, pero con vergüenza tiene que aceptar un plan porque no encuentra trabajo‘.
Triste realidad argentina, pero a la vez, un dato concreto que debería servir para que la sociedad y con el fuerte impulso que le da el sector privado, junto a algunos gobernantes que coincidan con este planteo, puede emprender nuevos desafíos.
En este marco, las provincias del norte argentino, cada cual con su idiosincrasia, pueden aportar mucho para lograr este cambio de paradigmas que ayuden a aliviar el dolor argentino.
El pescar en la pecera, gravando cada vez más impuestos a los que trabajan legalmente, y librando a la economía marginal, son características que deben empezar a ser revertidas. Es que ya no queda mucho respaldo para seguir sosteniendo este tipo de política que alienta la ilegalidad, en un marco de asistencialismo. ‘Está todo dado vuelta... hasta los conceptos más elementales. El grado de confusión es preocupante, es una auténtica Torre de Babel‘, reflexionaba ayer un técnico de ésta ciudad cuando se hablaban del rol del Estado.
NO TODO ESTÁ PERDIDO, AL CONTRARIO
El norte argentino tiene una ubicación geográfica estratégica y potencial, tanto en biomasa y en industrias, como en sus aportes digitales. Hay una diversidad de producción primaria que enorgullece a las provincias, desde los cítricos, el algodón, la ganadería, las legumbres, la yerba mate, la madera, el té y otras producciones de materia prima. Pero le falta algo: mecanismos políticos perdurables para impulsar un cambio estructural.
El Norte Grande es considerado una región periférica. Aquí vive el 20,8 de la población argentina, es decir, unos 9,4 millones de personas. En la Argentina, sin dudarlo un instante, se necesita que se apoye a los que producen. No hay ninguna duda al respecto. Y qué buena oportunidad para el Norte Grande Argentino sea quien aplique medidas en tal sentido. Las tendencias globales en materia de desarrollo posicionan al Norte Grande en un lugar privilegiado.
Desde los organismos internacionales -como CEPAL, COSIPLAN, FONSPLATA o el BID- se fomentan las políticas de desarrollo local, descarbonización de la economía y revalorización del capital natural a través del conocimiento. Es muy alentador que los gobernadores del NGA hayan resuelto unificar criterios y proponer un país federal en la práctica. Pero para ello, el cambio debe empezar en cada provincia que la integra.
HAY INDICIOS MUY INTERESANTES
Una visión de lo que se intenta establecer en este nuevo desafío, lo sinteriza el gobernador chaqueño Jorge Capitanich, que apunto algunos temas como la necesidad de contar con ‘una red de capricornio para integrar fibra óptica entre el Atlántico y el Pacífico, potenciar los pasos fronterizos, desarrollar la hidrovía Paraná- Paraguay para el transporte pluvial y marítimo y lograr que el sistema ferroviario y vial estén perfectamente interconectados para sacar nuestra producción a precios competitivos.
Eso se llama logística integrada que incluye infraestructura y servicios. y que sale 30 mil millones de dólares para los próximos 15 o 20 años y - en este momento - se está invirtiendo para el Norte Grande 350 mil millones de pesos en obras de agua potable, cloacas, cerca de 3.500 millones de dólares. O sea, nos falta y mucho‘.










